lunes, 14 de julio de 2014

FIFA VS FOFA

Ya todos conocemos la siglas de FIFA, (Federation Internationale de Football Association),
pero las de FOFA bien podrían ser Federación de Obesos Felices de Alimentarse.
Y aunque no deberíamos pertenecer a ninguna de ellas, -yo particularmente durante este mundial-, pertenezco más a la FOFA que a la FIFA.
Sin lugar a dudas, esa es una conclusión que deduzco por estar viendo los partidos, al tiempo que no paro de picar y de pellizcar cualquier sustancia calórica que me haga más entretenido el juego.
Incluso creo, que podría fungir como la presidenta de la utópica federación, porque de cierta forma soy fiel representante de sus siglas, pero sobretodo del nombre como un todo.
Una vez que esta fiebre finalice y por ende recobremos la cordura, (quienes nos hemos dejado llevar por esta corriente mundial), volveremos entonces a nuestros clásicos hábitos alimenticios y a nuestras actividades rutinarias.
No pretendo jamás poder cumplir con los requisitos irrestrictos que deben cumplir los jugadores para poder ser parte de los equipos que integran, pero me gustaría salir poco a poco de la FOFA, y dejar a un lado todo lo que implique estar acostado viendo los juegos con un tobo gigantesco de Coca-Cola Light e infinidad de munchis repletos de grasas y calorías.
Definitivamente este mundial (y cualquier evento que implique poner toda nuestra atención), dio como resultado, la aparición de  unos 3 kilos de adiposidades ex foráneas, que con mucho esfuerzo, (además de sangre, sudor y lágrimas), trataremos de quitarnos, para lo que deberemos poner todo nuestro empeño y voluntad.
En fin.
Ni FIFA ni FOFA, prefiero  transportarme al pasado y recordar con nostalgia a Gaby, FOFÓ y Miliki.



sábado, 3 de mayo de 2014

UNA HISTORIA MÁS...

