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sábado, 4 de mayo de 2013


¿DE QUÉ INVITACIÓN ME HABLAS?

Este blog es bien particular. No les voy a decir de qué trata, hasta que hayan leído por lo menos más de la mitad y no les quede otra que terminárselo de leer.

Esta vez no se trata de una persona y tampoco de una situación, mucho menos de una circunstancia. Le daré el turno esta vez, a un insolente dialecto, que es muy común entre las “amiguis”, tan así, que inclusive yo misma he sido su portavoz y lamentablemente he caído en su pegajosa maraña de repetirlo, sin percatarme siquiera de lo burlesco que puede oírse, cuando quienes lo pronunciamos, lo hacemos deliberadamente y sin una pizca de retraimiento.

Los oyentes que deben soportar el peso de sus palabras, la socarronería de quien las emite y lo insolente de su significado, en algunos casos, pueden llegar a sentirse contrariados, pues es una expresión burda, cínica y pertinente, que solo pretende chispear el ambiente con un aparente toque de cortesía, cuando en realidad lo que logra, deja mucho que desear.

Quien la escucha, adivina que todo fue un suspicaz plan, estratégicamente fraguado, para convertir aquel dialecto en uno afable, a sabiendas de que la única verdad que subyuga, es la del descaro y la impudicia.

¿Qué verborrea será esta, que los debe traer de cabeza? Hay muchas oraciones en nuestro argot popular, que sin lugar a dudas son irritables. Más aún, si son pronunciadas con una actitud petulante que solo busca enfadar a nuestro interlocutor.

Creo que llegó el momento de develar el misterio, (que ya tuvo algo de preámbulo) y que sin más ni más, me gustaría compartir con ustedes.

El dialecto al que me refiero con tirria y al que condeno a cadena perpetua, es el siguiente: “Hola amigas, este martes 30 de enero, deseo invitarlas (leyeron perfectamente, INVITARLAS), a un rico almuerzo en Café Wachi Wachi, con motivo de celebrarse mi cumpleaños número XX, en donde la pasaremos súper, engordando y chismeando…
LAS ESPERO”

Después que estas 25 amigas recibieron de esta “espléndida” pines, WhatsApp, e-mails, mensajes de texto, de audio, videos, fotografías, pdf, videos de youtube y pare de contar, pasa algo, que es lo que yo traduzco como el latigazo repentino que me subió por la espalda, impulsándome a escribir este blog.

De estas 25 amigas, (que se llaman para restregarse sutilmente que fueron las afortunadas de haber sido seleccionadas, para ser parte de una tarde frívola aunque divertida), solo podrán acudir 20; siempre hay un porcentaje que falta.


Las mismas se esmerarán, (como siempre que hay encuentros femeninos), y acudirán a la peluquería para secarse, hacerse manos y pies y podría jurar, que hasta para inyectarse colágeno y bótox.

Una vez que han superado esta primera parte de su esmerado arreglo, escogerán concienzudamente cada una de las prendas que lucirán altivas y que deberá ir en perfecta consonancia con el estilo, la ocasión y lo más importante, las miradas inquisidoras de las demás serpientes, lo que las llenará de orgullo y absoluto control de la situación.

Una a una irán entrando al citado restaurante, comenzarán a saludarse exquisitas, se dirigirán a la cumpleañera y después de besos y abrazos fraternales, se acomodarán mientras coquetean con el mesonero, para pedirle un vinito.

Así transcurrirán un par de horas de degustar deliciosos platillos gourmets, de conversar trivialidades y de reírse, y una vez que terminen de comer y que llegue el momento de cancelar la cuenta, esta cumpleañera (que no tiene ni la más mínima intención de sacar alguna de sus múltiples formas de pago), se mantendrá con una sonrisa fingida, seguirá parloteando con quien tiene a ambos lados y aquellas adorables amigas decidirán que entre todas pagarán la cuenta, aunque nuestra show woman haga el numerito infalible de querer pagar su parte, esperando que las amigas bramen un imperativo: “Noooo, ni se te ocurra pagar”.

Esta repetirá el discursito cansón de “Gracias amigas, qué bellas que me invitaron” y así culminará un episodio, que me dejará con ganas de lanzarle la cesta de pan vacía.

Y la pregunta que me hago una y otra vez, es de lo que trata este blog.

¿Por qué ésta artífice del plan utópico de invitar a todo un grupo de amigas a comer por su cumpleaños, no le pide a otra que le haga el favor de organizarle su evento, en vez de quedar como una zonza que se jacta de invitar, CUANDO TODOS SABEMOS QUE NO INVITÓ UNA PORRA?

¿Por qué llama, envía correos y escribe 3 veces la palabra invitar, cuando de eso no hay ni sombra?

Querida presuntuosa, el hecho de invitar a un cumpleaños, enviando todo tipo de mensajes que incitan a convidar, es para que entiendas y asumas, que todo lo que se consuma durante esa comida, lo deberías pagar tú.

Sí mi vidita. Aunque te dé retortijón estomacal y sientas la saliva pastosa y grumosa, considera que solo tú y tu chequera, deberán ser el match perfecto, una vez que la cuenta aterrice en la mesa. ESO ES INVITAR.

De otra forma, si quieres ser invitada por tus queridas amigas (súper valido), pídele entonces el favor a la que más confianza le tengas, para que diligentemente te organice una salida y le proponga a cada una de las “reinitas de tu lista”, invitarte entre todas (el desayuno, el almuerzo o la merienda), para que lo de la invitación no sea una palabra proferida por ti y no quedes como una idiota QUE INVITA SIN INVITAR UN CUERNO. Tan sencillo como suena.

Porque si no es tal cual como lo describo, si no es exactamente como lo explico y lo aclaro, dime entonces: ¿De qué invitación me hablas?


 



jueves, 25 de abril de 2013


CRÓNICA DE UNA VISITA A LA EMBAJADA



Mientras él revisaba los pasaportes de cada uno de los miembros de su familia, se percató con asombro, que todos estaban al día, pero no así, la visa de su primogénito.

Debía de moverse con celeridad y dirigirse a la embajada americana, si quería conseguir la renovación de aquel preciado salvoconducto, que les permitiría cruzar océanos y atravesar latitudes.

Ese era el plan, cuando culminaran las clases escolares, lo que además representaba un momento ansiado, porque no solo la pasarían juntos en familia, sino que también conseguirían ampliar su argot cultural, pues visitarían ciudades que no conocían, lo que generaba un sentimiento de euforia en los integrantes del clan.

