sábado, 29 de junio de 2013

NARNIA NO ES SÓLO UNA PELÍCULA…


 

 

El hecho de soportar horas de pie, para pagar tickets de estacionamientos, para sacarnos la cédula, las cejas, renovar el pasaporte y el certificado médico (mentira, ese siempre está vencido), parecieran actividades de nuestro día a día, que disfrutamos al máximo.


Perder una mañana enterísima, (o una tarde) en una tienda, en la carnicería, en la farmacia, en el banco, abajo de tu edificio para abrirle a la mujer de servicio, en la peluquería o en el supermercado, me da la impresión, que no nos hace ni coquito.



Y es que aunque resoplemos, miremos el reloj miles de veces, pongamos caras de aburridas y hagamos comentarios con nuestros compañeros de cola, nada se compara con la apatía que nos envuelve en su halo, cuando esa misma actividad, nos toca desarrollarla frente a nuestro closet, con el único fin de remover ganchos de derecha a izquierda y viceversa, a ver "qué rayos me voy a poner".



Pareciera que todo ese traperío que tenemos, entre camisitas, suéteres, bluejeans, pantalones y faldas, nos estuviesen contando el mejor chisme del mundo, porque pasan los minutos y seguimos atornilladas en el mismo lugar, hasta conseguir la pinta del día.


Recorremos un total de 4 pasitos a la derecha y 4 a la izquierda, pero siempre en el mismo perímetro, con tal de pescar el atuendo ganador.


Es una actividad, extenuante e insoportable. Si estamos solas, eureka, nadie nos presionará, salvo el tic-tac del reloj, que con cada minuto que pasa, nos recuerda lo tarde que estamos. De resto, tú y tu batiburrillo de telas, texturas y hechuras.



Sin embargo, cuando algún personaje de nuestro entorno, entiéndase, novio, marido, amigo con derecho (o izquierdo), madre, hermana, amiga, hijos o presidente de la editorial que va a editar tu libro, es quien nos espera, supones que la "tertulia que tienes con Narnia" tendrá que culminar enseguida, porque ninguno de ell@s va a esperar que mademoiselle escoja algo trendy, para ponerle fin a su largo lapso de acicalamiento.


Lo más impresionante es, que hace nada llegaste de la meca del shopping, (Miami, New York, Spain o Italy, helloooo) y te trajiste 4 maletas repletas de trapitos mortales, que van desde bermudas, hasta pestañas postizas.

Podrías vestirte durante un año, repitiendo 0,03% de las veces, pero eres tan poca vergüenza, que todavía tienes la carota de decir "osea, no tengo nada que ponerme, siempre estoy con lo mismo".


Y es que si tu marido no te ha saltado encima, para asfixiarte con tu pashmina preferida, es porque estás casada con la sucursal de la Madre Teresa de Calcuta y sus instintos asesinos están bajo control.



Te confieso, que aunque soy una fiel copia tuya (querida amiga virtual) y como nosotras, todas las féminas del planeta, me voy a tomar el atrevimiento de decirte, que por más abatida que te sientas, por creer que ninguna de las prendas cumplirán su cometido, no disertes más la pérfida frase de "Ay gordo, no tengo nada que ponerme. Busco y busco y no veo. Creo que necesito ropa".



Si tales palabras mortíferas, llegaran a ser pronunciadas, te cuento que acabas de firmar tu sentencia de muerte, con el diablo de testigo, lo que seguramente te traerá como consecuencia, una patética verborrea absurda y descontrolada, sobre lo abusadora que eres.


Decirle eso a un hombre, que se gastó hasta la tinta del bolígrafo, firmando vouchers a diestra y siniestra, es como cuando la muchacha de servicio te dice, justo después de la quincena: "señora, tengo que hablar con usted".

Es una frase devastadora, que trae consigo sus secuelas y que tiene la particularidad de caer como las bombas que cayeron en Hiroshima o Nagasaki, provocando un alto nivel de desolación.

Cerciórate, una vez que la pronuncies, de que tu marido no tenga algo contundente a la mano, porque esa podría ser la primera vez, que saliera a relucir el asesino a sueldo, que todos los hombres llevan por dentro, dejando al propio Ilich Ramírez, como el Topo Gigio.

Estemos conscientes, que aunque eso de permanecer minutos delante de nuestro vestier es un rito y por ende es un tema que merece de toda nuestra atención, también deberíamos considerar, que aquel trance, no puede durar más de 10 minutos. Un minuto más sería letal y motivo de sobra, para desencadenar peleas, riñas y trifulcas conyugales.


Si atraviesas ese lapso de tiempo, estarás como en un limbo y te dará lo mismo que tus hijos estén trepándose por las paredes, la mujer de servicio esté insufrible, la conserje toque el timbre para que le des su regalo de diciembre o el estruendo del intercomunicador te avise, que por fin llegó el plomero.


Nada de lo mencionado te hará regresar a tu estado normal, mientras te dejes atrapar por los fenómenos sobrenaturales de tú armario.

Recuerda que Narnia, no es sólo una película…es tu día a día, te guste o no.






 

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