lunes, 28 de julio de 2014

SI YO MANEJO TÚ TE CALLAS

Si hay algo escalofriante y cero epicúreo en esta vida, es ser el piloto de un hombre.
Es decir, que sea una quien le maneje al marido en un momento específico de la vida, por una situación atemporal que no teníamos  contemplada, y que aquello nos obligue a ser su chofer, sin beneficios, y por el contrario con un montón de desventajas.
No empero una, sí deberá soportar en silencio la retahíla de malas caras y suspiros a destiempo, denotando con aquello cuán inconforme está él, con tu desempeño conyugal y "conductual".
Porque déjame aclararte "querida amiga virtual y homónima" que ese día "choferearle" al esposo, será un trabajo no agradecido y encima criticado  y vejado injustamente.
Si ya hay momentos que nos merman los sentidos y nos corroen el ánimo y nuestra buena disposición, éste sin duda es uno de ellos.
A estas alturas él no aguanta una de tus imprudencias al volante, -como él mismo las llama-, y así te lo enuncia con el más altivo de los tonos.
Jamás se hará el desentendido, como cuando eran novios y estaba en plena conquista, dejándote pasar lo que él considera "digno de una multa", por lo que te tendrá al acecho ante cualquier movimiento que hagas y que abarcan las acciones más elementales como doblar, frenar, cambiar las velocidades e incluso que no estés muy pendiente de los retrovisores. Porque según "Ayrton Senna", el hecho de que no controles con certeza y absoluto dominio, las direcciones o los atajos que él siempre ha tomado -y que deberías conocer como la palma de tu mano-, serán  el resultado "de tu despiste irrefrenable, que no te permite captar cómo se llega a los lugares que más frecuentamos y que deberías conocer de memoria".
Pareciera que todo lo que una hace "frente al volante" es usado en tu contra.
Si medio aceleras cuando deberías frenar, -porque justo hay un policía acostado que no viste-, o si caíste en un hueco sin darte cuenta (este es el más condenable), o si de manera disimulada lees un mensajito en el celu que te acaba de llegar, o en el peor de los escenarios, comienzas a responderlo (en una cola o en el semáforo), ese hombre hará de aquello una barahúnda de dimensiones desconocidas y creerás por un minuto que se desdobló en algún agrio personaje como los interpretados por Jim Carrey en la película "El Grinch" ó Scrooge en "Christmas Carol", pues ten por seguro que te amargará el resto del camino de manera irremediable.
Y es que la forma de recriminarte "porque no estás pendiente ni concentrada en la vía", te parecerá tan desfasada, que finalmente decidirás no pasarle una más, por lo que te atreverás a tomar una decisión escalofriante, que lo dejará perplejo y sin entender ni jota.
Una vez que caigas en cuenta de que tu umbral de paciencia y de tolerancia es finito y se está copando, decidirás bajar la velocidad, ladearte donde puedas, (a pesar del rictus de él) y apagar el carro, para darle a tu copiloto, una lista muy bien estructurada que deberá acatar de ahora en adelante, hasta que lleguen al destino, si todavía quiere que le hagas el favor de seguirle manejando.
Porque de lo contrario, no te moverás de ahí, aunque esté oscureciendo y él te diga que "dejes la tontería porque tus ridiculeces me vuelven loco".
Buscarás por todos los medios guardar la compostura, serenarte como pocas veces lo has logrado, y sin perder los estribos, le dirás que si no se silencia de una buena vez, jurarás, -con la poca dignidad que te queda-, no avanzar un sólo paso y aún cuando hagas lo que hagas, de manera imprudente o no, deberá dejarte manejar sin estresarte, sin agobiarte, sin machacarte en el hipotálamo que manejas peor que Steve Wonder y Cheo Feliciano juntos, y más le valdrá no emitir una sola palabra por lo que deberá mantenerse ecuánime y agradecido, pero sobretodo inmutable.
Por supuesto, tal advertencia podrá ocasionar un revuelo por parte de él, que dé como resultado, que te salgas con la tuya, o que él se salga del carro y decida irse por su cuenta.
Y si las cosas terminaran así de mal, lo que dudo, (porque si no puede manejar, tampoco tendrá la fuerza de buscar otra forma de irse), es posible que te lleves un disgusto, pero también te darás tu puesto (incluso como piloto) sin que más nunca nadie te humille, dejando el nombre de las  mujeres conductoras tan en alto, como el grito que te dará, para que dejes de dártela de "gallita".
Lamento informarte, que no porque le cantes las 40, él va a cambiar.
Seguirá pensando que eres pésima manejando, (como lo piensan todos los hombres de las mujeres), pero por lo menos después de leer esto, te quedará la satisfacción de saber que no estás sola y aunque eso tampoco te consuele, sí espero que te hayas divertido.
Antes de volverle a manejar a un hombre deberíamos dejarle muy en claro que "Si yo manejo, tú te callas"...