Efectivamente, le dieron el día y la hora, además de infinidad de requisitos que debía reunirÉl le comentó a su consorte que ella debía acompañarlo, hasta que llegó el día y ambos padres se ataviaron, para presentarse a la hora acordada.

Apenas si desayunaron, se enrumbaron hacia aquel imponente complejo, altamente custodiado, para lograr el sello húmedo, que después de infernales colas, sería el único leit motiv bien justificado, para tanto ajetreo.
Se colocaron en la larga fila que desde la calle comenzaba a formarse, y muy lentamente se fueron adentrando.

El hecho de permanecer tediosas horas, hasta lograr atravesar la barrera inexpugnable, era considerado todo una odisea.

Los recibieron con una rígida alocución, que trataba de cada uno de las normas a las que debían apegarse, si deseaban llegar a la meta.

Gente en la fila que murmuraba, se quejaba del calor, hablaba con sus compañeros y hacían chistes inertes, era lo que abundaba, mientras este par oía muy atento, las indicaciones que daba una empleada bastante malgeniada.

Una vez que culminó esta primera parte, siguieron en esa cola desordenada, hasta que llegaron a la primera parada. En ella debían decir para qué estaban ahí, además de enseñar algunos de los documentos que traían consigo.

El aburrimiento, el cansancio y el apetito que se empezaba a desatar, como consecuencia de la hora, no ayudaba para nada.

En ese interín, en que la inclemencia del astro sol no cesaba, una mujer de unos treinta y pico, al parecer algo mareada, se dejó caer en la primera silla que encontró a su paso. Aunque no presentaba indicios de malestar, (ni su color de piel se tornaba cetrino), se desmayó abruptamente.

Era como si de la nada hubiese perdido el sentido y cayera desplomada.
Entre varios quisieron levantarla, pero los esfuerzos fueron fútiles.
Con tanto jaleo, un par de rubias charlatanas y bulliciosas, lograron pasar delante de las personas que estaban en la colosal fila, pero alguien que las tuvo cerca durante el trayecto, se percató que habían avanzado más de la cuenta, así que armó un gran revuelo, hasta que retrocedieron a su lugar de origen.

Aquello desencadenó toda una trifulca que se iba tornando cada vez más agresiva, pero la mujer que yacía “semi inconsciente”, se levantó de golpe y muy decidida fue a sumarse a la algarabía que se estaba formando, para gritar eufórica, que dejaran en paz a sus hermanas.

Alegaba que todo había sido un juego inocente, por una apuesta que habían hecho.

Fue entonces cuando un par de guardias, con actitud de insolentes, las tomaron bruscamente del brazo para sacarlas de ahí. Ellas se ofuscaron enfrentándoseles, pero cualquier conato de intento era en vano.

Las 3 mujeres salieron acompañadas por aquellos caballeros mal encarados, que prácticamente forcejearon con ellas, hasta que abandonaron el recinto.

Los comentarios y las habladurías no se hicieron esperar.

Si bien los protagonistas de mi historia, estaban asombrados por aquel episodio, rápidamente se repusieron del trance.

Avanzaron unos pocos metros, mientras las horas seguían su marcha.
Una vez que siguieron alineados, e intercambiaban comentarios insípidos, solo les quedaba resoplar y disertar sobre cualquier tontería. Atisbaron a lo lejos personas que salían serias y consternadas y eso les preocupaba.

Ya les habían dicho que no estaba fácil conseguir la aprobación de aquel documento. La seguridad estaba pertinaz y sería un viacrucis obtener lo que ansiaban.
Tenían un récord impecable, por lo que no había razón para dudar.
Las charlas con sus vecinos se fueron acortando; estaban sumidos en la desesperación por obtener el beneplácito de aquellos empleados fisonomistas, dueños del poder que les confería la embajada de conceder la aprobación de la visa, a quienes ellos considerasen.

A unos pasos de  entregar sus documentos, vieron a varios de sus compañeros fortuitos, que salían abrumados por una negativa e irreversible respuesta.

Algunos eran padres que iban a colegiar a sus hijos en reconocidas universidades americanas, otros pedían traslado por cuestiones laborales, estaban los que deseaban mudarse de país, (por lo que era obvio), y se encontraba esta pareja, que solo deseaba renovar la visa.

Después que escucharon fatídicos comentarios de pasillos, palidecieron.

Ya no importaba las muchas horas que habían pasado en la cola, tampoco el dinero que habían invertido para obtener aquello, mucho menos ese episodio chabacano que presenciaron boquiabiertos, del calor ni se acordaban. Lo devastador era, lo que no querían ni elucubrar.

Con pasajes comprados, reservaciones de hoteles hechas y algunos espectáculos previamente pagados, resultaba enloquecedor que ellos pudiesen pertenecer al grupo de los "no aprobados", o lo que podía ser interpretado, como "los no admitidos, los rechazados y en definitiva los que se perderían de ver a El Cirque du Soleil, y los Blue Man.”

Castañeaban ante cualquier desenlace funesto, hasta que les tocó su turno. 
Era el momento de conseguir la victoria aplastante o sumirse en la más cruel de las derrotas.

Ya habían sido testigos de las muchas interrogantes que les hacían a sus homólogos de fila. 
"¿En qué trabaja? ¿Cuánto gana? ¿Cuál es el propósito de su viaje? ¿Tiene familiares en los Estados Unidos? ¿Viajó el año pasado? ¿En qué fecha?"

Todas estas preguntas, eran elaboradas con un inconfundible acento americano y una mirada escrutadora, que escaneaba cada uno de los movimientos y palabras de sus despavoridas víctimas.

Este par saludó escueto aunque cordial. Extendieron sus pasaportes como representantes de un menor, además de la gruesa carpeta que contenía el resto de los documentos.

Sin embargo, lo que pasó en lo sucesivo fue tan escabroso como inesperado.

Aquel empleado flemático, inmutable, que se mantenía detrás de un mostrador frío, de unos 45 años, ojos azules intensísimos, de tez blanca, pelo rubio, de finos rasgos, parco y serio, rechazó sin mediar palabra los documentos que el padre le había extendido por la ventanilla, además de hacer caso omiso, a la carpeta arrugada que contenía lo solicitado.

Solo colocó muy taimado su sello de "Aprobado" en el pasaporte del niño, y con un ademán los despedía, mientras llamaba al próximo de la fila.

