martes, 2 de julio de 2013

TODO EN ESTA VIDA...TIENE UNA RAZÓN DE SER

Aquell@s que se las saben todas más una, que se creen l@s dueñ@s de la verdad, que su palabra es la última y que parlotean con un desparpajo de manera altiva y presuntuosa. A toda esa gente que no tiene un poco de humildad, que carece de simpleza y que pisotean con ademanes, con muecas y finalmente con comentarios hirientes y tajantes a sus interlocutores, a todos ellos les digo sin tapujo, que me caen gordo. Que aunque no les importe lo que muchos opinemos de ustedes, deberían saber que son insoportables, insufribles e impertinentes.

Sería bueno que entendieran de una vez, que es contraproducente ir por la vida restregándoles a los demás mortales que son inaccesibles y bien sea por su físico, coeficiente intelectual, carrera universitaria, ingresos, percha o todas esas juntas (si es que son tan sortarios de gozar de tantos beneficios), que debería existir una ley que les prohíba ser tan petulantes y soberbios, multándolos en caso de infringirla.

¿A qué quiero llegar con todo esto?

La otra vez mi amiga Rita me comentó, que su hijo de 8 años, quien cursaba el mismo grado que el hijo de Doña Perfecta, ("Celina" para los efectos), se había hecho muy amigo del hijo de ella.

Los niños jugaban en los recreos, hacían trabajos en equipo, almorzaban juntos y un buen día, el hijo de mi amiga Rita, Tomy, le pidió a su madre, invitar a Eric a su casa.

Mi amiga aceptó encantada, pues su hijo se veía contento cuando se montaba en el carro y le contaba entusiasmado, lo bien que la pasaban juntos.

Sin embargo, cuando mi amiga fue a buscar a los niños, (según había acordado con Celina), vio que su hijo se encontraba solo y tenía una actitud quejumbrosa.

Se acercó para preguntarle y él respondió que Eric no podía ir, porque tenía cita con el dentista.

Rita le dijo que no se preocupara, que eso no quería decir que rechazaba su invitación y que ya se darían más oportunidades para invitarlo.

Se extrañó, pero no se lo hizo ver a su hijo. Si ella ya había quedado con la tal Celina, ¿por qué esta no le avisó, que el niño no iría? 

"Me di cuenta que mi hijo lloraba en silencio y que Eric se montaba en una camioneta con otros 10 niños, quienes entusiasmados gritaban" ¿Eric, qué película vamos a ver por tu cumple?"

Entonces entendí, que además de rechazar la invitación, (con una mentira trillada), también era su cumpleaños y Tomy no había sido invitado.

Pero lo peor fue, cuando mi hijo me dijo, que el mismo Eric le confesó que su mamá no quería que fuesen amigos, porque ella insistía "que no le gustaba nada ese amiguito tan poca cosa, que tiene una mamá tan mal vestida".

Yo la verdad no salía de mi asombro. Me preguntaba cómo se podía ser tan cruel y aunque traté de disimular, no podía dejar pasar aquello, que ya no sólo me ofendía, sino que estaba menoscabando la personalidad del niño.

No entendía el ensañamiento que ella pudiese tener en contra  mía o de mi hijo. Me preguntaba por qué se comportaba de esa manera, si ni siquiera la conocía bien y jamás habíamos tenido un impase.

Quise dejar pasar el incidente, pero al cabo de unos días, pedí hablar con la coordinadora del colegio. La verdad es que no pude aguantarme más y me planté para exponerle el motivo de mi rabia.

Le conté todo lo que había pasado entre mi hijo y el hijo de esta señora y después que la coordinadora Mercedes me escuchó muy atenta, me dio la razón.

Me dijo que nos reuniría a las dos para enfrentarnos y lograr que Celina me aclarara el motivo de su desprecio.

Llegó el día de nuestro encuentro. Yo llegué unos minutos antes de la hora pautada y esperé en el despacho de Mercedes a que llegara mi contrincante. Doce minutos más tarde, llegó Celina con un aire desenvuelto e irradiando una seguridad molesta.

Impecable de pies a cabeza, llevaba una cartera de diseñador y unos tacones que de verlos, me dieron vértigo.

Se sentó, pidió disculpa sin ver a nadie y con un aire de presunción dijo: "Mercedes, sabes que soy médico y no puedo perder tiempo con lo ocupada que estoy. Siempre digo que las ridiculeces por las que se pelean los niños, son justamente eso, nimiedades a las que no hay que prestarles atención. Odio a esos padres que se meten en cuanta rencilla escuchan de boca de sus hijos y pretenden que con eso, lograrán darles la seguridad y la autoestima que necesitan para crecer. Si supieran lo equivocados que están.

Claro, muchos de esos padres no tienen carreras universitarias y por supuesto carecen de sentido común para saber cómo educar a sus hijos."