lunes, 14 de julio de 2014

FIFA VS FOFA

Ya todos conocemos la siglas de FIFA, (Federation Internationale de Football Association),
pero las de FOFA bien podrían ser Federación de Obesos Felices de Alimentarse.
Y aunque no deberíamos pertenecer a ninguna de ellas, -yo particularmente durante este mundial-, pertenezco más a la FOFA que a la FIFA.
Sin lugar a dudas, esa es una conclusión que deduzco por estar viendo los partidos, al tiempo que no paro de picar y de pellizcar cualquier sustancia calórica que me haga más entretenido el juego.
Incluso creo, que podría fungir como la presidenta de la utópica federación, porque de cierta forma soy fiel representante de sus siglas, pero sobretodo del nombre como un todo.
Una vez que esta fiebre finalice y por ende recobremos la cordura, (quienes nos hemos dejado llevar por esta corriente mundial), volveremos entonces a nuestros clásicos hábitos alimenticios y a nuestras actividades rutinarias.
No pretendo jamás poder cumplir con los requisitos irrestrictos que deben cumplir los jugadores para poder ser parte de los equipos que integran, pero me gustaría salir poco a poco de la FOFA, y dejar a un lado todo lo que implique estar acostado viendo los juegos con un tobo gigantesco de Coca-Cola Light e infinidad de munchis repletos de grasas y calorías.
Definitivamente este mundial (y cualquier evento que implique poner toda nuestra atención), dio como resultado, la aparición de  unos 3 kilos de adiposidades ex foráneas, que con mucho esfuerzo, (además de sangre, sudor y lágrimas), trataremos de quitarnos, para lo que deberemos poner todo nuestro empeño y voluntad.
En fin.
Ni FIFA ni FOFA, prefiero  transportarme al pasado y recordar con nostalgia a Gaby, FOFÓ y Miliki.



jueves, 26 de junio de 2014

ME GUSTAS PERO A LA VEZ ME ASUSTAS

Es innegable que hay muchas mujeres maduras, -por así decirlo-, que están esperando, que sean los hombres quienes den el primer paso en cuanto al tema de conquistarlas y llamar su atención, cosa que me parece absolutamente natural como parte de una cultura milenaria con la que hemos crecido la generación de 40 años y más.
Esto quiere decir, que si llegara a darse un chispazo entre un hombre y una mujer, que por ejemplo fueron presentados por un amigo en común, lo más normal sería, que el caballero abordara a la dama en cuestión con una conversación superflua, que después finalizara en intercambio de números celulares y posteriormente en promesas de localizarse ambos en las muchas redes sociales.
En dado caso que nadie los presentara y de igual forma pudiese darse el corrientazo celestial, el encuentro podría formalizarse primero con una mirada sostenida y luego con un acercamiento físico o virtual, buscando por lo general siempre ser ella la presa y él el cazador.
Es una condición al parecer innata en el sexo débil (disque débil), que por una u otra razón, se nos fue inoculando desde muy temprana edad asociando la sensibilidad y la femineidad como un rasgo que a los hombres podría atraerles para así dar por sentado que son ellos los que mandan (sólo durante esta etapa) y los que tienen el control sobre cualquier situación.
El concepto que se infiltra en los cerebros de muchas de éstas féminas, es que  para ellas lo más sano sería, que estos señores con un cierto bagaje de conocimientos, algo de pericia y mucha experiencia, les hicieran saber que efectivamente están interesados en ellas cuando las palabras, están en concordancia con las acciones, ya que además de halagarlas y de llenarlas de cumplidos, también deberán  tratarlas estupendamente, invitarlas a salir, solicitarlas en páginas virtuales, tener detalles que denoten que quieren avanzar en aquella relación que apenas se está solidificando y demostrar que efectivamente tienen verdadero interés en ella, lógicamente con fines serios.
Como dije antes, lo clásico es que sea el hombre quien tome la batuta y lleve a cabo las acciones pertinentes, obteniendo un feedback muy recíproco de que está pisando terreno seguro, y no arena movediza.
Sin embargo, -y éste es el punto al que quería llegar-, no siempre salen las cosas a pedir de boca.
Las situaciones no suceden como muchas de éstas doncellas  esperan y es entonces cuando algunas de ellas pudiese estar en presencia de un hombre que sin darse cuenta podría provocarle un daño físico, somático y sicológico tan real y devastador como las llamadas que prometió hacerle y nunca se dieron, o la invitación a salir que desafortunadamente y a última hora él canceló.
Hay caballeros escurridizos que ilusionan a una mujer, le hacen creer lo interesados que están en ella, y después que ella muerde el anzuelo, que cae, que se entusiasma con la idea de un posible romance y por qué no?, de una relación estable, se desintegran como esas pompas de jabón, por lo que aquella quimera nunca llega a cuajarse.
Ella está alucinando con lo que el destino le tiene reservado y comienza entonces el maratón de su vida por verse estupenda.
Se quita 3 kilos en dos semanas (a punta de lechuga y de merengadas proteicas), se somete a un intensivo de masajes, pilates, yoga, vacunterapia, bótox, ácido hialurónico, brillo de seda, (de shantung y de chiffon), y de todo lo que considere irrestricto para verse como Giselle Bundchen.
La meta será  capturar su atención, cueste lo que cueste y sin desvíos de ningún tipo.
Pero el hombre, que también tiene un olfato altamente desarrollado y muy bien diseñado, le envía ondas cerebrales, electromagnéticas, mecánicas y gravitacionales a su cerebro, de que aquella mujer -que apenas está conociendo-, desea capturarlo y englutirlo inequívocamente y para siempre.
Una vez más, el cerebro de él se activa y le envía una alarma para que despierte al sistema nervioso, (poniéndolo más nervioso aún), para alertarlo sobre aquella criatura que tiene planes macabros y al parecer apresurados.
El decide entonces no llamarla en los próximos 3 días y cuando lo hace, no la invita a salir el sábado en la noche, en vez de eso, le sale con la excusa repugnante de tener el cumpleaños de un amigo cercano, por lo que se le escabulle diciéndole que la llamará el domingo a primera hora.
Pero resulta que el domingo tampoco la llama, es a última hora del lunes que aparece el protagonista de "Lost", para apenas pedir disculpas y hacerle olvidar en cuestión de minutos, los días que le precedieron (del fin de semana) en donde no pudo cumplir con su promesa.
Por qué? ella nunca se enteró, pero es tan conformista que tampoco lo perturba preguntándole el motivo.
De nuevo aquel gígolo criollo, la endulza con palabritas frágiles y caramelizadas, (espolvoreadas de sirope de chocolate y confeti), y ella una vez más cae en lo brazos nefastos del conquistador aquel, que habla mucho y hace poco.
Se deja llevar dulcemente por aquella corriente irrefrenable y él de nuevo tiene la osadía de pretender ser caballeroso, pero a la vez despreciable. Promete llamar pero no cumple, jura invitar, pero posterga la cita el mismo día, y le hace cumplidos que no se adecuan a la realidad de sus acciones.
Ella a estas alturas, está irritable y no es para menos. Todo le molesta.
Sin embargo, ocurre algo inesperado. Como esas cosas que de la nada llegan para quedarse, algo extraño se comienza a incubar en el cuerpo de ella.
Ella siente que poco a poco su dermis va creando instintivamente una capa gruesa, impenetrable e impermeable de una piel como la de los cocodrilos que aunque no se ve, poco a poco la va cubriendo de pies a cabeza.
Nadie puede verla, ni siquiera ella, pero vaya que la siente.
Esa capa poderosa la hace fuerte, decidida, recia y ahora sabe cómo actuar. Aprendió rápido. No es tonta.
El vuelve a llamarla, pero ya ella no está nerviosa, no se siente intimidada  aunque sí admite que le sigue gustando.
El truco será no demostrárselo.
Actúa con pies de plomo.
Es su momento de demostrar lo que vale y hasta dónde es capaz de soportar.
Es verdad que juró no atenderlo, pero hay algo en ella que quiere ser un poco como él, por lo que quiere darle a probar de su propia medicina y esperar su reacción.
Es así como toma la llamada y comienza el diálogo.
- Hola Paul cómo estás?
- Hola mi vida. Disculpa que no te pude llamar estos días, estu..
- Tranquilo bello. No te preocupes. Qué tal tus cosas?
El no entiende mucho.
Por lo general cuando pasan algunos días en los que ellos no hablan (porque él no la llama como promete), ella actúa distante y arisca. Esta vez sin embargo, se oye muy segura y tranquila.
- Todo bien Ana. Tú?
- Súper. La semana que viene salgo de viaje. Estoy feliz. Por cierto qué guapo sales en las fotos que subiste a Instagram del cumpleaños de tu amigo del sábado pasado. Qué bella la camisa que tenías.
- Ana, me encanta cuando me dices esas cosas. Pensé que eras más tímida y veo que no lo eres tanto. Por cierto, quería invitarte esta noche al cine y a tomarnos algo después. Ya compré las entradas. Te paso buscan...
- Ay Paul. Qué lástima. Ya quedé con unas amigas en la noche para salir a cenar. Es el cumpleaños de Laura y como no hemos hablado pues no te dije.
- Pe, pero compré entradas. Será que estás molesta porque no te llamé? Mi vida disculpa, de verdad que se me hizo impo...
- Por favor. Para nada. Cómo crees? En lo absoluto. No tienes que llamarme. Estamos saliendo.
No Paul, lo que pasa que de verdad ya quedé con ellas.
- Bueno, nada. Ni modo. Mañana entonces salimos a cenar. Hablamos en la tarde para cuadrar bien.
- Uish, no creo. Qué pena. Tengo que hacerle una maqueta a Valeria que me pidió esta tarde.
- Bueno tranquila. Espero que termines y me avisas para...
- No creo Paul. Ya va. Perdón, me está entrando llamada. Ya te llamo...