Estos ingenuos, inmersos en aquel letargo del que no lograban despertar, le insistían para que fisgoneara entre sus cosas, pero este solo los instaba a abandonar el lugar, ya que la sala estaba repleta de gente y el tiempo apremiaba.

Salieron más que complacidos, anonadados, turulatos y eufóricos.

Habían conseguido atravesar el umbral de lo infranqueable, y no sabían por qué estaban tan felices si aquella actividad no era una novedad en lo absoluto.

Entendieron finalmente que SÍ había motivo para festejar.
Tenían que haber ido con su hijo a esa cita en la embajada, y ese fue el pequeño detalle que a ellos se les escapó, pero no solo se les escapó a ellos, también a la embajada, y eso era lo que convertía aquel suceso, en una crónica digna de un blog.

miércoles, 3 de abril de 2013


¿POR QUÉ LAS MUJERES COMEMOS CHEETOS EN VACACIONES?

La siguiente historia, basada en hechos reales, aborda un tópico, que no deja de ser tan cierto, como la vida misma. Es un tema con el que hay que lidiar, inclusive antes de adentrarnos en la transitoria época de la adolescencia de nuestros hijos, que aunque no es grave, de igual manera exaspera y hace aflorar sentimientos de las madres hacia sus hijos, de incomprensión y rabia desmedida, ante acciones virulentas.

El escenario se desarrolla, en una casa típica, con una familia típica, pero que tiene un singular detalle y es que la protagonista de mi relato, por circunstancias atemporales, no tiene quien la ayude en las tediosas labores del hogar, pues sus episodios acontecen durante algún fin de semana extraviado en el calendario, (o durante cualquier día de asueto nacional, toque de queda, paro del Metro, Día de La Zanahoria, de La Uña Acrílica, entre otros) por lo que ella, no podrá contar con ayuda externa y deberá hacer todo sola, (para alimentar a su prole), descartando cualquier posibilidad de salir a comer afuera, porque las calles están desoladas y tampoco hay nada abierto.

Así pues, que este será el cuadro con el que mi heroína deberá toparse, ante alguna de las incidencias antes descritas.

- Má, tengo hambre.

- Hola mi vida, ok, pero por la hora que es, me imagino que querrás almorzar.

- Ehh, bueno sí, supongo. ¿Por qué, qué hora es?

- Casi la una.

- Mmm, guao, dormí full.

- Sí, siempre es así cuando hay vacaciones, se duermen tardísimo y se levantan al mediodía.

Cuéntame, ¿qué te preparo? Hay hamburguesa con pan y papitas ralladas, pollo empanizado con arroz y fideos, pastel de maíz, ensalada. ¿Quieres un poco de cada?

- Sí porfa. Avísame cuando esté listo. Gracias má…

- Okey

Así es como el muchacho se sienta, come hasta la saciedad, repite un par de veces (sí un par más, lo que significa un total de 3 veces), se levanta satisfecho y agradecido por tan deliciosa comida casera, se dirige a su cuarto para descansar el atracón.

Esa misma acción se repite con cada uno de los miembros de la familia, que desafortunadamente no siempre tienen una misma          cadencia en cuanto a sentir apetito, por lo que cada uno come a su aire y ella por ende, deberá dedicarles su atención personalizada.

Pero finalmente, llega el momento más deseado, anhelado, soñado y fantaseado del día, (para la madre obviamente), que es, cuando después que ella termina de servir, volver a servir, calentar, recoger, limpiar, sacudir, lavar, enjuagar, restregar, secar, ordenar, guardar y dejar todo nuevo de paquete, se dispone arrastrada como una culebra, lánguida de cansancio y con las pulsaciones en 50, a sentarse a comer su añorado plato de comida, el que ella vislumbra como si se tratara de George Clonney, a punto de hacerle un streptease.

Se dirige a su cuarto y con un tono de voz apenas audible, le dice a su esposo que ya es su turno de comer, y mientras se acomoda para sentarse, no puede dejar de balbucear que le parece mentira estar a un paso “de ver su sueño, hecho realidad”.

Él le responde “buen provecho”, mientras sigue ensimismado con la programación típica de los días festivos, pero justo en el instante que está por hundirle el tenedor a una de sus porciones, entran como una ráfaga huracanada, dos de sus hijos, quienes la acorralan, cada uno por un lado, para decirle lo siguiente…

- Má ¿qué comes? Qué rico…me das porfa.

- Ay sí, yo también quiero…

Ella cree que es un chiste y se ríe entre nerviosa y asustada, ellos intercambian miradas dudosas y nuevamente el mediano interviene.

- Má, estaba divino lo que comimos. ¿Es eso que estás comiendo? ¿Nos das?

Ella cree que así es como debe sentirse la muerte; una especie de hecatombe física y mental que se apodera de toda su osamenta, llegándose a introducir en cada una de las rendijas de sus agrietados huesos, los que a pesar del desfallecimiento físico y mental; le hacen expulsar una extraña fuerza, que la sacude violentamente y exorcizándola de forma brutal, la empuja a vociferar un gruñido, que dejaría como un gatito minino, al propio Rey León.

- ¿QUEEEEEEÉ? NO ME DIGAN QUE OTRA VEZ TIENEN HAMBRE. NO LO PUEDO CREER.

DANYYYY, ESTOS ESTÁN COMO LOCOS. ME VOY DE AQUÍ, NO PUEDO COMER TRANQUILA.

ES EL COLMO, NECESITO QUE ME DEJEN EN PAZ. SOCORRO, ALGUIEN QUE ME AYUDE… TENGO A UNOS DEPREDADORES POR HIJOS!!!

- Ya má, tranquila, tampoco es para tanto…no dijimos nada. Perdóoooooon, cálmate, respira, relax. Guao, qué fiera te pones…

-¿A ustedes les parece normal, LES PARECE LÓGICO, que no termino de recoger, cuando de nuevo los tengo como unos sabuesos implorando por comida?

¿QUÉ ES ESO? NO ENTIENDO, NO LOGRO CONCEBIRLO. No pueden verme un segundo tranquila, porque de nuevo quieren que los atienda y les dé comida. ¿QUÉ LES PASA? ¿QUÉ TIPO DE SOLITARIA ES LA QUE TIENEN ALOJADA EN EL ESTÓMAGO PERMANENTEMENTE?… ¿HASTA CUÁNDO?, ¿CUÁNTOS ESTOMAGOS TIENEN? ¿ACASO SON RUMIANTES COMO LAS VACAS?

- Ya má, perdón, porfa. No dijimos nada, hazte la idea de que eso no pasó. Tranquila, no queremos nada.