Fue a la peluquería, como siempre que iba los viernes a la salida de su consultorio.
Se hizo lo que normalmente acostumbraba; secarse el pelo y la manicura.
Se despidió de Whisroncer y de Estanislao con un grácil movimiento y un ademán donde les regalaba besitos al aire para dirigirse a la caja a cancelar su cuenta.
Cuando comenzó a escarbar su cartera para extraer la tarjeta y la cédula, comenzó a sonarle el celular. Tomó la llamada ayudada por el hombro, que siempre está a la orden cuando las manos están ocupadas.
Comenzó a conversar y después de poner cara de sorpresa, se mantuvo impertérrita y alejada del mundanal ruido. Al cabo de unos segundos, fue entonces que entregó el plástico, dándole prioridad a la llamada.
La cajera, quien llevaba años ahí, al verla hablando, no la interrumpió, sólo aceptó la tarjeta, la pasó y esperó por la confirmación del banco.
Una vez que la máquina emitió el boucher, se lo entregó esperando por su firma.
Las otras clientas que se sumaron al rato, esperaban con premura su turno; veían el reloj, revisaban el celular, danzaban unos escasos pasos de un lado a otro y buscaban el ticket del estacionamiento para tenerlo a mano y ahorrarse unos minutos. Todo aquello un poco adrede, para causarle algo de presión a quien conversaba abstraída.
Algunas intercambiaban miradas con sus homónimas, expresando la falta de consideración de quien seguía perdiendo el tiempo, en vez de concentrarse y colgar de una vez.
Ella no se percataba de su falta, seguía conversando mientras se veía en el espejo, -con un gesto lastimoso-, la melena recién secada. Parecía que le encantaba hacer eso, ladear de izquierda a derecha esa frondosa cabellera que la llenaba de orgullo y que a veces incluso, le adjudicaba un aire de desenfado y superficialidad.
Por fin tomó el boucher, acotando entre monosílabos vacuos, lo que parecían trivialidades por parte de su interlocutor.
Sin embargo, cuando estaba por firmarlo, se dio cuenta que había un cero de  más al final del monto.
Jamás lo hubiese visto. Siempre firmaba como autómata y nunca revisaba el antipático papelito.
Sin embargo esta vez, le llamó la atención que en vez de 550 Bsf, pusiera 5500.
Se lo regresó a la empleada, -mientras seguía hablando-, pero con el celular desprendido de la oreja-.
Le hizo ver el error a la cajera, dando la impresión de no importunarle aquel infortunio.
La conversación la tenía ajena a todo lo demás. Las otras clientas, algo sorprendidas, comenzaban a inquietarse, pero asumiendo que la despistada, -no lo era tanto- cuando a pesar de que hablaba, logró darse cuenta de aquel error en el boucher.
Ellas quizás, lo hubiesen pasado por alto.
La empleada asumió su falla aceptando el papelito y pidiéndole disculpas.
Inentendiblemente aquella siguió hablando, -a la espera de una solución efectiva-, hasta que una ofuscada clienta le sugirió concentrarse en lo que estaba haciendo, porque "Si no estuvieses hablando y viéndote en el espejo, nada de esto te hubiese pasado. Pero como estás en otra cosa, pareciera no importarte que te estén cobrando de más, mientras nosotras seguimos esperando para pagar e irnos."
Por fin se escuchó que ella interrumpiera en seco a quien le hablaba del otro lado del teléfono,"disculpe Olga, ya la llamo".
- Perdone señora. El hecho de que yo estuviese hablando, no me impidió darme cuenta de que la cajera me cobró de más. Si usted y las demás mujeres están apuradas, lamento si este incidente -que definitivamente me perjudica a mi y no a ustedes-, las tiene retenidas. No es mi culpa que a la señorita se le hubiese escapado un cero, porque con o sin hablar de igual forma, me di cuenta.
La mujer que la increpó se silenció. Supo que ésta tenía razón, pero igual no dio su brazo a torcer.
- Mi amor, es que pareciera que te diese igual que te estén cobrando de más. Con lo cara que está la vida y sigues tan feliz conversando en vez de solucionar tu rollo.
- Señora, soy oncólogo y me acaban de llamar para darme el resultado de una biopsia que lamentablemente no salió como esperaba. Disculpe si me distraje más de la cuenta, pero el tener que dar una pésima noticia, a la paciente y a sus familiares, se me hace difícil.
Por cierto, esta melena que me estaba viendo en el espejo, en cualquier momento me la corto para donarla. Porque eso es lo que hacemos quienes aún tenemos una esencia altruista, en pro de ayudar a los más necesitados. Disculpe si también di una imagen que no era.
La mujer se quedó en silencio. Enrojecida de vergüenza se volteó para dar por terminado el debate, pero entonces una de las manicuristas se acercó a ella y le dijo "señora Matilde, dejó su suéter en la silla. Acuérdese que la semana pasada dejó el cargador del celular. El ticket del estacionamiento, lo tiene? No sea que se le vuelva a perder y tenga que pagar por ticket perdido."
Si antes la mujer, no tenía donde esconderse, ahora sólo quería evaporarse y convertirse en átomo. Ella, culpando de despistada a una mujer que no conocía, cuando ella era la reina, donde imperaba la falta de concentración y de desatino.
La oncóloga no habló más.
Le dieron un cheque de 4.950 Bsf para enmendar la falla. Las otras 3 mujeres, que también estaban esperando para cancelar, se desintegraron. Cada una se fue a sentar lejos de la caja, huyendo de la penosa situación.
Y así fue, -como con esta aleccionadora historia-, pude sacar mis propias conclusiones.
La primera, jamás  debemos juzgar.
Aunque sabemos que es una verdad trillada, también debemos reconocer que es muy cierta y que siempre deberíamos ponerla en práctica.
La segunda, verse en el espejo después que te secan el pelo y ladear la cabeza mil veces para llamar la atención, -a menos que sea una necesidad imperiosa-, es insoportable. Hazlo en el retrovisor de tu carro hasta que se te desprenda la nuca. Se ve pretencioso, hacerlo delante de la gente, como esperando un cumplido.
Y la tercera, -siempre absolutamente siempre-, estén pendientes de revisar el papelito de la tarjeta de crédito o débito, antes de firmarlo.
Ahora sí, finalizo con una historia más, que como siempre, espero les aporte algunas sonrisas y un poco de conciencia y retrospección.