Está de más decir, que no sólo no lo llamó mas, sino que tampoco atendió las 5 llamadas desesperadas que le hizo él a los 20 minutos después que ella le colgó.
Suponemos que el hombre quedó con las ganas irreprimibles de abrirse la cabeza con un taladro Black and Decker y ver qué neurona era la que estaba fallando para que las cosas no salieran como él pretendía.
Tenía intenciones de comprar un boleto para irse hasta Nueva York y conseguir el rascacielo más alto para lanzarse de él y acabar con su vida.
Estaba tan rabioso y con el ego tan maltrecho, que supo lo que ella sintió cuando él le hacía lo mismo para dárselas de Johnny Bravo y aún cuando ella se sentía muy atraída por él, dejó que él terminara arrastrándose como el peor de los animales rastreros, hasta que después de casi 2 semanas de él estar llamando, insistiendo, dejando mensajes, whatsapp, e-mails y pedirle de todas las formas que ella lo atendiera, ella por fin se apiadara, tomando la llamada.
Sin embargo fue tan insoportable, que cuando trancaba se lamentaba por ser así, aunque con una sensación de fresquito en el cuerpo que no hubiese sentido ni untándose Lymagel.
El le demostró lo equivocado que estaba, lo mal que había actuado y se enmendó de mil formas haciéndole ver que había cambiado. Prueba de lo mismo, es que ya llevan 8 meses saliendo y cada día que pasa, él está más loco por ella.
Ana sin embargo, adquirió esa manía de parecer un poco arrogante.
Es una táctica que lleva a cabo de manera impecable y la exterioriza cuando él la toma de la mano, la pasea orgulloso por doquier y finalmente se detiene antes sus amistades...
para presentarla como su novia.