Es entonces, cuando un esposo boquiabierto y desencajado por tanto escándalo, interviene aturdido
- Sí mi vida, relájate. De verdad que no es para tanto. Estás fuera de tí. Creo que te va a dar algo. Tranquilízate, toma aire…
-Toma aire, toma aire… Lo que quiero es TOMAR UN MAZO y partírselos en la cabeza. Te parece normal que ellos tengan hambre otra vez. No sabes lo mucho que comieron. Tú porque no te enteras, viendo la tele indefinidamente. No he parado un solo minuto, UNO SOLO.

¿No te has dado cuenta que hace más de dos horas que estoy desaparecida? ¿Sabes por qué? porque estoy internada en la cocina. Estoy segura que me puedo mover en ella con los ojos vendados, sin golpearme.  Así que cuando ya por fin, creo que terminé, de nuevo aparecen estos famélicos a pedir comida. Quiero la eutanasia.

Ya el esposo, a estas alturas de la conversación, no responde, está en modo automático; la ve, pero no la oye, pues toda su atención está puesta en el programa que estaba viendo mientras ella estaba ausente, y como ya ella ha pasado por esto antes, se enmudece abruptamente y no le habla más. El vuelve su mirada inexpresiva a su gran amor cuadrado y ella desea inmolarlo.

Y así pasa otro día más, en que a pesar del malestar, de los gritos y del desbarajuste emocional, la madre ya no es la misma.
Este ser iracundo, que rugió de manera feroz y draconiana, ya no puede sentarse a comer. Es obvio, el apetito se le evaporó, y a cambio de eso lo que siente es culpa, remordimiento infinito y ganas de tomarse un litro de cianuro para caer desplomada, por haberse dejado llevar por uno de los peores pecados capitales de la historia, la ira.
Que si lo piensa bien, la verdad no era para tanto…ERA PARA MÁS, pero como entre el dicho y el hecho hay mucho trecho y madre es madre y lo demás es aire, finalmente se levanta, lleva su plato sin tocar a la cocina, les vuelve a insistir a “los insaciables” para que le digan qué quieren, y aunque ellos se “hacen los duros”, terminan comiendo, ensuciando, repitiendo y así es, como al final del día, ella no probó bocado (no uno nutritivo) y en cambio de eso, se zampó la bolsa completa de Cheetos, razón por la que siempre termina con las yemas de los dedos anaranjadas, y por supuesto con 3 kilos inamovibles, que son el resultado de las Felices Vacaciones, que pasan todos juntos en familia…

POR ESO LOS CHEETOS!!!

domingo, 31 de marzo de 2013


VANIDAD DE VANIDADES


      Esta historia trata del amigo de un importante rey, Alessio, que quería demostrarle al monarca y a todos los familiares y amigos de éste, una teoría, que desde hacía semanas le robaba el sueño.

La misma tenía como objetivo, hacerles entender, que las personas en general, (unas más otras menos), siempre tienen un interés especial, en aquellas que visten atuendos costosos y aparentan estar muy holgadas económicamente, mientras que quienes no gozan de ciertas comodidades y privilegios, o peor aún, sí tienen una buena posición, pero llevan una vida sin grandes presunciones y no les interesa hacer gran alharaca de eso, a veces pasan desapercibiday hasta son rechazados de manera categórica.

Alessio pasaba días ensimismado, cuando iba de visita al palacio y el rey le preguntaba el motivo de su lejanía. Sin embargo él siempre lo eludía, mientras maquinaba su magistral plan, el que después de eufóricas tertulias con amigos, terminaba cediendo, más por cansancio que por otra cosapues sentía que cada vez se alejaba más, de poderlos convencer.

Hasta que brillantemente se le ocurrió el plan que lo catapultaría a la fama y con el que ya no tendría que seguirse enfrentando más a aquellos que le refutaban continuamente.
Sabía la respuesta para quienes insistían, que la primera impresión no era lo único válido al momento de ser escrutados por los demás, pues también debían ser considerados aspectos como la calidad humana, el coeficiente intelectual y la capacidad de cada quien para destacarse en ciertas actividades, dejando en segundo plano, cosas tan banales como la vestimenta, y todo lo que aparentaba ser meramente superficial.

Así fue como después de haber tramado su impoluto plan, le propuso al rey llevar a cabo una opípara cena en palacio, para demostrarles a todos, que su teoría era irrefutable.

El rey no puso objeción, decidieron la fecha del evento y un séquito de súbditos, comenzaron muy diligentemente a proceder con todo lo que implicaba aquella fastuosa gala, que aunque era sin motivo, tenía una misión, sin lugar a dudas.

Efectivamente llegó el gran día y fueron ingresando a la sala, distinguidas personalidades de las monarquías vecinas, quienes en un auténtico acto protocolar, se iban adentrando para ocupar sus puestos, mientras esperaban por el rey y su esposa.

Pero ocurrió algo inesperado. 
Cuando ya todos los comensales estaban en el gran salón, un hombre de aspecto muy sencillo, que no estaba acorde con el resto de los invitados, ingresó a la sala preguntando por el rey, pero los hombres de seguridad, que custodiaban la entrada, no le permitieron el paso.

El insistía explicándoles, que era un amigo muy cercano de éste, pero no logró llegar a él. Consiguió incomodar, por algunos minutos a los invitados, que comenzaron a murmurar acerca de aquel ser enigmático que nadie conocía y que después de varios forcejeos, fue obligado a salir de ahí, prácticamente empujado.

Al cabo de una hora, y habiéndose iniciado la cena, apareció Alesio, ataviado con sus mejores galas y pidiendo disculpas por su demora.

Saludó, ocupó su puesto en la mesa y una vez que le sirvieron el primer plato, hizo algo, que dejó atónitos al resto de los comensales; comenzó a introducir sus acicaladas mangas, dentro de aquel platillo, ensuciándoselas por completouna y otra vez.

Varios de los invitados, preguntaron extrañados, qué pretendía con esa acción descabellada y fue entonces cuando Alessio muy
taimado, respondió lo siguiente: “Alimento a mis mangasEs gracias a ellas, que ustedes me reciben y me respetan, no soy yo, quien merece esta comida, sino mi atuendo.
Cuando hace una hora, estuve aquí mismo, vestido de manera sencilla, ni siquiera me dejaron presentarme, por lo que tuve que abandonar el recinto, ya que mi traje no era el adecuado, para estar en vuestra compañía. No importa mi título nobiliario, sólo mi aspecto y si soy gracias a él, digno de respeto.