viernes, 25 de abril de 2014

SELFITIS: EL NUEVO FENÓMENO QUE SE APODERÓ DE LAS REDES SOCIALES

Me imagino que muchos de ustedes, ya estarán algo familiarizados con este nuevo término que en los últimos meses se ha vuelto tan común entre los cibernautas del mundo entero.
Para aquellos que aún no saben muy bien el significado del sustantivo, se los aclaro.
Un selfie es, -en una palabra-, un autorretrato.
El término se usa por lo general en el mundo de Internet para referirse a una fotografía de autorretrato que se publica en línea, por lo que es muy común encontrar infinidad de selfies descarriados, en blogs, redes sociales e Instagram.
El selfie típico, es una persona sosteniendo la cámara o dispositivo móvil, a lo largo de su brazo, con el objetivo apuntando a sí mismo, por lo que la foto incluirá, parte del brazo y eso dejará en evidencia que se trata de un autorretrato.
Conforme se han popularizado más en las redes sociales, los selfies se han ido sofisticando, al punto que algunos no incluyen la cámara o móvil que tomó la fotografía.
Sin embargo, La Asociación Americana de Psiquiatría (APA), realizó una clasificación de los trastornos derivados de esta práctica e increíblemente hay varios tipos, que según el grado de delirio que pueda padecer el selfimaniaco, la patología alcanza su punto álgido, en la medida que su víctima lo permita y no pueda controlar tal impulso.
Sin embargo (y desde mi punto de vista), nada de esto debería molestarnos si a ver vamos.
Qué importa publicar mil fotos de uno mismo y hacerlas rodar por las redes sociales, si tal práctica no perjudica a nadie. Si consideran que esta aseveración es falsa y creen que por el contrario es abrumador tener que ver -obligatoriamente-, 5000 fotos de una misma persona, con muecas ridículas y en posiciones irrisorias, creo que lo más aconsejable sería, pues borrarla de la lista de amigos y aniquilarla -virtualmente hablando-.
Fuera, se le hace cruz y raya a quien no hace más que tomarse millones de instantáneas y voilá. Cambio y fuera.
Sin embargo, surge un detonante y es, cuando también a esta persona que eliminó sin compasión al -selfista patológico con problemas graves de identidad y de alter ego-, también le molesta todo aquel que se ufana, escribiendo y mostrando de formas variopintas, los lugares que recorre por el globo terráqueo, convirtiéndose en un adicto que necesita congelar cada ínfimo momento y con eso me refiero, a cada acción que implique movimiento y cambio de paisaje.
Esto puede ser, desde que le echa Baygón a la casa, en el instante que la abandona para que no se le llene de repugnantes alimañas (que se aprovechen de la ausencia de sus huéspedes), hasta el recorrido en el taxi que los llevará hasta el aeropuerto y finalmente, en todos los espacios que puedan ser capturados por el objetivo de la cámara del celular.
Estoy segura que para este individuo sería inconcebible que quienes estamos en su lista de amigos, nos perdamos cualquier detalle de su rocambolesco viaje, por mínimo que sea.
Sabemos que la meta del selfista -refiriéndome a todos los rubros que dicho término comprende-, es subir las fotos a las más afamadas redes sociales, sin importar si ya la gente está "deselfisperada" de verlo posando con su inigualable núcleo familiar.
También pues, y a quien dicha actividad pueda irritarlo, de nuevo le aconsejo fusilar con una escopeta el nombre y apellido de la personita en cuestión y ser feliz lo que le reste de vida. Me sigue importando cero, porque insisto que no es para tanto.
Pero una vez más, resulta que este personaje de tiras cómicas, tampoco tolera a quienes envían miles de solicitudes de juegos, de cumpleaños (esto hablando por mi es una agonía), de mensajes de felicitación por cuanto evento se suscite, condenando todas esas apariciones y haciendo quedar al "selfista-egocentrista-roba cámara y showsero", como un verdadero frívolo, que no tiene nada relevante que aportar a su comunidad de seguidores.
Por lo que entonces, sólo me quedará recomendarle al insufrible aquel, que no sólo se aparte de las "enredaderas sociales", sino que una vez que se declare un completo anti social, entienda que el concepto de selfista, -si tanto lo irrita y no se aplica a él-, sí debería aplicársele, el de intransigente, intolerante, inflexible, fanático, testarudo, exigente, terco, pertinaz, sectario, tozudo y obcecado.
Selfie? no creo, para mi gusto, debería tener más "self-control" sobre sí mismo, procurando ser más llevadero y más "selfless", a ver si deja de bramar por todos los rincones, cuán harto está de "las estupideces de la gente".

Por cierto, sigo luchando a brazo partido, para dejar de pertenecer al grupo de los insufribles...



martes, 1 de abril de 2014

"TIENES UN PEREJIL EN EL DIENTE"