miércoles, 18 de junio de 2014

DISCRETIT@ TE VES MÁS BONIT@

Díganme ustedes si son ideas mías, o todos tenemos a alguien cerca que siempre alardea con lo que tiene, con lo que hace, con lo que es y con lo que logra.
Al parecer estos individuos -y obviamente sus hijos-, parecieran ser siempre los mejores.
Nadie los supera, ni los superará jamás, por los siglos de los siglos, pues ell@s se encargarán de de hacértelo ver, adoctrinándote para ello.
Se regodean mil veces de su éxito, -delante de un público boquiabierto-, y by the way, de los logros de sus hijos en el colegio, en el liceo, en la universidad, en la vida terrenal y seguramente en la que hay después de la vida (que debe ser el infinito y más allá).
Todo lo que ellos hacen, es imbatible.
Nadie puede refutarles sus acciones, ni mucho menos poner en tela de juicio, cómo las llevan a cabo.
Sin embargo, cuando este tipo de personas nos interroga sobre nuestra cotidianidad -y por qué no?-, les confesamos complacidos que hemos logrado tal o cual objetivo, no me pregunten qué clase de escaramuza emplean, que en un tris te succionan te manera impecable    
el orgullo con el que humildemente te henchías, (al momento de confesar).
Si te interrogan sobre cómo les va a tus hijos en el cole y respondes que "no te quejas", no te dejarán terminar para brincar como Spartacus en Lazy Town, atajándote con el arrogante comentario "cuando mi hija cursaba el mismo año que el tuyo, era tan buen alumna, que la terminaron becando. Un éxito de taquilla. No en vano, ha logrado lo que ha querido."
Uno hace mutis y asiente ante el "discreto" comentario, deseando que la lengua se pulverice y se convierta en puré de papas para tragársela con sus respectivas papilas gustativas.
Esta persona acaba de marcar en su marcador virtual, uno a cero a su favor, por lo que vuelve de nuevo a arremeter con una segunda ofensiva, que seguro viene con todo.
Esta vez, se acerca un tercero que se une para decirte a ti (y no a ella), que le encanta lo que haces. Imaginemos por un momento que eres diseñadora gráfica, así que después que agradeces el cumplido, viene "Peabody" e interrumpe adrede, para restarle importancia y así desviar la conversación. Como la que no quiere la cosa, busca cambiar el tema, por lo que empieza a hablar del Rey Pepino -o hace el "paripé" de estar revisando un mensaje que acaba de entrarle al celular-.
Es obvio que su maquiavélica intención será valerse de todas las triquiñuelas posibles, con tal de desintegrar el momento donde puedas verte exitos@.
Eso jamás lo soportará quién se ufana de ser inquebrantable en todos los aspectos de su vida.
Ella es la mejor madre, la mejor profesional, la más responsable, la más inteligente, la que jamás se equivoca y el hecho de que lo sea, me parece maravilloso, lo que no tolero es que no pare de jactarse con aquello, y que nos utilice al resto de los mortales, para repetirlo cada vez que puede hasta dejarnos a la altura del betún.  Y la pregunta que me chincha es por qué? Qué competencia es esta de la que no me entero?
En qué momento comenzó la carrera por "ser la mejor y la más capaz?".
Esta desesperación por hacernos ver, que ell@s están por encima del promedio común, es lo que me joroba.
Estoy sola en esto, o ustedes también se han retorcido ante aquel despliegue de despotismo?
Me pregunto si estos "invencibles" podrían hacer un esfuercito por bajarle 2 a esa petulancia egocentrista y yoísta.
Tampoco quiero que me mal interpreten. Considero normalísimo que un padre orgulloso desee compartir los logros que ha alcanzado su hijo, si se gradúa, si tienes notas honoríficas y si ha ingresado a tal o cual universidad. Es absolutamente válido que aquello nos infle y deseemos compartirlo con quienes queremos, así como también alardear un poco -sólo un poco-, de nuestros logros personales, si estamos orgullosos de los resultados.
Con eso me refiero, a un mejor puesto laboral, a la apertura de algún negocio, al hecho de mudarnos, o cualquier otro motivo que nos cause felicidad. Es innegable que cuando estamos jubilosos por algo, deseamos vociferarlo.
Sin embargo, lo que critico no es al grupo de "los exitosos", -ell@s me encantan y les aplaudo sus logros-, lo que no tolero es a quienes sólo desean robarse el show todo el tiempo, sin darle chance a los demás de poder figurar de vez en cuando.
A los que se quieren ganar la medalla de oro, plata y bronce, a los que sólo quieren los vítores y los aplausos para sí mismos, a los que necesitan patológicamente que siempre se les felicite y se les regale los oídos, cuando ellos jamás en la vida han aceptado que los demás también conseguimos uno que otro mérito; a todos ellos, les dedico este blog.
Adopten una actitud bajo perfil. Se los recomiendo.
Nadie los envidiará, ni los detestará, ni dirá que son insufribles si se recortan un poco.
Sigan siendo así de insoportables, pero shhhhhh, calladitos. Recuerden que discretit@s se ven más bonit@s.



