jueves, 21 de noviembre de 2013

SERÁ UN BOICOT PARA VOLVERME LOCA?

Hablando por mí, me llegó un momento en la vida, en que no sé qué hacer cuando mis hijos se pelean, al punto de que ya no me quedan  amenazas, gritos, chantajes ni extorsiones -que no haya proferido por toda la casa -, para que dejen de lapidarse?
Al parecer lo de ellos es extraerse, desde tejido capilar, -en cantidades ilimitadas-, hasta trozos de epidermis que se les incrusta entre las uñas y que después la víctima usará en su defensa, para que yo arremeta contra su verdugo.
Juro imponerles castigos de la época colonial, como la pena de muerte, la decapitación o la horca, pues lastimosamente todo lo que digo (que les voy a hacer), les interesa cero.
Si creo que porque mi chantaje sea  severo, ellos dejarán de enfrentarse, estoy equivocada.
Tal vez los amedrente, pero no por eso dejarán de sacarse todas las mucosas extraíbles, acompañadas de palabras cargadas de odio, las que después me retumban en las sienes, provocándome unas ganas locas, de salir corriendo.
Aunque llegue un momento, en el que sólo desee encerrarme en mi cuarto y ponerme unos audífonos con música estridente, siempre me carcome la duda, -de que si los ignoro-, ellos puedan estar convertidos en caníbales salvajes, donde uno esté con una oreja colgando y el otro tenga el control del X-Box, empotrado en el cachete.
Así pues, que como ya llegué hasta la pared (y la atravesé), como ya no puedo más con esta situación y estoy hasta las narices de que se quieran y se odien, -con esa pasión desenfrenada-, decido pues hacer caso omiso a los encuentros  sanguinarios, que por lo menos una vez, cada 20 días, son parte de la rutina.
Esta vez, me hago el firme propósito de no hacerme más mala sangre, y aunque es una lucha interna que no me deja vivir, le hago saber a mi socio, -en estas lides-, que lo mejor será que ellos se maten y se revivan por su propia cuenta, a pesar de las secuelas.
El está tan de acuerdo con mi propuesta, que ante cualquier conato de pelea, me recuerda no intervenir y por ende dejarlos solos.
No está bien que a mis 40 y pico, el corazón me de un vuelco cada vez que los escucho en una pugna horripilante, y que sienta sonidos tamboriles que emanan de mi corazón, cuando les da por actuar como vikingos enardecidos.
Así es, como pasa otro día más, de "tensa calma", en los que no hay indicios, de llamar a los bomberos.
Pero como un deja vú -que me sobreviene de golpe-, como una premonición diabólica, comienzo a oír un dialecto que va tornándose en agresivo, por lo que jalada por una fuerza que me sustrae de mis actividades normales, empiezo a dirigirme, -de manera apresurada-, al terreno donde una vez más, se está librando una nueva batalla. Una guerra sin cuartel, que entre insultos, patadas, ademanes feroces y muecas de odio, me hace caer en cuenta, que si no intervengo con celeridad, alguno de ellos saldrá en camilla.
Sin embargo el alarido potente, -de una voz masculina-, hace que me detenga en seco.
Es mi esposo para recordarme, el trato que teníamos, sobre no inmiscuirnos en las matanzas de los niños, con la finalidad de lograr que ellos mismos, dominen su ira y por ende su manera de actuar.
"Hasta que yo no vea el ojo desprendido de uno de ellos -con sus respectivas venas y terminaciones nerviosas-, caminando hasta nuestro cuarto, no me muevo de aquí. No podemos seguir desgastándonos, cada vez que les suplicamos que dejen de asesinarse, y que los muy falsos nos digan que tenemos razón, -para verlos, -al cabo de una semana-, cayéndose de nuevo a trompadas.
Tú, dando alaridos de esquizofrénica y yo persiguiéndolos para que paren los insultos, (con el corazón bombeándome a mil).
Como veo que eso no resulta, y cada vez nos afecta más a ti y a mi, pues esta vez no moveré un dedo, hasta que por cansancio o por dolor supremo, estos tipos paren la pelea."
Mientras mi esposo me habla y me retiene de separarlos, ya no los oigo más.
De hecho se enmudecen y el silencio me abruma de tal forma, que me acerco a su cuarto para constatar que no hay ninguno mutilado, ni acuchillado, ni con la cabeza semi desprendida del tronco. Efectivamente están muy relajados -viendo la tele-, y hasta conversan amigablemente. Es impresionante la facilidad que tienen para amistarse, después de aquel tsunami de palabrotas indecorosas.
Cuando les pregunto si estuvieron peleando, me dicen que sí, sin entrar en detalles..."pero como vimos que ni tú ni papá se acercaban, nos cansamos de pelear y nos pusimos a ver la tele"...
"QUEEEEEEEÉ???" -Pego un aullido de loba herida, pero como no hay respuesta, vuelvo a insistir: "NO ENTIENDO, ESTÁN LOCOS O QUÉ LES PASA?"
... Mutis
Sé que si sigo insistiendo, el desenlace puede ser funesto, por lo que yo misma me doy mis posibles respuestas.
a.-) Estoy tan cansada, que todo lo que veo y escucho es producto de mi imaginación.
b.-) Moncho está escondido, filmándome, para un nuevo capítulo de Loco Video Loco.
c.-) Tengo la excusa perfecta para matarlos yo misma, si ellos no lo lograron.
d.-) Todas las anteriores.
Efectivamente, como ya no sé si el cansancio me tiene viendo visiones, doy  media vuelta, me voy a mi cuarto y antes de que mi marido me pregunte nada, destapo un Magnum de Almendras, (sólo para casos extremos), y me lo devoro, con la mirada acusadora de él, -no porque me lo comí sin respirar-, sino porque por primera vez en mi vida, no le di a probar.
Y me pregunto, será que estos tipos nos quieren hacer un boicot -para que enloquezcamos-,
o en realidad esto que me pasó es normal, y la desfasada soy yo?
Y si en verdad tienen un plan maquiavélico PORQUE ME QUIEREN VOLVER LOCA???
Estaré a la espera de sus comentarios...





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