Es maravilloso quedar con amigas para ir a comer, no importa el motivo. 
El hecho de pasar un par de horas, para reír, compartir y degustar, además de suculentos platillos, los más estrafalarios dimes y diretes, es un acto, que de imaginar, me llena de euforia. 
Pero hay algo, que aunque suene inerte, es tan relevante como el chisme en cuestión. 
Mientras las distinguidas comensales se van acomodando, (a la vez que pican de aquí y de allá), me percato con resquemor, que una de ellas, Adriana, es la infeliz portadora de un notorio perejil impregnado de clorofila, el que se adhiere como un tatuaje a uno de sus dientes frontales.
Esta ingenua, -ignorante de aquel resplandor verde-, no tiene ni idea de lo que acaba de iniciar. 
Y es que mientras ella sigue riendo, (e intercambiando banalidades), no se entera que es epicentro de miradas escrutadoras y comentarios pertinaces. 
Sin embargo, una vez que culmina tan opíparo almuerzo, y después que cada una cancela, Adriana se dirige a su carro, ajusta el asiento y el retrovisor (que seguro fue manipulado por algún gnomo) y vislumbra, que una partícula esmeralda, es parte de su anatomía bucal. 
Se le hace inadmisible, que ninguna de las socialité, le sugirieran ir al baño a despojarse del hierbajo, por lo que "verde de rabia" llama a la "disque amiga", que más confianza le tiene, (Nita), para reclamarle por no haberle dicho que fue el "hazmerreír de la concurrencia".
Sin embargo, Nita, lejos de pedir disculpas, se hace la "Willy".
Adriana ofuscada insiste, y su contraparte responde, que no se dio cuenta, que deje la tontería y más aún la intensidad "Osea, tampoco eres tan importante para que todas estemos pendientes de tu diente cubierto por una capa verde y mohosa de aliño."
Esta comprende que lo mejor es no hacer de aquello una batahola y aunque se corroe  de rabia, decide hacer mutis.
La protagonista de mi historia imagina que aquel episodio es caso perdido y aunque no quiere  darlo por cerrado, sí maquina con alevosía, alguna treta que tenga como meta, la venganza de quienes se rieron de aquel hecho, que pudo ocurrirle a cualquiera. 
Es así como Adriana de nuevo coincide con las amigas con quienes compartió una tarde frívola, y jura vengarse en lo sucesivo.
El primer paso, será actuar con mucho aplomo; sabe que la venganza es un plato que se come frío, así que observa con detenimiento a varias de las féminas y empieza entonces su trabajo de investigación exhaustiva.
Pero después de una mirada inquisidora, concluye que no hay nada malo con ninguna de ellas. 
De hecho todas están impolutas y por más que les busca algún detalle, ve decepcionada que no hay tal.
También se da cuenta, que aquel trabajo absurdo de investigación la tienen alejada de la charla amena, -amén de las risas y comentarios que se realizan en su ausencia-. Entiende que aquello de vengarse está muy bien, siempre y cuando se dé de manera natural, y no forzando la situación, -como ella pretende-. 
Es cuando decide unirse a la comitiva que disfruta de la velada, se pone al corriente de la conversación y escucha con detenimiento, que están hablando de una fulana a quien el marido engaña descaradamente, siendo la pregunta -que flota en el ambiente-, si decirle o no a la víctima, que es una cornuda en potencia.
Algunas opinan que lo más sano será no inmiscuirse, considerando la gravedad de la circunstancia; sin embargo Nita, quien lidera el debate, asevera que de ninguna manera podría ser cómplice de un episodio tan fatídico. 
Ella no permitiría que su amiga estuviese en boca de todo el mundo, por lo que no sólo se lo diría, también la exhortaría a abandonar a aquel hombre, que impúdicamente la engaña a diestra y siniestra. 
Muchas de ellas intercambian miradas furtivas y no hace falta que digan nada; las palabras sobran. 
Adriana se da cuenta del movimiento telúrico y le envía a una de ellas, un mensaje clandestino (por celu), en el que le suplica que la ponga al tanto de la situación. 
Ésta le responde...
- Te acuerdas del cuento aquel, que una vez sonó, sobre una fulana que no tenía ni idea que el marido la engañaba, y más bien juraba que el hombre le era más fiel que Romeo a Julieta?"
- Si, creo.
- Pues se trata de Nita.
MUTIS. Cara de estupefacción, de desconcierto.
Ambas vuelven a concentrarse en Nita. 
Esta sigue parloteando de la fulana "engañada", condenándola por ser tan estúpida. 
Adriana se queda inmóvil. No puede creerlo. Está en blanco y jamás imaginó que su amiga la arrogante, la divina, la reina del arroz con pollo, fuese otra víctima en potencia de la infidelidad conyugal. 
Adriana oye con detenimiento las palabras de Nita y sabe que es el momento de actuar.
Si ella exige honestidad, por su parte la obtendrá. 
Es su momento de pagarle con la misma moneda, más aún cuando ésta pregona a los cuatro vientos que a una amiga burlada, hay que abrirle los ojos.
Adriana la interrumpe y las demás están en estado de conmoción. 
Todas se concentran en ambas mujeres y la amiga que le acaba de dar la noticia a Adriana, tiembla de imaginar, que aquella indiscreta, hable más de la cuenta. 
Por lo que después de dejar escapar algunas risas nerviosas la interrumpe en seco y le dice, "Qué es lo que vas a decirle Adriana?" después de un rictus que la obliga a enmudecer. 
Ésta ignora su intervención y se levanta. 
Sigue dirigiéndose a Nita y le dice que hay algo que probablemente le dolerá. 
Toma una servilleta y se la entrega a la vez que le dice: "si exiges honestidad, por mi parte la tendrás. Hay algo que quiero decirte, que quizás te haga sentir muy mal. 
Creo que llegó el momento de que sepas ... 