viernes, 13 de junio de 2014

NI MUY MUY NI TAN TAN

Llega un momento en la vida, en el que muchos de  nosotros, dejamos atrás la candidez de aguantarnos comportamientos hostiles de los más allegados, cuando nos doblegamos por tratar siempre de ser llevaderos y tolerantes.
Gracias al cúmulo de años, que además de formarnos como individuos maduros, también nos proveen de experiencia y aprendizaje, es que aquel instante en el que nos damos cuenta que ya es hora de no pasarle ni una a más nadie, es uno de los más gloriosos del ser humano.
De hecho es un momento histórico, en el que sentimos un desprendimiento absoluto de todo aquello que por circunstancias atemporales fuimos capaces de soportar en silencio, condenándonos injustamente si hacíamos un problema de algo baladí.
A ver si me explico.
Hace algunos años, éramos flexibles, o por lo menos más de lo que somos ahora. Aguantábamos como kórycos, (sacos rellenos de arena o tierra que se usaban para las actividades pugilísticas), los comentarios más impertinentes de las personas con las que lidiábamos, pues estábamos seguros que ser poco permeables era de gente "susceptible y cero easy going".
Algunas soportábamos  desplantes de las amigas con las que más interactuábamos, así como todo tipo de situaciones que nos minaban al punto de hacernos una pésima mala sangre.
Aquel discurso que continuamente teníamos alojado como un chip virtual en el hemisferio occipital del cerebro, que consistía en dejar pasar, hacerse el loco, no buscarle la quinta pata el gato, ser llevaderos y maleables, dio repentinamente un vuelco de 360 grados  acompañado de una voz de alerta, que nos martillaba constantemente que ya estaba bueno YA, de seguir siendo tan idiotas.
Y así fue, como más temprano que tarde, llegó el gran día en el que tuvimos que hacerle frente a quien nos ofendió "sin querer queriendo", o nos salió con algún comentario ponzoñoso, o en vez de quedarse callada (porque nadie le pidió su opinión), nos criticó el vestido que con orgullo lucíamos, arruinándonos el momento porque según ella "parecía el de la Cuatro".
En otro momento, nos hubiésemos silenciado "por no armar un espectáculo en vivo" y aunque bastante molestos, tragaríamos grueso para después rabiar a solas.
Sin embargo, a partir de ese día iluminado, (que llegó para quedarse), fue que nos dimos cuenta que aquel fenómeno de liberarnos, de romper con las cadenas que nos oprimen, hizo que ya no existiese bajo ninguna circunstancia, volver a dejar pasar nada de nadie, si aquella acción "insignificante" pudiese implicar molestia.
Y así fue como concluimos estoicamente, que mantenernos en nuestro papel de buenas personas, cordiales y polites, seguirá siendo nuestro norte en la vida, más allá de la edad, la poca paciencia que con los años pierde fuerza, y las ganas de preguntarle a esa persona por qué su afán en demeritar (sin S), todo lo que hacemos.
Porque resulta que ahora ese nuevo rasgo de nuestro carácter que antes permanecía inactivo y adormecido, de pronto se alborotó como una célula maligna, avisándonos a través de una metamorfosis somática y corporal, que si seguimos dejando pasar toda clase de atropellos, llegará el día en el que no nos respetaremos ni nosotros mismos, cosa que sería catastrófica.
Porque por más que no deseemos ser intransigentes, ni mucho menos desagradables, el hecho de aceptar todo lo que nos dicen y nos hacen, por un lado nos evitará salvarnos de "una cara larga con trifulca incluida con nuestra contraparte", pero por otro, nos hará parecer ante los ojos de esa persona y ante los propios nuestros, como unos fantoches sin personalidad lo que podría convertirse en nuestro peor rasgo.
Así es como puedo dar fé, de que la mayoría hemos llegado a un punto en la vida, (unos más temprano y otros más demorados), en que ya no le deberíamos dejar pasar nada a nadie, tan así, que hasta las más fútiles acciones, nos debieran hacer reaccionar, aún cuando a veces parezcamos estar fuera de foco.
Tolerantes sin  dejarnos aplastar.
Cordiales sin caer en lo empalagoso.
Serviciales sin llegar a ser serviles.
Transigentes, con un grado de intransigencia.
Y en definitiva con un sentido común tan desarrollado, que hasta para saber actuar con precisión, tengamos que valernos de las experiencias que son las únicas que pueden enseñarnos, hasta cuándo  podemos aguantar y hasta cuándo mandar a volar a quien consideremos necesario.
Nada, que ni muy muy, ni tan tan.

jueves, 5 de junio de 2014

LES HA PASADO? 

- Hola, buenas, hablo con Maya?
- Si, soy yo. Quién es?
- Te habla Mireya. Cómo estás? Soy la mamá de Mitch que estudia con tu hijo Dany.
- Claro, sí, cómo estás?
- Muy bien. Te llamaba porque queríamos invitar a Dany este sábado a dormir a la casa. Mitch y él son muy amigos y hace días me está diciendo para invitarlo. Quería saber si lo dejabas.
- Claro, sí, él me comentó. Le va a encantar. También Dany, me lo ha nombrado.
- Entonces te parece que nos hablemos el sábado en la tarde? 
- Claro, nos escribimos como a las 3 o 4 para llevarlo después que oscurezca. Puede ser como a las 7? 
- Perfecto. A esa hora lo esperamos.
- Ok. Gracias. Chao...

La madre le comenta de la invitación a su hijo Dany y éste muy entusiasmado, espera que llegue el sábado. 
Llega el día y como a las 3.30 pm, Maya recibe el primer mensaje. 
- Hola Maya, es Mireya. Cómo estás? Cuando gustes me traes a Dany. Mitch está súper entusiasmado.
- Si. Perfecto. Envíame porfa la dirección y te llamo cuando esté llegando.
- Claro. Sólo te voy a pedir un favor. 
- Claro dime. 
- Que por favor me lo traigas "CENADO". 

Maya, casi se desMAYA. A la mujer le sobreviene un ataque de hipo y un espasmo tipo contracción.