Quiero que sepan, que he comprobado mi teoría favorablemente, aunque sea dolorosa.
Todos ustedes, son vanidad de vanidades… Sólo honran, lo
que creen que merece la pena como primera impresión, pues lo que cada uno de nosotros vale como persona, al parecer no importa, por lo menos no tanto, cuando el empaque pasa desapercibido…"

domingo, 24 de marzo de 2013


ME   ENCANTARÍA DECIR TODO LO QUE ESTÁ EN NEGRITAS



PRIMER CASO

-No sabes lo exquisito que me quedó el soufflé de espinaca y queso. Te lo juro que en mi vida me había salido tan rico. Además es facilísimo, una tontería. Se hace en 12 minutos. Todos en mi casa, se volvieron locos felicitándome…

-Qué divino. Amo los soufflés; y el de espinaca y queso es uno de mis favoritos.  No sabía que cocinabas tan bien. Yo en cambio no sé hacer gran cosa. ¿Me darías la receta?

-Ehhhh bueno, no me acuerdo muy bien de los ingredientes… ¿Qué más, qué hiciste el fin de semana?

- No mucho, fuimos al cine… pero con respecto al soufflé, si no tienes los ingredientes, no importa, cuando llegues a tu casa porfa me buscas la receta y me la das, ¿te parece? Es que tengo una cena este viernes y si es tan fácil de hacer, me encantaría prepararlo…

- Bueno, déjame ver. No te prometo nada. Si quieres te hago uno y te lo llevo...

-No vale, ¿cómo me vas a hacer uno? lo que quiero es aprender. Que me expliques cómo se hace y los ingredientes que lleva… De verdad que me da pena que me lo hagas.

-No hay problema, yo te hago uno. Además, hasta que consiga la receta, que no sé ni dónde la puse, se me va a ir todo el día.

-Pero entonces, ¿cómo pensabas hacerme uno, si no te acuerdas de los ingredientes y no sabes dónde está la receta?

- Jeje, claro, tienes razón. Bueno tarde o temprano la encontraré…

-Aja… ehh… no sé por qué siento que no me la quieres dar.

-¿Sabes qué? te voy a ser sincera, la verdad es que no doy recetas. Esa es de una amiga, a la que le juré que jamás se la daría a nadie. Sorry amiga. Si fuera mía te la daba cien por ciento, pero se lo prometí y no puedo fallarle…

A estas alturas de la conversación, tu pacífica respuesta, sería “tranquila, no te preocupes”, para no hacer una batahola de aquello que te fermenta cada una de las plaquetas que conforman la sangre que irriga tu cuerpo, pero eres tan polite, que te ahorras el auténtico argumento que le arrojarías como un puñado de pedruscos en su carita de “infeliz”, y así es como te quedas con las ganas de decirle lo siguiente:

-Ya veo. Entonces seme más sincera y dime a la primera que no das recetas. No está bien que te ufanes diciendo, lo bueno que te quedó el soufflé y lo fácil que es, para después cambiarme el tema, mientras crees que me esquivas, hablándome "del Rey Pepino".

Si no compartes recetas, deja de ser tan ridícula, no alardees para que no provoques con tus comentarios a las incautas que como yo, te piden algo, que de antemano ya tienes pensado no dar.

Si estás temblando, porque alguien más se lleve los créditos "de tú receta", desarrolla otras cualidades, con las que te destaques, para que esa no sea la veintiúnica, con la que puedas sentirte “virtuosa”.


SEGUNDO CASO…

-Quería comentarte lo que me dijo Erika.

-¿De qué?

-¿Ah no supiste?

-No, ¿de qué me hablas?

-Bueno, mejor entonces no te digo nada. La verdad es que no habló muy bien de tí y no sé si decírtelo, porque te va a doler.

-Perfecto. Si es como dices, prefiero no saberlo. Mejor ahórratelo. No quiero enterarme de comentarios destructivos.

-Aunque ahora que lo pienso, sí deberías saberlo. No lo opina ella sola, yo también lo creo y muchas de las amigas que te conocemos…

Sigues haciéndote la inquebrantable en contra de todo pronóstico. De nuevo maquinas concienzudamente lo que te fascinaría rugirle casi sin respirar, pero una vez más te silencias, dejando pasar sus puñetazos virtuales, que te nockean, (aunque no se lo demuestres) y esto que leerán a continuación, es lo que le dirías, sin importar sus consecuencias.

¿Quieres saber algo? Prefiero ignorar cualquier lanza afilada que tenga como única meta derribarme. La última vez que quisiste ser tan sincera conmigo, diciéndome que no te encantaba el vestido que me estrené para la civil de Melissa, me dejaste toda la noche acomplejada, pensando en lo mal que se me veía. Recuerdo que ni siquiera te pedí tu opinión.
Prefiero que no seas tan transparente y que si Erika es quien opinó esta vez algo de mí, y tú como siempre tan bella, me quieres hacer el favor de hacérmelo saber, te digo de una, que me quedo como estoy, desconociendo cualquier comentario non grato acerca de mí.
No seas tú de nuevo, el emisor que no edita y que mientras más cosas malas oyes de mí, más ganas tienes de venir corriendo a contármelas.
Sé discreta, pero sobretodo “bondadosa”, no disfrutes haciéndole daño a los demás, pues tus comentarios malévolos, son exactamente el reflejo de tu alma impía y putrefacta.
Aunque no hayas sido tú quien los dijo, te hacen quedar peor que a la propia victimaria.


TERCER CASO

-Hola gorda, qué bueno que te veo. Te debo el regalo… qué pena siempre te digo lo mismo, pero es que…

a) me fui de viaje

b) no te he visto

c) me dio conjuntivitis

d) se me fue la muchacha

e) me quedé sin celular

f) el perro se comió la alfombra y le dio culebrilla “perruna”

-Tranquila, de verdad que no te preocupes. No pasa nada.

- Para la próxima te lo doy, sin falta... cambié de cartera y no lo tengo conmigo.