Se dirigió a mí con despotismo y muy sarcástica me dijo: "Supongo que usted no es una de ellos."

Me quedé de una pieza y balbuceando le dije, que sólo quería saber el motivo de su crudeza, pero entonces ella me cortó y prosiguió diciendo: "Los niños se pelean y se arreglan en cuestión de minutos. Creo que lo mejor es no darles importancia a cosas que no lo merecen."

Mercedes y yo la escuchábamos atónitas e intercambiábamos miradas furtivas, pero una vez que culminó con su cátedra de Cómo educar a los hijos de forma intachable, Mercedes intervino: "Celina, que tal estás? Disculpa que te haya molestado. Por supuesto que sé que eres médico y me imagino lo apretada que tienes la agenda. La verdad es que Rita y yo te lo agradecemos de antemano. ¿Verdad Rita? Asentí algo turbada.

Pero esta reunión de hoy era inminente, porque Rita me contó, que tu hijo Eric, ha rechazado categóricamente a Tomy, alegando que eres tú, quien insiste en que no sean amigos, porque te disgusta lo poca cosa que es el niño.

A Celina se le había dibujado una mueca y apenas mascullaba palabras, pero entonces Mercedes prosiguió, "Disculpa Celina, no he terminado aún. Si bien es cierto que los desacuerdos que tienen los muchachos, deben resolverlos ellos mismos, también hay algunas cosas que no podemos pasar por alto, tomando en cuenta que somos una entidad educativa, seria y responsable, cuya prioridad es hacer respetar las normas de la institución, así como los deberes y derechos de nuestro alumnado.

Antes de que me interrumpas, pues ya estoy viendo las intenciones, quiero que me expliques, ¿cómo es posible que invitaras a todos los varones del grado, menos a Tomy? ¿A qué te refieres cuando dices que no te gusta el niño, o que es poca cosa?".

Celina interrumpía agitadamente y lo hacía con ademanes que evidenciaban su desespero por querer salir a flote del atolladero. Mercedes inclemente, se mantenía hablando sin gritar, pero en un tono firme y autoritario. Yo no le quitaba la mirada a ninguna y aunque quería intervenir, me callaba, porque no podíamos ser, dos contra una.

Celina seguía dando excusas sin sentido y señalando que algunos de esos argumentos no eran ciertos. Que lo más probable era, que todo fuese una confusión o una mala interpretación.

¿Qué hizo Mercedes entonces que a mí me dejó helada? mandó a llamar a ambos niños, para que expusieran sin edición, cómo se habían desarrollado las cosas. A mí me temblaba todo el cuerpo y las sienes me golpeteaban fuertemente.

No podía creer, que algo que pensé solucionar sin grandes aspavientos, terminara explayándose y saliéndose de control.

Por supuesto me alegraba, pero por otro lado, me daba mucha pena por Celina, que estaba roja de indignación y con la cara descompuesta.

Efectivamente los niños se presentaron en el despacho de Mercedes, acompañados de la secretaria.

Una vez adentro, Mercedes pidió que no le pasaran llamadas y nos solicitó encarecidamente, (pero dirigiendo su mirada de piedra hacia Celina), que por favor no interrumpiéramos la intervención de los niños, porque entonces se vería obligada a proseguir con el interrogatorio a solas con ellos y a grabarlos, si fuese necesario.

Después que yo asentí, (presa de nervios), vi que Celina se levantó de su asiento y le ladró a Mercedes que ella no estaba dispuesta a soportar que se pusiera en tela de juicio lo que había declarado; que si le quería creer su versión de los hechos, muy bien, pero que si no, le daba igual.

Mercedes supo que la tenía acorralada y después que le sugirió que tomara asiento, le dijo que su intención no era hacerle pasar un mal rato, pero que así como ella se sintió de incómoda, de la misma manera nos sentíamos mi hijo y yo.

Vi que la cara de Celina había cambiado y si hasta hace media hora tenía una actitud invencible, ahora se la veía hundida en el asiento reclinable, con la mirada caída, mientras rasgaba nerviosa, su inmensa cartera Prada.

Aunque Celina no pidió disculpas, sí vi que la burbuja inexpugnable en la que había entrado al despacho, poco a poco se desinflaba.

Mercedes llamó a la secretaria para que buscara a los niños.

Ya no hizo falta que ellos declararan; a Celina se le había caído el telón y quedaba al descubierto, la verdad sobre los hechos.

Cuando los niños salieron, Celina se puso de pie de un salto y dijo que la llamaban del consultorio y que se tenía que ir.

Por supuesto no se despidió de mí y a Mercedes le dijo "que le daba gusto que sólo quedaran 2 semanas para que terminaran las clases. Que estaba exhausta y que ojalá el año siguiente, a su hijo le tocaran amigos y madres menos complicados."

