lunes, 30 de septiembre de 2013

Será que invoco a "Shazzan" o a "Mi Bella Genio"?

Hay 3 órdenes puntuales, que una como madre, le impone a los hijos, que a menos que vengan acompañadas por una amenaza,
un chantaje, o una extorsión tipo película de gángster, es increíble, que ninguna de ellas es ejecutada la primera vez que una las vocifera.
La primera, (a la que particularmente le tengo una tirria indescriptible) es: "Porfa métanse a bañar".
Una orden sencilla, que una comienza dando, primero en un tono de persona apacible, -con pulsaciones y latidos de corazón normal-, pero que en la medida que se pronuncia, se va degenerando al punto, que diciéndola 12 veces -suplicando primero, y amenazando con quemarlos y lanzarlos carbonizados por las ventanas después-, es que finalmente la acatan.
Claro, la misma conlleva una logística engorrosa, que es llevarlos prácticamente empujados hasta las duchas y por poco calentarles el agua, no sea que se arrepientan en el ínterin.
Ese martirio, que te deja exhausta y con ganas de someterte a una cura de sueño permanente, te comienza a invadir desde que vas manejando en el carro, -a tan solo una cuadra de llegar a tu casa-, hasta que llegas, y ya desde el estacionamiento, empiezas a
maquinar con alevosía, qué historia electrizante usar esta vez, para que los niños accedan a bañarse sin tanto desgaste físico y verbal.
Una vez que logras, -que aunque sea uno de tus hijos entre a la ducha-, te sientes tan agradecida con la vida, que no sabes si reír o llorar.
El sentimiento de felicidad que te embarga, hace que te olvides que aún quedan más individuos a los que tendrás que implorarles que se bañen, se laven el pelo y los dientes, además de recordarles que traten de NO desmembrarse entre ellos, cuando empiece la tanda de peleas tipo "azotes de barrio", muy común en horas de la tarde.
Pero aún hay más, después que finalizas con esa escalofriante parte del pandemónium de tu rutina, te acuerdas que quedan 2 órdenes más a las que ellos tendrán que acceder y que de sólo pensar, te da retortijón estomacal.
La segunda, es que "por favor se sienten a comer."
Se supone que llegan famélicos de la calle y todo el camino te martirizan preguntándote, qué hay de cenar, porque si no ingieren nada en los próximos 20 minutos, tendrás que inyectarles suero intravenoso y por poco intramuscular. Pero una vez más, te sorprende que después que llegan a la casa, -y se van despojando cual Mickey Rourke y Kim Basinger de toda la indumentaria-,  se acuestan plácidamente a ver la tele, sin ánimo de merodear la cocina a esperar a que les sirvas.
Ahí es cuando emerge la segunda norma, -que desde unas cuerdas vocales gastadas, todavía son capaces de soltar un chirriante alarido-, que los insta a levantarse, para recojer el camino de ropa que fueron dejando y se instalen a comer.
No se supone que están a punto de perder la visión y caer en redondo por inanición? les preguntas a sabiendas que la respuesta será un murmullo.
Pero aquella segunda orden, que pronuncias suplicante, tampoco es acatada.
Por lo menos no a la primera, -ni a la segunda ni a la décima-, sólo cuando te conviertes en un mix de Godzilla y Freddy Krueger, es que aquella norma cobra vida y se materializa.
Aunque debo destacar, que de la manera en que se levantan, pareciera que estuvieran en medio de una procesión, pues sólo oyes "qué fastidio, tengo sueño, estamos cansados, entre otras".
Estás más que eufórica.
Dos de las tres peticiones son realizadas, aunque a duras penas, sin embargo eso no mitiga tu esperanza por saber que poco a poco, verás la luz al final del túnel.
Por fin, te queda la última, que es mandarlos a hacer tareas, o -en caso de no tenerlas-, pedirles que se duerman.
Esa sí cuesta. Es casi tan dolorosa, como tener que levantarte un domingo a las 3 de la mañana para llevar a un familiar al aeropuerto, (porque ya se lo prometiste).  Vaya promesa...
Sin embargo esa tiene dos lados.
Uno terrible, que viene dado por ser la última orden del día y como es lógico, la que das con el último suspiro, y otro lado, que es como el canto de las sirenas de Ulises, seductor y sublime, pues el hecho de saber, que por fin se van a dormir, y que habrás llegado a la meta, -llevando a buen término tu rutina-, es uno de los deseos que le pedirías a Shazzan o a Mi Bella Genio, si se te aparecieran.
Y es que lograr que se bañen, coman, hagan tareas y se vayan a dormir, son actividades extenuantes, que si bien es cierto que te pulverizan la energía y te sustraen las fuerzas, también te hacen entender que si eres madre, esos serán algunos de los "sencillos pasos" con los que lidiarás si tienes hijos entre 0 y 18 años.
Me imagino que ya después de esa edad, si te les plantas con esa carita de insoportable que pones, te mandarán a freír monos en salsa de ostras y mejillones.
Así que aprovechen ahora, que todavía son niños, (manejables y maleables), que después todo esto será, un dulce recuerdo del pasado, que seguramente, hasta echemos de menos.

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