que tienes residuo de chocolate en el mentón, así que te recomiendo limpiarte, porque se te ve sucio y la verdad no te luce."

viernes, 28 de marzo de 2014

DEBERÍAMOS HACER MENOS ADEMANES PARA QUE FUERAN "ADEMENOS"?

Esta historia trata sobre las personas que les encanta aderezar sus anécdotas con una importante dosis de ademanes. Cada palabra proferida debe tener una serie de movimientos que la cotejen, para que el relato cobre vida, según ellos.
Les narraré una simpática tragicomedia, para lo que espero sus comentarios.

Cuando hablaba con ella terminaba mareada.
Qué les digo mareada? Nauseabunda y con las sienes palpitando.
Eran tan marcados los ademanes, -cuando me contaba algo-, que perdía el hilo para concentrarme en sus manos y en el histrionismo que la caracterizaba.
La tildaban de excéntrica y supe -por comentarios de pasillo-, que más de uno le propuso interpretar cualquier obra de teatro que estuviese en boga, dándole obviamente el papel estelar y protagónico.
Cada palabra emitida, debía ser perfectamente acompañada por el compás de sus extremidades y cabeza, pues tenía esa manía de hacerse notar para que su puesta en escena fuera imbatible. Daba igual que estuviese con una sola persona o en grupo de 20. Menos importaba si era un grupo homogéneo, heterogéneo o con poco ingenio. Quería dejar su estela haciéndose notar con un conjunto de movimientos que validaran cada una de sus palabras. De hecho eran tan o más importantes que la misma jerga.
Su propósito era tornar su performance, en inédito e irrepetible.
Sin embargo como en toda historia, siempre hay dos lados que se contraponen; algo así como el yin y el yang.
Resulta que ese carácter indómito, esa extraña forma de hacerse notar cuando se apersonaba en los sitios, hizo que muchos la criticaran.
El camino que transitaba, tenía sus pro y sus contra.
Así como muchas condenaban su escandalosa personalidad,  otras la catapultaban a la fama queriendo emularla en cada uno de sus gráciles movimientos, (no eran tan gráciles, pero quienes la admiraban, los veían así).
Aleteaba sus manos, brazos y antebrazos mientras contaba cualquier historieta.
La meta era hacer estallar a su grupo de amigas, en una estruendosa risa, que con aplausos diera por terminada la primera parte del espectáculo.
Lo de ella era poner en marcha -toda su osamenta-, para así interpretar al pelo aquello que contaba. Exactamente como si estuviera en Broadway frente a un público entusiasta que aplaudía eufórico ante aquel despliegue corporal y facial.
Pero llegó el día, del almuerzo por el cumpleaños de su amiga Lula.
Ella se ufanaba de "acontecida" y parecía que siempre algo le ocurría.
Era la magia de su arrolladora personalidad.
Así fue, como antes de llegar al restaurante entró agitada y bastante desencajada.
Pudimos notar que también renqueaba. No era la de siempre, pero tampoco eso le restaría dotes al momento de acapararnos con su charming.
Cuando la tuvimos cerca, una exclamación grupal le dio la bienvenida. Después que una de ellas arrimó una silla -para que se sentara-, mi protagonista exclamó con un hilo de voz...
- No saben lo que me pasó. Cuando les cuente van a enloquecer.
- Qué te pasó?
Por qué cojeas? Te caíste? Te llamamos estos días, pero no nos caía tu celu.
Ya se oían las risitas nerviosas de lo que vendría a continuación, pero ella seguía impertérrita, por lo que sin arrugar la cara volvió a intervenir: "Antes de ayer me atracaron. Me robaron el celular y el reloj y a último momento la cartera".
Aunque se oyeron murmullos, una de las amigas saltó de su asiento, "No te creo. Seguro es otro numerito más de tu Stand Up Comedy. Te imploro que por favor no nos cuentes nada. Queremos una interpretación magistral de lo que supuestamente te pasó."
Otra la interrumpió. "Estás loca Chana? La acaban de atracar. Cómo crees que nos va a contar eso como si fuera gracioso? No ves que además está cojeando? O es otro de tus shows Valeria?
Cada una opinaba ante aquella confesión, condenando la declaración de quienes queríamos una interpretación impecable sobre lo ocurrido.
Pero ella se tomó aquel debate a pecho y comenzó a narrar su fatídica experiencia desde una perspectiva que no le permitía explayarse.
