jueves, 24 de octubre de 2013

MI COMIDA DE DIETA, ES SÓLO MÍA

Ella se quería  auto flagelar, de imaginar que cuando se levantara en la mañana, -para enfrentar el nuevo día-, sólo tendría la opción de alimentarse de la única rebanada de pan como carbohidrato, ya que el resto sería de proteína magra, acompañada de verduras al vapor.
Era muy difícil retomar aquella rutina de cero carbo y cero dulces, después de haberse atiborrado de alimentos ricos en colesterol (pero ricos al fin), y que suelen ser calóricos y grasosos, los que dejan un efecto de llenura maravilloso.
Con mucho sacrificio, con dolor y constancia, volvería pues, a su frugal y mísero régimen hipo calórico que consistiría, en una porción lastimosa de pollito hervido acompañado de vainitas, o en su defecto, de atún en agua.
Sólo cuando le diera uno de esos ataques, tipo "vacío estomacal", que por lo general irrumpen a partir de las 3.30 de la tarde, entonces ella, -con la vista nublada y las pulsaciones en el piso-, se comería, un máximo de 2 galletas de arroz, de esas que cuando rompiera la dieta, usaría como corcho para pegar las fotos de cuando era flaca y joven.
Aprovechaba cuando se iba de viaje para traerse todos esos snacks que los gringos se inventan, que son bajos en grasa, en sodio, sin colesterol, sin gluten, sin azúcares y por poco menos engordantes que una bocanada de aire.
Después, debería  convencerse a sí misma (hasta con regresiones hipnóticas), de que aquello con lo que engañaba al estómago y al sentido del gusto, sería más apetecible que una pizza -con champiñones, aceitunas y maíz- hechas con borde de queso y masa gruesa.
Ahora que lo pienso, no sé cómo iba a hacer mi protagonista, para que su deseo se convirtiese en realidad...
La cuestión es, que cuando ella empezara el día, debería hacerse el firme propósito de alimentarse a punta de aquellos alimentos que al cabo de 3 minutos se desvanecerían en su estómago y por ende desaparecerían hasta de su memoria. Y es que el hambre atroz, que de nuevo se le despertaría, traería como consecuencia volver a ingerir todas esas merienditas -a las que echaría mano-, para apabullar su famélico apetito.
Dicho y hecho. Terminó de desayunar (aquel pan de dieta de tan sólo 40 calorías, con una lonja de pavo y café negro), y como eso y no ingerir nada, era lo mismo, pues se refugiaría en sus patéticos  snacks para no desmayarse por inanición.
Debería lograr, llegar a la próxima comida, para lo que sería necesario, engañar al estómago, (aunque la única engañada era ella), para poder soportar sin sucumbir.
Una vez que le quitaba la envoltura a su munchi (el mismo que ella vislumbraba como si se tratara de un plato de pabellón criollo), y se disponía a comérselo, aparecía su hijo de 9 años a pedirle que por favor le diera un pedazo.
Ya ella había salivado unas 30 veces, de ver al niño comer empanadas fritas (de queso derretido y elástico), de verlo crujir ricas galletas crocantes, de verlo pellizcar ponqué de chocolate, (cubierto por una pringosa capa de leche condensada), por lo que se le hacía inadmisible que ahora también se le antojara un mordisco de aquella barra que ella deglutiría sin respirar, en tan sólo 2 bocados.
Pero ella tenía un plan; o se la zampaba de una vez, mientras el niño hacía un puchero, o le rugía que no le daría ni la envoltura, alegando que esas barras no se conseguían en Caracas.
Como la primera opción, se le hacía difícil, (no estaba bien negarle a su hijo comida), se la comía "disque sin darse cuenta", mientras él la veía horrorizado.
Le explicaba que él podría comer de todo, mientras ella sólo algunos alimentos permitidos, y esas galletas justamente, no eran nada fáciles de conseguir.
Hasta que un buen día, que ella amaneció con las ideas revueltas y el apetito más desatado que nunca, se desquitó con su hijo cuando iban en el carro, de camino al colegio.
No se le ocurrió otro momento, sino delante de él, -para hacer alarde de su meriendita-, que esta vez consistía en una minúscula mandarina (parecía un mamón de hecho), y unas frutas secas, (la única "seca de hambre" era ella), a lo que él obviamente, no dudó en pedirle que le diera.
Fue entonces cuando ella, en un arranque  explosivo, (de ira irrefrenable), le lanzó la mandarina y la bolsa de nueces, gritándole que no podía comer nada delante de él, porque TODO lo que ella comía, a él se le antojaba. "Estoy harta de comer cualquier cosa cuando estás conmigo. Qué pesadilla. Ya te dije que estoy a dieta, y que mis cosas de dieta son sólo mías. Tu puedes comer todo lo que quieras, yo sin embargo no puedo. Déjame tranquila y por favor no me pidas cada vez que me veas comiendo".
Después que ella se descargó, mientras él la veía a punto de lanzar su buen llantén, se sintió fatal y le pidió perdón. Entonces su hijo, (mitad lloroso, mitad maloso) le dijo: "no sé para qué dices que haces dieta má, igual no adelgazas y siempre estás gorda. Además, te he visto destapando las chuches que me mandas en el bulto y que yo no me como. Así que si tú te comes mis cosas, yo también puedo comerme las tuyas. La diferencia es que yo no me pongo bravo, ni tampoco te reclamo."
A estas alturas de la conversación, ya ella no sabía si pedir la eutanasia,
o mejor pedía  morir en la horca. En caso de que fuese en la horca y le concediesen un último deseo escogería un alfajor (del tamaño del caucho de su carro), para irse de este mundo, inmensamente dichosa.
Lo cierto era, que ella sí había roto la dieta, comiendo de aquí y de allá, y ya su hijo la había pillado.
Qué hizo entonces para solventar aquella reyerta?
Además de pedirle disculpas, por haberle gritado sin motivo, le prometió salir a comer juntos a la salida del colegio, lo que más disfrutaban juntos.
Y así fue, como engulleron felices unas buenas porciones de pizza, mientras se reían y la pasaban bomba, poniendo de manifiesto la camaradería que se hacía presente, cuando disfrutaban de una rica comida.
Qué hizo con los snacks de dieta -que con tanto recelo guardaba?-, pues decidió mandárselos a su hijo en el bulto, a bien que él los disfrutaba, mucho más que las chuches.
Y así fue, como al final de la historia, ella y su hijo se adoraron  por el resto de la vida, y aunque ella pesara 140 kilos y su hijo más o menos lo mismo, compartieron merienditas, todas ellas muy engordantes y exquisitas.

viernes, 18 de octubre de 2013

QUIÉN SERÍA LA AMIGA?

Últimamente, tenemos la mala costumbre, de caldearnos más rápido de lo normal.
En las colas del supermercado, en las de la farmacia, y en las de los estacionamientos de los centros comerciales, he visto a gente que a alcanzado el nivel "infrarrojo" de calentamiento corporal, mental y conductual, a tal grado Fahrenheit, que nos calcinaríamos de sólo tocarlos.
Por qué les cuento todo esto?
La otra vez me pasó, que haciendo la cola para pagar el ticket del estacionamiento de un centro comercial -bastante concurrido-, una mujer que estaba delante mía y que iba acompañada de otra, extendió su ticket para cancelar, y su amiga (prima, cuñada, abuela,  whatever), insistía fervientemente  en querer pagar ella.
Si creen que hasta ahora todo bien, se equivocan.
Resulta que la primera, no dejaba bajo ningún concepto que su acompañante  (prima, cuñada, nieta, -una vez más, whatever-), le pagara el ticket.
Fue tal el forcejeo, -de ambas matándose por pagar-, (demostrando con ello cuán espléndidas eran), que puedo jurar que vi arañazos, manotazos y empujones, todo por cancelar un ticket ridículo de 5 bolívares. Comenzaron a pelearse como unas ex convictas recién salidas de la cárcel de Yare, y cuando finalmente una de ellas, lanzó el billete por la ventanilla, -de manera muy brusca-, el papel moneda cayó en el piso -del lado del cajero- y por más que el hombre comenzó a buscarlo, no logró dar con su paradero.
Quienes estábamos en la cola, deseábamos salir de ahí lo antes posible.
Muchos suspirábamos por la pérdida de tiempo, mientras otros danzaban impacientes, (o se estarían haciendo encima?), ni idea. La cuestión es que exasperados veíamos que aquello se extendía más de la cuenta, a sabiendas de que perdíamos un tiempo precioso ante aquel show en vivo, que queríamos "apagar" lo antes posible.
Cuando por fin el cajero, -evidentemente hastiado-, consiguió el billete, por poco aplaudimos excitados de emoción.
Fue entonces, cuando una de ellas tuvo la desfachatez de preguntarle al hombre, si estaba molesto, (porque lógicamente el hombre tenía toda la cara de estarlo), y acotando que no era su intención de lanzarle el billete (de manera que se extraviara), ella igual no se "calaba" su cara de disgusto y comenzó entonces a discutir con él, a punto de pegarle su buen cachetón.
Increíblemente, el pobre hombre terminó pidiéndole disculpas y puedo jurar que hasta le decía a sotto voce que se calmara, porque si ella seguía alborotándose, eso le podría acarrear la pérdida del puesto.
No lo podía creer. Me era inaudito, que además de lo que se demoraron aquellas "finuras", en decidir quien pagaba, -aunado al tema del billetico perdido-, todavía a la camorrera esa, le quedaran ganas de discutir, (creo que con forcejeo incluido), sobre por qué el cajero tenía esa cara "amarrada", -como ella misma le dijo- y que si le parecía tan grave que a ella se le cayera el billete, que entonces se lo dijera para arreglar eso de una vez, llevando el problema a su supervisor.
Un hombre de unos 50 y tantos, que estaba justo detrás mía, me comentaba irritado, que el cajero no tenía por qué disculparse, que la grosera era ella y que por su culpa todos estábamos demorados en una cola, que tenía que haber avanzado hacía rato.
Yo asentía, sin opinar mucho, mientras veía que por fin el cajero, intimidado, le daba su vuelto y su ticket sellado. Obviamente que lo que anhelaba era que se terminara todo aquello -para largarme de allí-, pero fue entonces cuando (la sobrina, prima, cuñada, whatever) acompañante de la "retadora", viéndome fijo me dijo: "Qué están cuchicheando ustedes? Si tienen algo que decir, nos lo dicen de frente."
Me volteé, creyendo que eso no era conmigo, mientras que mi vecino de cola, no se quedó callado y le gritó, "tú y tu amiga (prima, nieta, manicurista, whatever), son unas abusadoras que nos tienen retenidos hace más de 10 minutos.
Por gente maleducada y grosera como ustedes, no sólo estamos estancados en esta cola, sino en general. El país entero está estacionado por "gente bruta como ustedes".
Qué les puedo decir, que ustedes no se imaginen?Salieron este par de desquiciadas a enfrentárseles a este señor, -mientras él trataba de defenderse como podía-, hasta que por el nivel de trifulca que se armó, se metieron personas para separarlos, y se oían insultos, gritos, forcejeos y el hombre tratando de buscar la forma de quitárselas de encima, porque si se defendía y les daba su "tate quieto", seguro le iba a salir el tiro por la culata por "maltrato físico".
Era obvio, que lo que hice fue tele-transportarme de ahí (lo más rápido que pude), porque lo último que necesitaba, era que a mi también me dieran una mano (y las de ellas tenían unas uñas larguísimas con brillanticos pegados y paisajes de playa y palmeras), y me dejaran como a Juan Corazón, -con un ojo negro-.
Me parecía increíble, que mientras yo más me alejaba y me trataba de salir en estampida de esa zona en peligro, más gente se sentía atraída por saber qué era lo que pasaba.
En la medida que trataba de volarme
de ahí, más gente curiosa, se sentía jalada como por una corriente, que los succionaba, como si fuera la más reciente y taquillera atracción de Disney.
De verdad que me llama la atención, lo diferentes que somos unos de otros.
A unos, porque les encanta una bronca en su máximo apogeo y a otros porque nos aterra que nos salpiquen con sus reyertas.
Al final no supe en que quedó todo ese lío, pero les confieso que lo que más rabia me dio fue, no saber si la amiga era...
la nieta, la tía, la hermana, la suegra, la cuñada, la manicurista o WHATEVER!!!

sábado, 12 de octubre de 2013

MOMENTOS ÉPICOS

Alguna vez han pensado cuáles son sus momentos más épicos del día?
Yo sí, y creo tener los 10 mejores y más significativos -por lo menos para mí-.

1.- Cuando después de una mañana turbulenta, -como cualquier otra en la semana-, en que los niños se están vistiendo para ir al cole -y uno no encuentra los zapatos y el otro grita por pasta de dientes-,por fin oyes la puerta de la casa cerrándose, porque gracias a D-os, marido e hijos emprenden su camino. Aunque el diálogo que predomina es: "apúrense que van llegar tarde. Tú, no te olvides del celular y tú, agarra tu raqueta", -entre otras órdenes precipitadas-, por fin encuentras la paz soñada, una vez que la puerta se cierra y eres como esas gaviotas que vuelan libres,  atravesando la inmensidad del cielo. Lo que quieres es bailar, -con la escoba o el coleto-, pero en vez de eso te sumerges de nuevo entre las cálidas sábanas de tu cama, la que te espera con infinidad de  almohadas-, sólo para ti. Delicious.
2.- Cuando después de pensar miles de veces si ir o no ir al gym, finalmente vas, y una vez que terminas -tu tediosa hora y media de cardio-, aunque sales gateando, te sientes inmensamente feliz. Sin embargo, no es sino después que te bañas, y que sales renovada de la ducha, el momento más épico, pelético y pelempenpético del día.
Una sensación indescriptible.
3.- Cuando logras pasar todo un día, sin sucumbir a la tentación de comerte lo que queda de la lata de Pirulín y en vez de eso, te comes 8 chicles (todos juntos), de menta sugar free, para apaciguar las ansias.
Aunque toda la tarde estuviste soñando con "fumarte", cada una de esas maravillosas barquillas crujientes y suculentas, al día siguiente eres un mar de felicidad, de saber que lograste tu cometido. No importa que sólo lleves un día, -controlando al mounstro de la gula-, le fuiste fiel a tu voluntad, a pesar del esfuerzo sobrehumano (por lograr tu cometido). Y eso, querid@s mí@s, es súper épico.
4.- Cuando los niños, después que llegan del colegio (y de las actividades), finalmente comen, se bañan, arreglan sus bolsos para el día siguiente (bueno, en verdad fuiste tú quien se los hace), terminan sus tareas -y se las revisas-, y por fin están muy modositos viendo la tele y tu a punto de relajarte con tu laptop enfrente, para meterte a ver fotitos en Facebook y en Instagram, mientras estás por destapar un Cri-Cri -de Savoy, "con sabor venezolano".- Bellezaaaaa.
5.- Cuando vas al cine y te sientas feliz con tu tobo de cotufas a ver "Pregúntame Si Me Importa", de Universal Studios", con los actores Noten Goidea y Mesabe Aporra.
Ni siquiera me importa si se me caen las cotufas.
Es un momento épico hasta la pared, (de hecho hasta la pantalla donde transmiten la peli). Inmejorable momento, que deberíamos congelar para siempre.
6.- Cuando te levantas a las 3 de la mañana, dando saltos de felicidad, (aunque adormecida), porque te vas de viaje con tu familia, y no tienes que dar alaridos de dolor -para que los niños se levanten-, ya que ellos solitos, se levantarán felices, de saber que
el madrugonazo, bien vale la pena. Épico no, "Magnéfico".
7.- Cuando la persona que te hace la casa -y que sólo te va 3 días por semana-, (las fijas se extinguieron para siempre), te dejó tanta comida hecha (la vez que le tocó ir), que el día que no te viene, no tienes que cocinar, y eres tan dichosa, que también eso lo declaras un acontecimiento épico, sin lugar a dudas.
8.- Cuando jurabas que no tenías nada que ponerte para la boda de la prima, de la cuñada de la mejor amiga de tu sobrina política, y empiezas a buscar y voilá, aparece la pinta de tus sueños y cuando te la pones, te queda mejor que antes. Este punto particularmente, es una quimera, una panacea que sólo existe en mis sueños, -con anestesia total-.  Sin embargo, siempre pienso, que este en particular, es un momento épico, que en algún punto de mi vida, puede volverse realidad. Es cuestión de fé. Why not?
9.- Cuando terminas tus diligencias y por fin te vas a tu casa, una tarde donde cada uno de tus hijos está en lo suyo, y después de un cremoso café con leche y de revisar algunos correos, te da como un sueñito divino, que encima se vuelve más irresistible, porque la casa está en silencio y además te acompaña el sonido ligero de una llovizna, que comienza a caer, mientras te acomodas para dormir una mini siesta. No me digan que este no es un momento Hyper Mega Extra Épico? Ufff que si no.
10.- Ojalá este les guste.
Cuando escribes algo con mucha ilusión, lo públicas en Facebook y mucha gente te Likea, además de opinar que le divierte lo que escribes. Este momento, es mágico, épico, y para mi, definitivamente el ganador del día.

11.- Me faltó la ñapa.
Cuando pasas un nivel en Candy Crush, en el que hace -por lo menos un mes-, estás estacionado.
Eso no sólo es épico, es tasty, sweet and delicious.

Y ustedes? qué momentos épicos han tenido?