lunes, 25 de noviembre de 2013




QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE

 

¿Por qué si antes podíamos pagar el ticket del estacionamiento en la comodidad de nuestro vehículo, amenizado con nuestro cd predilecto y ambiente climatizado, ahora decidieron, (sin consultarnos ni jota), que el ticket lo pagaremos, parados en una colota interminable, cargados de bolsas y rodeadas de niños enloquecidos, mientras esperamos que la insufrible cajera nos cobre chateando por celular o mirándose en un espejito de Badtz Maru?

Aquel que decidió, que eso representaba comodidad alguna para los extenuados consumidores, está tan equivocado como no tiene idea.

Después del tute, que ya supone entrar a las tiendas, entre otras diligencias impostergables, es obvio que lo que uno quiere es llegar al carro, lanzar ese montón de bolsas y sentarse temblando de felicidad por haber llegado a la meta, dando gracias a Dios, de culminar tan extenuante labor.

Y es que estemos conscientes, eso de ir a patear centros comerciales, es una labor titánica y más si vamos entaconadas y con el firme propósito de conseguir aquello que nos encomendaron.

Pero resulta, que debemos esperar minutos interminables, soportando un barullo enloquecedor y el cansancio de mantenerse de pie, recibiendo empujones, codazos y manteniendo la cartera tan apretada al cuerpo, que cuando por fin te la separas, extrañas aquel bulto, que prácticamente te incrustaste y por un momento creíste que era parte de tu abdomen.

Sin embargo, surge un detonante que nos hace aún más insufrible esta actividad impuesta desde hace unos pocos años, y es cuando de las 8 taquillas que deberían estar funcionando, solo hay una que trabaja. Increíble. Sólo una, que por supuesto, ni en tus sueños, está cerca de tu carro.

Resulta que esa taquilla furtiva, queda del otro lado del centro comercial, 4 niveles más arriba del piso donde estás estacionada y cuando por fin logras dar con ella, te paralizas de ver que en la cola, hay por lo menos unas 15 personas danzando, comiendo cotufas, hablando por celular y regañando a sus hijos, mientras les llega su turno de pagar.

Después que logras pasar esa etapa (como si estuvieras en un juego de Mario Bross), te diriges a tu carro, que ahora no tienes ni remota idea de donde fue que lo paraste.

Te acuerdas que solo tienes quince minutos para salir de ahí, pero ahora no te acuerda si bajaste o subiste y si fueron 3 o 4 pisos los que tuviste que transitar, para conseguir la escurridiza taquilla.

En ese lapso que ya no sientes ni los latidos del corazón, (porque crees que estás por atravesar el túnel, donde por poco verás la luz y todo ese cuento chino), te llama uno de tus hijos, para recordarte que le compres el juego de escuadras y la tijera punta roma, motivo por el cual habías planificado esa salida al centro comercial.

Quieres cortarte las venas, pero no tienes con qué, así que de nuevo te diriges a los pisos donde están los locales y aunque corres por tu vida, (para que esos quince minutos no se extingan), después que logras comprar lo encomendado, te diriges de nuevo al carro, pero concluyes que ya no te va a dar chance salir de ahí, porque ya tu tiempo, lamentablemente expiró.

Respiras hondo hasta casi atragantarte y con pies de plomo, te diriges de nuevo a la taquilla a repagar el dichoso ticket. Esta vez pasa, que la señorita, no tiene vuelto para tu billete de 50. Es algo inaudito, pero es lo que hay.

Te volteas resoplando como King Kong, mientras le preguntas a los que están detrás de tí, si tienen cambio para tu billete. Nadie responde, sólo los ves pasando delante tuya, haciendo como que buscan, pero te das cuenta que es una parodia, una tramoya, y mientras te chinchas viendo, que ellos sí logran cancelar su ticket, tú sigues ahí parada, con ganas de armar un berrinche infernal.

Cuando por fin logras salir de ahí, te preguntas una y mil veces, ¿por qué decidieron que el tema de pagar el ticket se volviera algo tan engorroso y complicado? ¿No era muchísimo más cómodo a lo antiguo? ¿Qué es eso de estar corriendo por todo el estacionamiento, inhalando CO2 y cargada hasta los teque-teques?

Sales de ahí y juras escribir un artículo en el correo de pueblo, quejándote por esta modalidad ridícula y cero cómoda de pagar los estacionamientos. Pero no lo haces. En vez de eso, escribes un blog y aunque nadie te dé una solución lógica, por lo menos ya drenaste parte de tu rabia... En serio, que alguien me explique...

 

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