- Ehhhh, si claro. Este... Ok. 

En ese instante ya no habla más, balbucea. Hace su máximo esfuerzo para tratar de volver a tomar el hilo, pero no puede. Hasta que el cerebro digiere aquella orden, cree que lo mejor será "abortar misión". No mandar a su hijo a casa de nadie, porque para que el niño la pase mal, con una madre que no se va a molestar en lo más mínimo por atenderlo, pues lo mejor será que el niño se quede con ella (y con su marido e hijos), quienes se desbordarán como siempre, en llenarlo de mimos y atenciones. 
Lo que le faltaba. Que le digan que vaya cenado. 
Ella obviamente lo iba a mandar cenado y por poco desayunado, pero le molesta la advertencia. 
Sin embargo, aún hay más. 
La mamá de Mitch no ha terminado de dar instrucciones.

- Mejor Maya, tráemelo cenado y bañado porfa.
- Mmm, ok. Claro. Ehhhh, cómo a que hora lo busco mañana domingo?

Maya a todas estas, tiene que simular que todo va bien. No puede dejarse llevar por un arranque de ira compulsivo. Debe hacer su máximo esfuerzo en guardar la compostura. Actuar con cautela y con serenidad. La clave será siempre mantener la ecuanimidad, porque hasta en momentos como este, donde lo que más le provoque sea quitarse la careta de Hello Kitty para ponerse la de Chupacabra, deberá tomar grandes bocanadas de aire y respirar parsimoniosa.
Por lo que sigue fingiendo que todo está normal, aunque tenga la sangre hirviendo y más caliente que la lava del Irazú. 

- No sé a qué hora quieras buscarlo. Prefiero llamarte en la tarde, porque queremos invitarlo al cine. A la salida del cine te escribo.
- Ok. 

A estas alturas Maya no tiene ni pizca de ganas de llevarlo a casa de "Miseria", perdón Mireya.
No termina de computar todas aquellas peticiones, cuando de nuevo la mamá de Mitch vuelve a hacerle una última propuesta.

- Como queremos "invitarlo al cine", quería recordarte que porfa le dieras plata para las chuches. Ya sabes como son los chamos, que lo quieren todo. Nosotros le compramos la entrada, obvio.

Por fin actúa.

- Discúlpame un segundo. Ya te llamo que me está entrando una llamada. 

Se inventa un entre-telón que es indispensable en este momento para cortar de raíz ese diálogo lastimoso. 
Ella obviamente lo pensaba enviar cenado y bañado además de darle dinero para las chuches, sin embargo, no le encanta que la mujer le machaque con tanta rigurosidad aquella lista de "warnings". 

Busca al hijo para contarle lo que la mamá del amigo le dijo. 
Se le hace insoportable enviarlo a esa casa donde cree que el nivel de mezquindad sobrepasa cualquier límite tolerable.
El hijo se empecina en querer ir a pesar de lo que su madre le diga. Comienza la lucha a brazo partido entre ambos. Finalmente gana el niño, porque según el padre (que ya era hora de que interviniera), "nada de malo tiene lo que te dijo la mamá del amigo".
Finalmente lo manda comido y con varias merienditas post cena. Por poco y no le envía una arepa bien resuelta de "Reina Pepiada", con un par de Riko Malt's, (además de brownies y panquecas). Como es prevenida, también piensa en el desayuno del domingo, por lo que le pone varias galletas dulces en el bolso y un par de juguitos. 
Sigue haciéndose un coco mental con la oración que la tiene devastada "por favor me lo traes cenado". 
Aunque se lo comenta al esposo y éste aparenta estar sorprendido, al rato se le pasa. 
El sólo es capaz de decir "pues no lo mandes y punto". 
Le choca que su manera de resolverlo todo, sea tan tajante. Lo que le falta es el martillo -como si fuera un juez en una corte-  y golpear bien duro la mesa. Es su dictámen contundente, -en el que sin pensar-, se deja llevar por su instinto de "estoy terminando de ver una película y me estás interrumpiendo en lo mejor". 
Ella sin embargo, a pesar de la presión, sabe que el niño está loco por ir.
Por lo que lo deja, cuando lo que quiere es condenar a cadena perpetua a la mamá que tuvo la impudicia de sugerir tantos issues. 
Pareciera que así se dan las invitaciones. "Te invito a tu hijo, pero porfa me lo mandas con  un sleeping bag (o un catre en su defecto), además de un juego de sábanas. Por cierto, que también venga comido, evacuado, bañado, cepillado y entalcado."
Finalmente llega el domingo y mejor aún, la hora de buscar a su hijo. 
Nunca anheló tanto que se hiciera domingo. 
Una vez estacionada (en la quinta espectacular de 3 pisos) y después de algunos minutos, baja su hijo con el amigo y una señora que parece la ama de llaves. Qué ama de llaves? la ama de todo. Parece una duquesa.
Su hijo la saluda y el amigo, Mitch, se acerca para darle un beso, pero se detiene y la saluda con la mano. 
- Perdón, mi mamá me dijo que son religiosos y que no saludan. 
- Ehh, no vale. Claro que saludo. Me puedes dar un beso.
- Es que como trajiste a Dany ayer después de las 7, pensamos que eran religiosos. Por eso mi mamá te dijo que lo trajeras cenado, porque Dany siempre dice que no come nada fuera de su casa.
- Guao. No comemos ni carne ni pollo en la calle, pero cuando lo invitan a casa de un amigo, él ya sabe lo que puede y lo que no puede comer. No te preocupes.

