lunes, 25 de noviembre de 2013






SHOPPING…ESPÉRAME QUE ALLÁ VOY


Un tema que nos desconcierta, a una buena parte del universo femenino, es tener que dar explicaciones sobre en qué se nos va el dinero, que antes de ingresar en la billetera (o en la cuenta bancaria), ya emprende vuelo, sin escalas, sin demoras y a unas velocidades que superaría al mismísimo Concorde.

Aquellas que no devengan ningún sueldo y dependen al cien por ciento del novio, esposo, o del “peor es nada”, son las que lamentablemente tienen que rendir una justificación lógica, que compuesta por argumentos perfectamente comedidos y tan verosímiles como su gesto y actitud, deberán hacer juego con cada una de las palabras emitidas, al momento de ser escrutadas.

Si la dama en cuestión llega del centro comercial y el equipaje que trae consigo es alrededor de unas 6 bolsas surtidas, que van desde zapatos, ropa, accesorios e indumentaria en general, entre otras nimiedades, deberá buscar la forma de entrar a su casa, deseando tener el don sobrenatural de Jessica Alba en Los 4 Fantásticos y así poder desaparecer de ipsofacto y lograr pasar desapercibida, sin miedo a ser descubierta.

Pero una vez que aterriza de sopetón, ante su virulenta realidad y debe justificarse con muecas de puchero, ante un ser iracundo que está hasta las narices de sus abusos shopohólicos, es el momento entonces de ponerse más creativa que una campaña publicitaria de Graffitti en Navidad, e inventarle, una lista muy bien estructurada de excusas a su verdugo, que lo haga entender de una buena vez, por qué ella "necesita" todo aquello que ha comprado, en un dos por tres y sin estrés.

Una vez que ella trata de explicarle, valiéndose de todos los artilugios capaces de convencerlo y le describe para qué son cada una de las prendas adquiridas; se sobresalta de ver a una fiera enardecida, y jura, que de ahora en adelante, jamás volverá a ser tan transparente, por lo que se inventa una lista de gastos ineludibles que él deberá acatar sin arrugar el ceño.

Entre los muchos “gastos” que él deberá asumir, cuando un buen pellizco de la cuenta corriente de ambos, dé un bajón inesperado, se encuentran: la tintorería, el supermercado, la farmacia, de nuevo la tintorería, la carnicería, el pescadero, implementos para los niños (aunque él siempre los vea vestidos con las mismas 3 pinticas), de nuevo el supermercado, por supuesto que la carnicería y de ninguna manera, ella podrá volver a pronunciar oraciones como “me compré esta camisita que necesitaba, ni estos jeanes que estaban regalados, ni mucho menos estos zarcillos que costaban dos bolívares”.

Incluso cuando ambos estén de luna de miel y ella suponga que lo tiene en sus garras y que él la complacerá, ella jamás deberá dejarse tentar por sus ojitos de carnero degollado y su vocecita de Albin y Las Ardillas y confesarle que vió una cartera que tenía el 70% de descuento y que se la compró, ni que los tacones azul eléctrico que la flecharon en la vitrina, costaban menos que una Susy, porque el ogro atrapado en la botella (como la canción de la Aguilera), irrumpirá abruptamente para rugirle que está harto de su abuso y que es una gastadora compulsiva e impulsiva, que ni siquiera pide factura para recuperar el IVA.

Y es que la única manera viable de que ella pueda seguir manteniendo su extravagante tren de gastos, será echarle toda la culpa (de la desaparición misteriosa del dinero) a lo nombrado anteriormente, para lo que jamás deberá permitir, que se coleen sustantivos como cartera de lentejuelas, zapatos de plataforma, vestiditos playeros, ni accesorios de muerte.

Nunca, jamás, never, no existe, prohibido y peligro de muerte, como se le escape pronunciar alguna de esas palabras que la catapultarán 1000 metros bajo tierra y que serán referencia obligada, cuando en medio de una discusión, él quiera dejarla en mutis, sacándole en cara lo irresponsable y egoísta que es.

Ahora bien, hay un problema que se puede presentar en estos casos y es cuando el caballero que la mantiene (física, mental y socialmente), se da cuenta, que tiene una camisita que él jamás le vio, que los pantalones tubitos metalizados, aún tienen puesta la etiqueta, o que la cartera que está sacando de su forro con amor y cuidado, tiene que estar estrenándosela porque nunca se la había visto antes.

¿Qué se hace ante casos como éste, que son el detonante perfecto para hacer estallar una guerra civil en el dormitorio principal de su casa?

Me imagino que ya tienen la respuesta, porque para eso somos unas linces. Obviamente que hacerse la ofendidísima y decirle, con los mismos ojitos que pone el Gato con Botas en Shrek, que eso es más viejo que su abuelita, sólo “que como nunca me miras y poco caso me haces, por eso no me lo habías visto antes. Si aunque sea te importara un poquito, no me estarías preguntando si lo que tengo es nuevo, pues sabrías que ya me lo he puesto, por lo menos 12 veces; sólo que tú hobbie es ignorarme.

Imagínense que ella sea capaz de lograr, (después de aquel speech impecable), además de una nominación al Oscar como mejor actriz principal, algo mucho más atractivo. ¿Adivinaron?

Que él se sienta terriblemente mal, por no haberla visto con eso antes, que decida complacerla comprándole un mundo de cosas, que le pida perdón hasta que a ella le den arcadas y lo mejor de todo será, que una vez más nuestra protagonista se habrá salido con la suya, pero sobretodo con un armario llenito de todo aquello que ella ama con pasión desenfrenada, por eso Shopping…espérame que allá voy


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada