sábado, 29 de junio de 2013

CHOCOLATEANDO

Esta no es una amiga,
es más bien una desconocida.
Coincidimos un día en el pasillo,
del Súper que está en el Hatillo.
Estábamos entre los Pirulines
y la caja de los Boleros.
Ella decía que en el cine
se comía los paquetes enteros.
Me daban ataques de risa,
pensando que yo hacía lo mismo.
Salía del cine vomitando
por el exorbitante "consumismo"
Terminamos las dos con una taza,
de caliente y espumoso café
y por supuesto con una gran dona,
rellena de choco y glazé.
La cuestión es que nos divertimos,
hablando de lo bien que se pasa,
comiendo como unos simios,
chocolates, dulces y masa.
Ella era bien rellena,
pues comía como una ballena,
a mí lo que me salvaba,
era que me saltaba la cena.
Pero sin lugar a dudas sabíamos,
que el chocolate recorría nuestras venas,
y las 2 en común concidíamos
que la verdad es que te quita las penas.
Te puedes resistir ante todo,
pero jamás a un buen chocolate,
podrás hablar por los codos,
de que estás en dieta y Pilates,
pero ante un crujiente bocao,
de un rico bombón "empringao"
no pondrás resistencia "chalao"
y que viva por siempre el cacao.

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