Este es uno de los 3 casos, en los que a pesar de querer decirle un improperio que la deje hemipléjica, te aguantas, porque tú en algunos casos aislados…eres peor que ella, sin embargo, te encantaría disfrazarte de “pregúntame si me importa” y ladrarle lo siguiente:

No seas imbécil, ¿cuántas veces te vas a topar conmigo y me vas a decir la misma ridiculez? ¿no te da pena usar esa misma frasecita gastada y repetida? ¿Quién te está pidiendo ni regalo ni una porra?
Quédate tranquila y no vuelvas a pronunciar en tu vida, que me debes nada; ese showcito paupérrimo te queda fatal y la verdad te digo, que cuando te veo venir, se me baja la tensión de imaginarme que de nuevo vendrás con la misma verborrea esa, que lo que me da es grima y ganas de salir corriendo…


Con qué ganas le diríamos a toda esa gente, aquello que está en negrita!!!






sábado, 16 de marzo de 2013


SEÑORA PORFA: SI SALE ME COMPRA UNA TARJETICA MOVILNET

   
 Esos días de semana en los que te quedas en la casa en plan "relax", (tipo 3 de la tarde), y tienes en mente leer, meterte en internet, o en algunos casos aislados, tomar una recuperadora siesta, son días, en los que te encantaría creer que por nada del mundo dejarás de hacer lo que tienes planificado, aunque no sabes por qué, siempre te asaltan tus dudas.
Sabes que ese sería tu anhelo más ferviente, pero tienes un extraño Deja Vu, que es el que empaña tus propósitos, sin embargo te sacudes esas ideas de la cabeza y vuelves a retomar tu plan inicial.

Así es que te acomodas la laptop frente a ti, gradúas el aire acondicionado para que esté en perfecta consonancia con tu clima corporal y piensas, esbozando una sonrisa, que tus hijos están en sus múltiples actividades extracurriculares, lo que te permitirá disfrutar de tus interesantes quehaceres vespertinos, sin que nada ni nadie, te trunque los planes.

Pero pasa algo que te desconcierta.
Te suena el celular y es como si sonara la alarma de tu despertador a la 5.30 am un día domingo.

Se trata esta vez, de uno de tus hijos, que te llama para decirte que por favor lo vayas a buscar, porque se canceló su clase de básquet.

Tratas de negociar para que espere, hasta que se haga la hora de buscarlo, pero al parecer nada lo convence.
Lo chantajeas de mil maneras, para que te deje descansar y le prometes, desde llevarlo 3 días seguidos a comer sushi a su restaurante favorito, hasta ir a ver juntos la película en el cine, que hace semanas le prometiste.

Te vales de todos los artilugios jamás imaginados, con tal de que te deje unas horas     tranquila, pero un: "No má, porfa búscame", es lo único que oyes por respuesta.
Das un leve manotazo en tu cama, (para drenar tu molestia) y resoplando más duro que los toros de Pamplona, decides que no te queda más remedio que ir por él.
Cuando apagas la compu y estás a punto de salir, la camaleónica mujer de servicio, "muy modosita ella" te dice que si le puedes comprar una tarjeta prepago Movilnet.
Un líquido que comienza a subirte como una ráfaga caliente por tu esternón, (en respuesta a la rabia por el giro de planes), se ve intensificado, con esta nueva petición.

No hay una sola vez, que salgas de la casa y ella no te pida algo.
Pasta dental, tarjetas prepago, desodorante, pan canilla, manzanilla, toallas sanitarias. Siempre necesita algo.
Ya le has lanzado la punta, de que por qué si tiene los fines de semana libre, no compra lo que necesita, pero mientras se da la vuelta y balbucea para sus adentros, lo único que te atreves a decir es, "ok, dime qué te hace falta".

Es insoportable tener que bajarte en todos los kioskos a preguntar si venden la escurridiza tarjetica y que solo recibas puras negativas, de boca de sus apáticos vendedores, así que cuando la consigues, desmantelas el kiosko.
Y es que si te apareces sin ella, adivinas que la cara de la mujer, acompañada de una actitud quejumbrosa, serán apenas el comienzo de una tarde salpicada de matices amargas, que te convertirán el día en el más insoportable de todos.
De solo adivinar lo que se te avecina, decides buscar de manera frenética la tarjeta; incluso más que el block cuadriculado que te pidió tu hijo hace 2 días, de hecho más que el pan para shabat que te solicitó tu mamá, aún más que la constancia de estudios que hace 5 días te encomendó tu esposo para la embajada americana.
Todo se puede postergar y siempre tienes la excusa perfecta, para acallar las quejas de tu familia, pero nunca para ella. De eso ni hablar.
La tarjetita de Movilnet de 60 Bs, para que la "madame" se encierre en su cuarto a charlar animadamente, no puede esperar, ni aunque se caiga el mundo.

Eso es algo que deberás hacer, y que será tu prioridad, aún por encima de cualquier necesidad básica.
Te preguntas de forma desesperada, cómo llegaste a ser tan complaciente con ella, cuando la fama que te has ganado a pulso, ha sido de indiferente, olvidadiza, despistada y hasta de irresponsable.

Es impensable que ella pueda lograr, que te tambaleen las piernas y el corazón te dé un vuelco abismal, ante cualquier petición que te haga.
Estás consiente que es inaceptable que ella te domine en cuerpo y mente, así que mientras vas manejando para buscar a tu hijo y analizas el comportamiento de esta mujer que te "coloniza", decides no darle nada y te haces el firme propósito de inventarle cualquier excusa, con tal de escabullirte.

Llegas sudando frío a tu casa, y antes de subir a tu apartamento, comienzas a practicar el speech con el que lograrás salir airosa de cualquier cara larga que te plante.
Juras no titubear, ni mucho menos justificarte.
Le dirás un escueto, "no te conseguí la tarjeta", pero no sabes, por dónde empezar, sin que aquello te arruine el simulacro.

Pero una vez que llegas, y te la topas cara a cara, sacas de tu billetera, una de las tantas tarjetas prepago, que al final compraste.
Era obvio que el cuadrito se te repetiría en el futuro más cercano, y que el disfraz ese de querer parecer más recia que Dwayne Johnson The Rock, tarde o temprano se te caería.
Sabías de antemano, que jamas le darías un NO por respuesta.
Se la extiendes derrotada, (sin mediar palabra) y una vez más te convences, de que ella ganó la batalla, de manera invicta.
Puedes con todo, menos cuando Kafka hace de las suyas y La Metamorfosis se apodera de ella, transformándola de Bella en Bestia.

Sin embargo, no te quedas con eso.
Es una lucha contigo misma que casi nunca te deja complacida. Es como el Yin y el Yang, Gualberto y Barreto, Cruz y Raya, Thelma and Louise.