"Cuando salí de mi casa el lunes, vi que necesitaba gasolina. Me llegué a la bomba, les mandé mensajes a ti Chana y a ti Norma -a ver si terminábamos de organizarle el almuerzo a Lula-, pero como ninguna me respondió, comencé a llamarlas al celu.
Cuando el bombero que me estaba echando gasolina, me dijo cuánto era, al momento que estaba por sacar la billetera, veo que el tipo le hace señas a otro que comienza a acercarse, por lo que me imagino lo peor.
Rápidamente  trato de encender el carro para largarme o por lo menos para cerrar el vidrio, pero el tipo acelera la marcha y se me planta del lado derecho para meter su cabezota por la ventana y decirme que le de el celular y el reloj y que lo quiere todo para AYER.
Le digo que no tengo celular, -ustedes saben que prefiero donar un órgano antes que dar el celular-, pero el infeliz del bombero le dice que claro que tengo, porque me vio hablando. Comienzo a tocar corneta para amedrentarlos - a ver si con el ruido salen pitados-, pero me doy cuenta que no hay un alma en la bomba.
Qué hice? Tenía que ponerme creativa y coronarme como la mejor actriz meritoria de un Óscar.
Me saco el reloj de la muñeca y lo lanzo en el carro, junto con el celular y la cartera, me bajo tratando de enfocarme en lo que estoy próxima a hacer y comienzo a llevar a cabo el paripé de que me va sobrevenir una convulsión mortal y por poco terminal. No está bien jugar con esas cosas, pero definitivamente tenía que espantarlos.
Empiezo por mis manos y mi cuerpo, a poner todo el empeño para que la actuación fuese de primera línea y ninguno pudiese dudar.
No saben las muecas que tuve que hacer, para que los tipos se quedaran gélidos, viendo como me desdoblaba en quien no puede reprimir su enfermedad.
- Osea Valeria, seguro te la comiste. Quién mejor que tú?
Risas iban y venían. Comentarios sagaces que aderezaban la historia.
- Seguro salieron despavoridos creyendo que te estaba dando algo.
- Shhhh. Déjenme terminar niñas...
Resulta que después de haber exagerado más de lo normal, después de haberme contorneado como una culebra con pica-pica, después de haber hecho movimientos dignos de los trapecistas del Cirque Du Soleil, siento que la cadera se me engarrota y en el peor segundo de mi vida, me quedo "1,2,3 pollito inglés" INMÓVIL, seca, tiesa, patitiesa, paralizada, completamente estática y por poco cuadrapléjica.
Ellos se quedan estupefactos, hasta que comienzan a decirse: "Pana, esto está feo, mejor nos arrancamos, antes de que la jeva caiga muerta".
Acababa de ganarme la estatuilla dorada. Los tipejos se habían comido el show y estaban por salir corriendo como unos cobardes que eran. Pero yo estaba que me moría. Lánguida de dolor.
Pero ahora viene la mejor parte. Saben ustedes lo que hacen los sucios?
Cuando están a punto de largarse, se dirigen a mi carro y se llevan mi celular y mi reloj, y a punto de culminar su huída, se devuelven para también llevarse la cartera.
Comienzo a dar gritos de desquiciada, suplicándoles que no me dejaran así, jurándoles que no me podía mover, que por favor me ayudaran y uno de los ratas dice "Pero y por qué no sigues con el "choucito" ese que nos estabas haciendo mami? No "ike" estabas "conmulcionando", doblando las manitos y el cuerpo, pa' que nosotros pensáramos que te estaba dando una vaina? Qué pasó?, de repente se te fueron las "conmulsiones"?A "ve" quien te va a "pará" del piso actriz chimba.
Para hacerles la historia corta, los tipos se largaron y me dejaron tirada en el frío pavimento con el umbral del dolor que me atravesaba el alma.
A todas estas no sabía qué era lo que más me dolía, si el engarrotamiento de la cadera, el haberme quedado sin mis cosas, o que no se creyeran mi show de que me estaba dando una moridera.
Eran casi las 7 de la noche y de hecho no había nadie cerca.
Sin embargo, la iluminación divina hizo que me acordara que uno de mis hijos había dejado su celular en la guantera, por lo que
como pude me fui gateando hasta el carro, llamé a Fredo, le expliqué lo que me había pasado, y ya lo demás es historia.
Heme aquí, más torcida que la Torre de Pisa, pero por lo menos a salvo.
Lo peor no es lo tullida que quedé, sino que tomé la decisión de que ahora en adelante -cuando les hable-, mi speech no será tan divertido.
Lamento decirles -queridas mías- que mi conclusión final es: "que prefiero las palabras aunque se las lleve el viento, (antes de que me sobrevenga
otro engarrotamiento)"