Me quedé estupefacta y no supe qué decir. Mercedes quien se había levantado para acompañarla hasta la puerta, se volvió a sentar con un gesto de irritabilidad y después que Celina salió, me dijo: "Qué lástima que la gente no cambia. Uno cree que van a aprender después de haber sido expuestos, pero sólo les dura un rato.

De antemano te digo Rita, que esto no se va a quedar así. La voy a volver a enfrentar y ella tendrá que dar la cara, para que este tipo de situaciones no queden impunes."

La miré ahogada de emoción y no tuve palabras para agradecer su gesto y aunque no fue mucho lo que le dije, ella intuyó, que yo estaba infinitamente agradecida.

Sin embargo no fue ella, quien le daría la estocada final a Celina.

Resulta que al cabo de unas 2 semanas, después de aquella reunión, me fui a la farmacia antes de llegar a mi casa, para comprar unas cosas de última hora. No era tarde, pero ya estaba oscureciendo.

Cuando terminé de hacer la interminable cola para pagar y me dirigía a mi carro para guardar las bolsas, distinguí a Celina, que acababa de estacionar su vehículo algo retirado del mío y se disponía a salir de él.

No sé por qué me mantuve impertérrita dentro de mi carro, mientras la observaba salir de su camioneta. Pero en cuestión de segundos, aparecieron un par de hombres, que salieron a su encuentro y comenzaron a forcejear con ella, para que ésta cediera y los dejara ingresar a su Lexus.

Creo que le apuntaban y la empujaban bruscamente hacia adentro.

No había nadie en el estacionamiento y yo estaba conmocionada viendo aquello. De hecho me parecía inaudito y estaba paralizada del miedo.

 

En 2 minutos, estaban los hombres dentro del carro y uno de ellos maniobrando para hacer retroceso, dejando escapar un ruido infernal de cauchos, para esfumarse y tomar directo hacia la Cotamil.

No podía creerlo, no salía de mi asombro, me era impensable lo que veía.

Memoricé la placa del carro, así como el color y el modelo. Repetía como una loca en voz alta, las letras y los números que conformaban el rectángulo de aluminio. Temblando, logré sacar de la guantera un bolígrafo que tenía y anoté en mi mano, lo que repetía con la respiración entre cortada.

No recuerdo ver, si habían otras personas que ingresaban ó salían de la farmacia, pero con el corazón bombeando y a punto de estallar, me fui volando, casi en contra vía, hasta la alcabala que se encontraba al pie de la Cotamil.

Bajé la ventana y vociferando le dije al par de oficiales, lo que acababa de presenciar.

Les dije la placa, el color del carro y el modelo, suplicándoles celeridad.

Ellos pidieron mis datos completos y aunque al principio dudé atemorizada, me dieron su palabra, de que sólo le revelarían mi identidad a la víctima.

Les creí. De hecho llegué a pensar, que Celina les daría una jugosa recompensa, si lograba salir airosa de aquella situación.

Inmediatamente radiaron a todas las unidades y aunque los minutos se volvían eternos, después de un rato supe, que lograron detenerlos justo en la salida de la Urbina tomando en cuenta las características que les proporcioné.

Celina vivió un susto terrible y la innegable experiencia de ser por poco, víctima de un secuestro, que no llegó a concretarse.

¿Cómo supe con tanto detalle todo eso? porque ella misma me llamó esa noche para contármelo.

Lo único que hacía era llorar desconsoladamente, mientras escuchaba de cerca a su esposo tratando de calmarla, pero Celina sólo repetía "es Rita, la mujer de la que te hablé, que conocí en el colegio, durante una reunión con la coordinadora."

De nuevo se acercó al auricular y me dijo: no puedo creer lo mal que me porté contigo. "No sé cómo disculparme, no tengo palabras."

Le temblaba la voz. Me la imaginé sumamente apenada y diminuta agradeciendo, por no tenerme en frente.

Quise calmarla. Le dije que descansara y que no pensara más en eso. Le pedí que no se preocupara y entonces ella siguió contándome, cuando los oficiales le dieron el nombre y el apellido de la “amiga” que le había evitado un desenlace tan amargo.

Ellos me contaron que llegaste gritando y les dijiste que me habían secuestrado. La interrumpí diciéndole que ella también hubiese hecho lo mismo, si se hallara en mi posición.

Después de volverme a dar las gracias y de pedirme perdón, no supe qué decir.

No estaba segura, si su reacción se debía a lo conmocionada que estaba, o tristemente volvería a ser la misma pedante de siempre.

Lo que sí se me hace increíble, son las vueltas que da la vida y como Dios te pone pruebas inusitadas.

Pensaba en ambas desveladas y seguro llenas de incertidumbres.

La una, por haber escapado de una de las peores experiencias jamás vividas y la otra por haber entendido, que todo en esta vida…tiene una razón de ser.

 

 

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