Es insufrible saber que ella te gobierna, y que cuando abre la boca, sales arremetiendo contra cualquier barricada real o virtual, con tal de complacerla.
¿Qué haces entonces para mantenerla contenta y que aquello tampoco parezca que le temes?

Ni idea. Me encantaría saberlo, pero no.
Si alguien me sabe explicar, con argumentos válidos y convincentes, cómo dar un no por respuesta, (a la persona que te hace todo en la casa) y que aquello no sea malinterpretado por ella, me gustaría que lo compartiera conmigo.

Ahora bien, si es más de lo mismo... "Si se pone brava, que se ponga", "que se aguante con tu respuesta", "si no le gusta que se vaya", entre otras disque soluciones, por favor pido que se abstengan de dármelas.
Ya esas me las sé de memoria, y aunque crea que son las únicas que funcionan, definitivamente me quedo como estoy.

Ya para finalizar, les recomiendo sopesar lo siguiente: es preferible sacrificar un poco, a cambio de tenerlas ahí.
Eso de dárnoslas de gallitas, de comportarnos como unas führer, para que a los 2 meses salgan despavoridas, no lo veo muy claro.

Si las amigas opinan que estás completamente "a sus pies" diles que sí y sígueles la corriente, pero entonces que no te sigan pidiendo con "cara de puchero" que por favor les consigas una mujer de servicio, “porque se están muriendo, por tener que hacerlo todo ellas solas”.
Ya sabes por qué no les duran y aunque eras "una de ellas", muérdete la lengua, a cambio de ciertas comodidades.

Una tarjeta Movilnet, entre otras nimiedades...no son fin de mundo!!!

lunes, 11 de marzo de 2013


LAS CREME BRULLE NO SIEMPRE SABEN DULCE


Era el cumpleaños de Anita y las mejores amigas se iban a reunir a tomar cafecito, en la panadería predilecta de todas.

Hablarían, mejor dicho, despellejarían hasta las piedras y se morirían de la risa, mientras sorbieran muy felices sus espumosos cafés con leche y una caracola de chocolate, (odiaban las de pasas.)

Llegaron una a una, y se fueron acomodando en las sillas que jalaban de otras mesas, a veces sin preguntar si sus clientes las usarían.

Después que las 5 rodearon la suculenta boulangerie, esperaron ansiosas sus bebidas.
La primera en hablar fue Reina, quien lanzó como al descuido, lo mal que se veía Jenny, desde que se había separado de Bernardo.

De la noche a la mañana le había dado por tomar, aunque ella le hiciese creer a todos, que era únicamente para celebrar su soltería.

Ella decía que eso le duraría sólo el guayabo del despecho, pero cada vez, se volvía más seguida, su dependencia a la bebida.

Al principio tomaba vinito, pero le mancillaba los dientes, así que empezó con uno que otro whisky que diluía con agua, porque era lo que más rápido la ponía "contenta".
Se metía en el jacuzzi con su buen vaso de Buchanan’s, y "campaneaba divertida" mientras tatareaba "Una noche de copas, una noche loca".

Todas hurgaron su dedo en aquella llaga, exclamando, que no podían creerlo, pero de nuevo Reina acaparaba la atención, retomando el hilo de la conversación.
"Les cuento amiguitas… según las malas lenguas, era normal que el hombre la abandonara, la mujer no lo dejaba ni a sol ni a sombra y era una pesadilla entaconada que se le presentaba en la oficina, en reuniones de negocios y dos veces en viajes que hizo por business.

¿Cómo es eso? preguntaban todas con ojos de plato.

Pues según mis fuentes, la loca de Jenny, no contenta con sorprenderlo en su oficina, se enteraba por la secretaria, de los viajes de negocios que tenía agendados y rápidamente se movilizaba hasta "desear" pillarlo con su amantucha de turno.

Si él le daba parte de su itinerario, jamás le creía.

Tenía que cerciorarse con Juana (una secretaria bien entrada en años), de que sus viajes por negocios, eran tal cual, como él se los describía.

Pero nunca lo agarró. Increíble o no, nunca le descubrió nada turbio.
Sin embargo vivía pendiente de él, de cada uno de sus pasos.
Encendía la "grabadora mental" y buscaba de manera enfermiza, poderle atrapar alguna injuria o alguna contradicción, con la que pudiese saltarle encima.
Lo atacaba con puntillosas preguntas que lo desconcertaban. ¿Por qué hueles a cigarro si no fumas? ¿Tomaste?, ¿con quién? ¿Te estrenaste esa camisa? Pensé que te la pondrías conmigo.

Necesitaba exasperarlo, presionarlo.

La inseguridad la volvía un ser despreciable, aunque él no diese indicios de serle infiel.

El tipo que no era muy guapo, pero con mucho charming, era blanco de miradas y de coqueteos descarados, por lo que ella aseguraba, que le montaba los cuernos.

Jenny se le lanzaba encima, por cualquier motivo que ella consideraba "engaño", y le gritaba, cayéndole a cachetadas descarriadas. El se armaba de valor y la apaciguaba con palabras dulces, a la vez que le acariciaba el pelo. Lamentablemente ella malinterpretaba esas acciones, buscándolo más íntimamente, y entonces él discretamente se apartaba, hasta que ella lograba conciliar el sueño.

Interrumpió Ana. ¿Cómo es eso de que ella le había descubierto engaños extramaritales, si hasta ahora nos cuentas que el hombre se portaba como un gentleman? ¿Por qué quería pillarlo con otra?¿Por qué él la rechazaba?

Quise presionarla un poco, pero nunca me habló claro. Sólo me hacía creer que el tipo era un desvergonzado, que a diestra y siniestra tenía amantes, aunque disimulara con su actitud intachable.

Hasta que pasó algo, la vez que le llevé la tarjeta de matrimonio de mi sobrina.

Jenny me pidió que subiera al apartamento, porque tenía una mujer (que cocinaba como los dioses), que acababa de hacer el postre preferido de él. Así que por más que odiara hablar con ella, (cuando sonaba como un radio gastado), no me pelaba mi buena porción de Creme Brulle.

En cuanto llegué, lo primero que me enseñó fue el mensaje del celular que le envió, recordándole su aniversario de casados. No me acordaba que se hubiesen casados, pero para no interrumpirla, me respondí diciéndome, que seguro no éramos amigas cuando ellos se unieron.

Le había escrito que no llegara muy tarde, para salir a cenar, pero él le dijo que no, porque había quedado con un proveedor de China.