Dedicado a todos los que hacemos miles de ademanes mientras contamos algo.

miércoles, 19 de marzo de 2014

MI AMIGA LLAMÓ A LA WHITE HOUSE

Una buena amiga llamó -en un arrebato de cólera-, a la Casa Blanca. Así mismo, a la White House de los Estados Unidos.
Aunque al principio me causó gracia, en la medida que me contaba, la sonrisa se me borraba, mientras la escuchaba con atención.
Me dijo que llamó fuera de sí, iracunda y molesta -con toda la razón que la situación le merece-, después de haber visto las noticias, (no las nuestras, aquí estamos en Disneylandia), sino las que transmiten en CÑN y en las redes sociales, de lo que estamos padeciendo los que aquí vivimos.
De las muertes injustificadas, del desabastecimiento, de la falta de insumos, de la situación indigna, de la carencia de tantos y tantos productos de la cesta básica, que cada día que pasa, se vuelve más insostenible.
Después que habló en inglés, -explicando nuestra grotesca situación-, después de casi 5 minutos manteniendo un monólogo exacerbado, que  se volvía cada vez más insufrible, supo que algo andaba mal.
Agotada por el pataleo que aquella situación suponía, se calmó, volvió a chillar y una vez que terminó de leer una a una las líneas de lo que quería dejar en claro, (y que antes de llamar anotó en un papel), una fría grabadora -fue lo que le salió al final de su alocución-, invitándola a dejar un mensaje. Resulta, que nada de lo que dijo "en realidad se lo dijo a nadie".
Ni siquiera pudo dejar ningún mensaje a la contestadora inerte y robótica que sólo cumplía con la penosa labor de recibir los miles de mensajes de las miles de personas en el mundo. Ella lo único que deseaba era llamar a aquella entidad gubernamental, (inexpugnable para la mayoría de los mortales) y enumerar las circunstancias a la que nos vemos expuestos.
Colgó, carcomiéndose las entrañas, rabiando de impotencia de saber que no había logrado nada, pero no se quedó tranquila. Ella no es de rendirse y mucho menos a la primera.
El ímpetu que la caracteriza, la enrumbó de nuevo a poner manos a la obra, para volver con mucha entereza a marcar el teléfono de la Casa Blanca y buscar -por todos los medios-, hablar con el mismísimo Obama si fuera necesario.
Lo que quería era explicar (con un poder de convencimiento no visto), el malestar supremo, que estamos experimentando los venezolanos, con la utópica esperanza de salir a flote de este régimen feroz.
Volvió a llamar, -de nuevo la contestadora atajó su llamada-, pero esta vez esperó el pitido que después de un rato se hizo presente, para dejar su mensaje.
Cuando ya estaba en la mitad de su exposición, alguien con características humanas tomó la llamada y después de presentarse, (ella no entendió ni jota del nombre), le hizo saber que quedó tan conmovido por su discurso, -que a punto de abandonar la oficina-, se regresó atrapado por las palabras que iban saliendo a borbotones de su boca y se detuvo en seco, a sabiendas de que no podía dejar aquella llamada fluctuando en el aire, por lo que decidió tomar nota del nombre de mi amiga, así como de las  circunstancias que ella le narraba. De hecho le aseguró que todo lo que le contaba, no quedaría impune.
Esta persona le dijo, que obviamente estaba al tanto de la situación que ocurría en Venezuela, pero que después de oírla, le dio su palabra de interesarse mucho más, prometiendo llevar a cabo lo que era casi una obligación y aún más un compromiso.
Después que mi amiga me contó, me imaginé por un segundo, si en verdad esa llamada pudiese ser una ínfima esperanza para salir del oscuro túnel en el que transitamos todos.
Y si fuese así? si efectivamente lográbamos algo?
No lo sé, pero creo que con esto queda demostrado, que cualquiera de nosotros, -por mínima que sea nuestra participación-, podemos conseguir que este gobierno despiadado caiga y por ende levantarnos de este mal sueño que ya lleva 15 años.
Sé que es muy naif de mi parte, ilusionarme, creyendo que alguien más nos rescatará pero esa es mi forma para no dejarme abatir; la fé y la esperanza.
No quiero hacerme ilusiones, pero lo que sí puedo, es hacer un llamado a la reflexión, para que no dejen de actuar y de poner en marcha sus ideas y su participación. Aunque suene a panfleto de marcha, es una realidad irrefutable.
Esto que ya iniciamos, no puede quedar inconcluso.
No llamen a la Casa Blanca, pero sí, a quienes consideren necesarios, para que en nuestras "Casas" reine la paz y seamos "Blanco" de alegría, felicidad y armonía.