Ella ahora comienza a entenderlo todo.
Por unos segundos se queda muda y arma su propio rompe cabeza. Se hizo una mala imagen de la mamá de su amigo y se condena duramente por ello.
- Ahora entiendo por qué tu mamá me pidió que lo mandara cenado.
- Claro...
- Ok.
- Y lo de que viniera bañado, es porque tenemos problemas con el agua. Nos la quitan a las 6 en punto y hasta el día siguiente no la ponen. Aunque tenemos un tanque de agua; justo ahora está dañado. 
- Ok, entiendo.
- Cuéntenme qué tal la pasaron? 
-Bien má. 
-Si, nos divertimos full.

Efectivamente se despiden y el amigo se retira con "Lady Maid". 
Dany y ella comienzan a conversar en el carro y su hijo le dice, que fueron muy buenos con él, pero que sólo compraron dos cotufas para todos y que se las repartieron entre los 4 hermanos, los 2 padres y la señora que los acompañó.
- Cómo es eso? No entiendo.
- Bueno má, los papás de Mitch decían que mejor era no embasurarse, porque después iríamos a almorzar a la calle.
- Claro. Tienen razón. Entonces comiste? A dónde fueron?  
- No má. No fuimos a ningún lado. Nos vinimos a su casa y acá la señora que me bajó con Mitch, nos dio una Susy con un Taco. 
Menos mal que me diste plata, con eso me compré las cotufas y el refresco. 
- No te puedo creer. No has comido entonces?
- Sólo lo que te dije.
- Sabía que no me había equivocado. 
- Si má. Cuando llegamos tenía full hambre, pero me daba pena pedirles. 
- De verdad que no puedo creerlo. No importa. Ya vas a comer.

Y así es, como finaliza un cuento más de la vida y sus azarosos designios, que PARA NADA ES CIERTO Y QUE EN LO ABSOLUTO TIENE QUE VER CONMIGO. 

No me pasó jamás, pero saben que es factible. 

Y ahora díganme, y si así fuera?h

lunes, 2 de junio de 2014

MANIPULEICHON DE OPEN ENGLISH

I escena
Ella quería dormir como nunca en su vida. Necesitaba con todas las fuerzas de su humanidad, "horizontalizarse" a lo largo y ancho de su cama. Dormir tanto, que creyeran que estaba desmayada o bajo el efecto de alguna potente droga.
Pero resulta, que cuando llegaba el fin de semana y contaba con aquellos días designados, para hacer de su "sueño" una realidad, ahí estaban ellos con sus sutiles peticiones y el insistente toqueteo en su  hombro: "má, hazme un Toddy, má, tengo hambre, má, acuérdate que me tienes que llevar a casa de Pepe Trueno, má, estás dormida? má, qué hay de comer, má..."
Ella los oía como zancudos gigantes que la molestaban en lo mejor de su sueño.
Esta vez, estaba disfrutando de una suculenta dona Krispy Cream y aunque en el sueño era ella, se veía reencarnada en el cuerpito de 50 kilos de Sasha Fitness.
Nada la detenía a seguir disfrutando de aquel snack que a todo el mundo la engordaba, menos a ella.
No podía ser un sueño, en todo caso era una fantasía inter-galáctica extraída de algún libro de ciencia ficción.
Pero esos deditos que no se rendían, que insistían, que tecleaban infinidad de veces su omóplato, se detenían un segundo, mientras ella ignoraba sus suplicantes peticiones para comentarse entre ellos: "Nada, mamá está demasiado dormida. No nos oye. Vamos nosotros mismos a prepararnos el desayuno, no podemos esperar hasta que se levante".
Cuando ella escuchaba eso y comenzaba a elucubrar que ellos mismos irían a caerlo y a derramarlo todo, un resorte virtual, la hacía saltar de la cama, para empujarla al baño  y antes de que ellos pudiesen manipular algún  objeto -que por mala praxis cayese desparramado-, ahí estaba ella, atajándolo en el aire.
Ellos lo sabían. A su corta edad eran unos manipuladores incansables, que se valían de esa potente táctica para lograr su cometido.
Y es que cuando los dedos y el speech de que se levantara, -no daban resultados-, debían ser más creativos.
Después que mi protagonista finalizaba, servía, recogía, lavaba, barría y daba fe de que todo estaba rechinante de limpio, se volvía a sumergir entre las cálidas sábanas de su cama, segura que ya no habría nada ni nadie que le impidiese reanudar su suculenta siesta sabatina.
Ya ellos habían comido y por lo menos dentro de un par de horas, no tendrían nada que pedirle.
Pero entonces, llegaba uno de ellos y le decía, que a qué hora llegaba el padre de la sinagoga, ella les decía que como a las 12 y que apenas eran las 7.30 de la mañana, que por favor se fuesen a descansar y que cuando él llegara se irían como siempre, a almorzar a casa de sus padres.
Aparentaban estar de acuerdo, pero al rato los oía pateando una pelota en el salón como si aquello fuera el Maracaná de Brasil.
Uno se creía Ronaldo, el otro Zidane y el último, el árbitro brasileño que se inventaba tarjetas amarillas y rojas.
Al final no podía dormir ni 2 minutos. Se levantaba a arreglar camas, a lavar los 37 vasos que se acumulaban en el fregadero, a recoger cuanto zapato y pijama suelto había disperso y 3 minutos antes de que llegara la figura paterna, se iba a sentar en el borde de la cama con una triste galleta de soda y un vaso de Coca Cola Light.
Era entonces cuando el padre aparecía en escena: "Hola mi vida. Qué hay? Descansandito?"
Qué debía hacer ella? replicar o brincarle encima para morderle la cara?
-Ningún descansandito. Desde las 7 no he parado. Los niños están levantados desde las 6.30.
Te acuerdas, que cuando te fuiste me comentaste que les diera desayuno y me fuera a acostar? Pues desde ese
entonces, no me he sentado ni para hacer pipí.
El insistía.
-No es por nada, pero siempre me dices eso y cada vez que llego, me parece que estás recostada. O son ideas mías? Pero muy bien, no te lo estoy reclamando. Por el contrario.
-Es que tienes razón. Llegas justo en el momento que terminé de hacer todo, porque si no fuera así, si no me hubiese matado arreglando, lavando, recogiendo, yendo y viniendo unas 300 veces de la sala a la cocina y de ahí a los cuartos, explícame cómo consigues baños hechos, camas estiradas, vasos y platos lavados, casa impecable, niños bañados y comidos? Te recuerdo que desde que el raciocinio y la cordura, siguen haciendo sus funciones, no tenemos ayuda los sábados desde hace un año, por lo que todo absolutamente, lo tengo que hacer yo.
- Tienes razón. No pensé en eso.
Pero relax, deja el mal humor. No se te puede hablar.
- No, sí se me puede hablar, pero sólo para decirme que no puedes creer que todo esté impoluto y que llegar a esta casa es llegar al paraíso. Que soy lo máximo por mantenerla como una tacita de plata y que D-os te bendijo poniéndome en tu camino. Eso es lo que deberías decirme.
- Ya lo dijiste tu. Yo pienso igual, sólo que tu sabes decirlo mejor.
- Hagamos algo. Yo no me preocupo más por el orden y la limpieza. Dejo que todo se caiga, que se ensucie, que la casa entera se vuelva una guarrería total, para que compruebes por ti mismo, si hago o no hago nada.
- Siempre te digo, que no seas tan obsesiva. Que me encantaría que te relajaras y trataras de hacerte la de la vista gorda
- Cómo? Me dijiste gorda.
- Qué gorda nada? Deja la paranoia y escúchame cuando te hable.
Te dije que te hagas "la de la vista gorda con la casa". Los niños y yo no le paramos tanto. Más bien nos molesta.
- Ya va, ya va, ya va. Barajéame eso ahí. Te parece que estoy gorda?
- Noooo, lo que estás es loca.
- Ahhhh loca y gorda. Qué bello. Qué más tienes que decirme?
- Ufff estás peor de lo que creía.
- Puedes tranquilizarte?
- Osea según tu, estoy gorda, loca y ahora también nerviosa -porque me estás insinuando que me tranquilice-.
- Yaaaa. Deja la ridiculez. Me cansas y me estresas. No te dije ni gorda, ni loca, ni nerviosa. Bueno, un poco nerviosa si estás, aunque como sigas presionándome, el que se va a volver loco soy yo.
Por cierto, también estás un "pelín" gorda, y...