Ella, que tenía esa manía de no creerle una letra, le insistió de mala manera, y fue cuando lo llamó y le dijo, que si se iba con su prosti, se lo dijera de frente.
Le pedí que dejara de acusarlo sin una prueba. Que dejara de acorralarlo y de hostigarlo, fue entonces cuando me enseñó una conversación en el celular, que me dejó muda.

Mientras buscaba enloquecida el mensaje revelador, que lo dejaba al descubierto, me decía que estaba harta de no poder contar con él, ni siquiera para las fechas memorables. Soy su esposa, me decía gritando por toda la casa. Me debe respeto.
Era entonces cuando salía la mujer que le trabajaba en la casa, tratándola de calmar con una pastilla, que ella tomaba sin chistar.
Aquí está, me dijo con una extraña euforia que terminaría en llanto. Lee esto.

"Hola mi vida. Apenas llegue a Caracas te busco para ir a cenar. Tengo tantas ganas de verte, que cuento los minutos. Por fin solos tú y yo. No aguanto más mi situación. Es invivible. No la soporto, cada día está peor, pero no puedo dejarla. Lo juré y no puedo romper mi promesa. Estaba deseando más que nadie, que llegara este día de hoy. Dejar esta locura que me aturde y perderme en tus brazos, en tus besos cálidos y en tu aroma. Te necesito. Tengo que terminar con esto... Pensé que mejoraría con el tratamiento, pero cada vez es peor".

A partir de esta maldita carta, que lamentablemente me encontré en su celular hurgando, empecé a tomar. No podía creerlo. Quería morirme, suicidarme.
Sé que viaja mucho por negocios, así que debe tener alguna mujerzuela que lo espera y lo llena de mimos, (que a mí siempre me niega). Es terrible sentirse despreciada. No lo soporto.

Quise que me explicara, a qué se refería él en esa carta, cuando se quejaba amargamente del tratamiento de ella y de que cada día estaba peor, pero ella le restó importancia y me cambió el tema magistralmente.

Siguió contándome…

Salí de ahí como pude, agarré mi carro y en 8 minutos estaba en el maletero de mi estacionamiento. Tuve la suerte de encontrarme con la mitad de una botella de whisky que quedaba de su cumpleaños número 52.

Las llamadas entrantes, (que eran de él, pero que no me daba la gana de atender), me interrumpían la musiquita que tenía almacenada en el celular y que oía mientras tomaba, así que de la rabia, terminé estrellándolo contra la pared.

Esa misma noche, cuando pude abrir los ojos, lo vi a él tratando de levantarme. Logré conseguir el celular para buscar el mensaje que me había descompuesto el día, pero estaba hecho añicos, la pantalla rota y la carcasa partida.

No hubo manera de enseñarle la prueba acusatoria.

Imagínense amigas, que todo esto me lo contó llorando, con el trago en la mano, mientras yo, me comía sin pestañear, el postre, que ese día por primera vez en la vida, me supo más amargo que un radicchio.

Le dije que tenía que deshacerse de él, por más enamorada que estuviese. Que él la estaba menospreciando y que lo que ella sentía no era amor, sino obsesión.
Ella me decía que yo tenía razón y me seguía la corriente, mientras sorbaba su whisky.

Salí un poco abrumada de su casa, pensando en cómo se le había escapado a mi amiga Jenny, su matrimonio de las manos, pero casualmente, cuando llegué al sótano, me encontré a Bernardo.

Un poco cortada por aquel encuentro, lo saludé algo parca y él se sorprendió de verme, pero después que se repuso, me dijo que se alegraba que fuera a visitar a Jenny.
Por la cara que yo traía, intuyó que algo no andaba bien y me preguntó, qué me ocurría. Le dije que nada, con una sonrisa fingida. El indagó y le dije que veía muy triste a Jenny, así que en 3 minutos le largué, la mala vida que llevaba, a causa de la infidelidad de él.

Después que terminé de hacerle esa confesión, me miró fijamente a los ojos y me dijo algo, que hasta el día de hoy no he podido superar.

Si bien a ella la había dejado dormida, encima de sus propias lágrimas, oliendo a alcohol, y en ese estado deplorable, él, en tan sólo 10 minutos, me hizo cambiar, toda la pésima imagen que me había hecho de él.
Incluso, cualquier acto ominoso que lo implicaba, dejándolo a la altura del betún, se había visto anulado, después de aquel discurso.

Y es justamente lo que les quería contar.

Resulta que Jenny no era su esposa. Ni siquiera su novia.

Era su hijastra, que se enamoró de él, estando aún casado con su madre.

Eleonora, había muerto de una enfermedad incurable y le dejó a su hija a cargo, después de 22 años de matrimonio.

Jenny, fue producto del primer matrimonio de su madre, con un hombre que sufría de esquizofrenia y de depresiones severas.

Después que Eleonora se casa con Bernardo y fallece, Jenny, una mujercita de 25 años, toma las riendas y presume, que ella hará las veces de esposa y madre de los posibles hijos, que siempre soñó darle a Bernardo.

El, que ya sospecha lo que se le avecina, y viendo el comportamiento extraño de Jenny, le paga un tratamiento carísimo con un siquiatra de renombre, pero a pesar del tratamiento y del pastillaje, ella está cada día peor y se refugia en la bebida.

El no puede tener ninguna pareja estable, porque ella le desbarata cualquier posible unión.

Sin embargo él, es un hombre de palabra y promete no abandonar a la hija de su esposa fallecida, así que se va de viaje cada quince días para distanciarse un poco de ella y es cuando le contrata a una enfermera, que hace las veces de mujer de servicio.

Le hace creer que tiene a una mujer de la que está enamorado, escribiendo un mensaje en el celular, que en realidad no tiene destinatario.
Como sabe que Jenny hurga entre sus cosas, está seguro que se topará con este mensaje inventado, que al final cumple su cometido; dar por hecho que él tiene a alguien, logrando que ella se desilusione de él y lo considere un caso perdido.

El necesita recobrar la paz y la tranquilidad, que le fue arrebatada, a raíz de la desaparición física de Eleonora.


Al final mantiene una conversación con Jenny, acompañado del siquiatra, para explicarle que tendrá que aceptar, que él siempre la verá como a una hija.

Aunque él desea seguir a cargo de ella, el siquiatra Nicomedes Blanco, le recomienda separarse físicamente de ella, porque es contraproducente y en vez de mejorarla, la empeora.

Por eso el día que la fui a ver, entendí que Bernardo, sólo estaba de visita.
El finalmente encontró la paz, después de tantos años de sufrimiento…