viernes, 7 de marzo de 2014

LA GULA ME MANIPULA
MIENTRAS LOS KILOS
SE ME ACUMULAN

Ya no se trata de comer hasta saciarnos.
Tampoco de oponernos al hecho innombrable de empezar una dieta que de alguna manera detenga esa atropellada forma de ingerir lo que encontremos a nuestro paso.
Menos se trata de ser obsesivos al punto de enrumbarnos hacia una meta que difícilmente podemos alcanzar por la vía saludable.
Se trata tan sólo de ser algo ecuánimes, pensantes y pausados.
No es posible que cada día, el demonio de la gula, se interponga en nuestro camino y nos haga sucumbir al momento de alimentarnos.
Les parece normal que todos estemos tan embebidos con lo que pasa, con el día a día que nos carcome, -con la historia que irremediablemente nos succiona y nos arrolla-, que nos entregamos a la comida sin ningún control?
A los chocolates, a las galletitas repletas de azúcar y grasas "trans" (portadoras de felicidad), y por ende a cualquier partícula, en su mayoría calórica y engordante?
La pregunta es, cuándo pararemos este desenfreno, esta manía patológica por comernos hasta la última migaja descarriada que queda en la lata, en la bolsa, en el empaque o en el asiento del carro?
No hay respuesta. Y como no le veo una solución asertiva a mi sempiterno problema de ingerir sin cargo de conciencia, como no consigo controlar al Lucifer Glotón que se infiltra en mi organismo y me enciende el botón de la ansiedad, entonces me tocará aceptar que esta racha de ingerir desatinadamente, va a acabar conmigo. Con mi ropa, mi carácter, mi manera de ser, de estar, de comportarme y en definitiva con mi esposo e hijos -a quienes culpo sin motivo-.
Por más que me jure, parar en seco al mounstro de la ansiedad, de hacerme el firme propósito de decir "no más", de no destapar ese chocolate que me tienta desde la despensa, de esa galleta que me hace ojitos, de esa bolsa de Doritos que me seduce, de las empanadas de queso chicloso que dejan los niños y que me gritan que no las bote, por más que quiera escribir para que se me olvide que adoro comer, que me fascina picar incansablemente, confieso que desafortunadamente no lo logro.
Esto no es un blog.
Perdonen, pero con esto no voy a dejar moraleja ni menos mensaje. Esta es mi manera de hacerles saber que no están sol@s, que somos más de la cuenta.
Que la mayoría nos vemos jalados, arrastrados, absorbidos por una corriente que nos hace levantarnos mil veces de donde estamos, para picar sin ningún control.
Me declaro una viciosa, una adicta, una irracional cuando se trata de cualquier sustancia comestible -que no sé por qué-, siempre tengo a mano, en la nevera, en la despensa, en los cajones, gabinetes y hasta en la mesita de noche.
Es por eso, amig@ glotón, que este blog es contigo. No estás sol@. Mucho menos en estos momentos de desolación, de angustia y de incertidumbre.
Quiero que sepas que somos un montón los desesperados que comemos a toda hora y sin ningún tipo de desidia.
Puedo jurar, que se nos desató una presteza al momento de engullir, no aplicable en ninguna otra actividad.
Sin embargo deberías saber, que esto es un fenómeno que se nos acaba de despertar en esta época de la vida. En estos tiempos turbulentos donde reina lo impredecible, la intranquilidad, el desconocimiento hacia lo que nos traerá el nuevo día.
Lamentablemente no esperes una palabra reconfortante porque no la tengo.
No hay nada que pueda hacer por ti.
Me encantaría ser la portavoz de una solución asertiva que erradique este comportamiento destructivo, pero no. No por ahora.
En todo caso sigamos engullendo con la (in)felicidad que nos caracteriza.
Estoy segura que ya habrán tiempos mejores si D-os quiere.
Mientras tanto ya vengo...voy por un chocolate.