PRELUDIO

No hace falta decirles, -queridos lectores-, que todas las mujeres de la estratosfera estamos nominadas como  mejores actrices a cualquier corto o largo metraje inédito jamás visto, demostrando una vez más, que nuestros dotes histriónicos son imbatibles.
Es por ello, que lo que leerán a continuación, es la puesta en escena del performance que llevó a cabo -de manera magistral- mi protagonista, después de lo que su marido le dijo.
Esto es, para que jamás pongan en duda, que cualquier comentario "non grato", puede ser el detonante que deliberadamente nos haga estallar de la peor manera...

II escena

- Me siento mal. Estoy mareada y creo que me voy a caer. Me desmayo, no puedo creer lo que me dijiste. Es...
Creo que me voy. Me está dando tembleque, estoy sudando.
- Pero qué te pasa? Qué tienes? Qué te dije?
- Me va a dar algo. Me siento mal. Me duele el pecho... Qué feo lo que me dijiste...
- Lo de gorda? Era en broma. No se te puede hablar...
Y él, sintiéndose más culpable que "El Puma", con su balada "Culpable soy yo", comienza a bajar la guardia, aunque dudoso de que todo eso en verdad sea cierto. Sin embargo, no quiere forzar la situación, por lo que comienza a retractarse y a disculparse, y es cuando ella aprovecha para arremeter aún peor. Por lo que balbuceando le dice que se siente débil y extenuada y sentándose de sopetón en la cama le murmura lo siguiente: "Se me está nublando la vista. Así no puedo ir a casa de mis padres. Ve con los niños y explícales que me siento morir.
Su frase predilecta vuelve a inundar el cuarto. "Siento que me va a dar algo. Me pone mal lo que me dices. Tus palabras me hacen daño. Creo que "me voy".
Ya él, -lo único que quiere-, es sentarse en posición fetal, mientras le pide perdón por el mal rato que le hace pasar.
Ella no responde. Sólo sigue repitiendo con la mirada perdida "nunca pensé que me hablarías así..." Por ahí se va, aturdiéndolo con aquel discurso repleto de reproches y culpas infringidas para que él desee la eutanasia.
Y es entonces, cuando una de esas estatuillas, hace su entrada triunfal, -de forma virtual-, para premiar a la mejor actriz principal, (de reparto y secundaria), como es en este caso mi convincente protagonista.
Ella se gana los vítores y aplausos -de sí misma-, y sabe que todo aquello, fue uno de los trailers de su inagotable película "Manipuleichon de Open English."
La única manera de lograr lo que quiere, cuando quiere y como quiere.