viernes, 15 de noviembre de 2013



UN PAR DE ESCARABAJOS PROTAGONIZAN MI BLOG

Se jactaba de día y de noche, de que su casa estabas impoluta las 24 horas del día, los 365 días del año-.
No existía la posibilidad, de que un sólo día, ella no le pasara escoba y coleto a todo el apartamento, e incluso llegara a los lugares más recónditos y difíciles de abarcar.
Esa necesidad imperiosa que tenía de despojar la casa del polvo y la pelusa que por accidente, no fueran removidos, quizás para otros era algo enfermizo menos para ella.
Si sus amigas se quejaban, de que las mujeres que tenían contratadas, estaban cada vez más holgazanas, ella muy ufana intervenía -para decir con convicción-, que ese no era su problema.
Y es que ella misma se encargaba de asear y de chequear que todo se encontrara en su santo lugar y que cada centímetro que pisara, estuviese completamente libre de suciedad, polvo, o cualquier partícula que mancillara el ambiente.
Así pues, mientras ella hacía las veces de "máquina limpiadora compulsiva", siendo cada vez más intensa, un buen día, que llegó a su casa, se consiguió, con un caminito negro, infinito y movedizo, que le llamó poderosamente la atención.
Quiso acercarse con la duda de que eso pudiese ser producto de su imaginación. No era posible que en aquel espacio rondasen alimañas que le descuadrasen los sentidos, cuando en su familia se quejaban de que su obsesión por la limpieza había sobrepasado los límites normales.
Le refutaban infinidad de veces, que ni siquiera daba tiempo de que las cosas se ensuciaran. "Esa manera que tienes de mantener todo impecable, es insoportable, -le decía su esposo-. De la noche a la mañana, se te soltó un tornillo y ya lo que nos falta a los niños y a mi, es levitar cuando entremos a la casa. Sentimos que cuando pisamos -tu amado piso al que cuidas más que a nosotros-, nos pones caras de..."
Ella ignoraba todo tipo de comentarios y seguía muy entretenida haciendo su minuciosa limpieza.
Efectivamente, esa vez que entró a su casa, se topó con un país entero conformado por unas cinco mil hormigas, muy derechitas todas, haciendo una cola infinita alrededor de algo -al parecer pringoso- que era lo que las tenía dispuestas a seguir ahí.
Rápidamente consiguió un trapo húmedo, y las barrió a todas de una sola mano, después que con desagrado, lavaba el pañito y limpiaba de nuevo la zona infectada para ejecutar la misma acción.
Aquel paño se llevó las miles y millones de hormigas que
murieron ahogadas y atrapadas por esa tela verde absorbente, lo que en parte, le devolvía la felicidad que se vio empañada. Después que limpió, enjabonó y roció veneno para asesinar insectos rastreros, pudo lograr tranquilizarse. Nunca jamás, desde que ella se encargaba de la limpieza exhaustiva de su apartamento, se había topado (de manera tan brusca), con un camino integrado por tantas y tantas hormigas que danzaban alrededor de una migaja de brownie, que en un descuido, fue abandonada al azar y nadie se ocupó de recoger.
Ya aquello no importaba, había liberado su cocina y se disponía entonces a leer o escribir algo ameno para contrarrestar los efectos que aquello le provocó.
Cuando entró al baño, para verificar que todo estuviese "perfectamente impoluto", pegó un chillido descomunal; un escarabajo gigante, aunque muerto y patas arriba, yacía en el piso cerca del desagüe.
Qué asco, se dijo enseguida, QUÉ ASCOOOOOOO! Fue lo que repitió miles de veces, mientras temblaba de repugnancia.
Por qué me encuentro esto? si está todo limpio, impecable, brillante.
Sin pensarlo, fue a buscar la escoba, la pala y con toda las ganas arrevueltas, recogió al bicho aquel y lo lanzó por el bajante.
De nuevo se dirigió al baño, porque su inspección no había sido completada.
Sin embargo, cuando abrió las puertas de la ducha, se le pusieron los pelos de puntas, cuando 2 escarabajos del tamaño de su meñique, correteaban alrededor de aquel espacio semi húmedo, en un intento por escapar sin que los apalearan. Ante tal visión bizarra, fue corriendo a buscar el insecticida y cuando se devolvió para matar a aquellas alimañas no las vio más.
Ni la una ni la otra aparecían por ningún lado.
Buscó enloquecida por todo el baño, pero no había rastros de ninguno de esos 2 invertebrados.
Qué debía hacer? Salir de su casa para siempre y vivir en otra parte? Cómo iba a sobrellevar el hecho de saber que aquellas dos rondaban por su apartamento y ella ignorase donde se escondían.
Buscó miles de veces, pero no dio con el paradero de ninguna.
Se le pasaron las horas, hasta que llegaron de la calle, los integrantes de su familia.
Esta mujer, que puso todo su empeño en atrapar a las fugitivas aquellas, le contó con pelos y señales, (y antenas y patas) su búsqueda implacable (parte I) a su esposo y a sus hijos.
Los niños se volvieron locos -después de haber escuchado atentos la historia-, tan así que no querían ni moverse de su cuarto.
A duras penas se bañaron rápido y comieron, pendientes de que aquella visita non grata, irrumpiera en cualquier momento.
El esposo le restó importancia, por lo que buscó un rato y después ya no lo hizo más.
Cuando después de bañarse se acostó, (para ver la tele), quiso como siempre molestar miles de veces a su esposa para que le trajera todas las merienditas infinitas (que por lo general piden los maridos después de la cena), pero ella le refutó que no iría a la cocina, de imaginar que pudiese toparse con ese par.
El callaba y cedía, aceptando que tenía razón. Después de las 9 de la noche, nadie más entró a la cocina, -a comer a deshoras y a dejar todo sucio-. Afortunadamente nadie se hizo Taco ni dejó todo pringoso y desparramado. No se oyeron pisadas a destiempo y así fue como todos cayeron, dejándose vencer por el sueño y por el par de escarabajos que nunca existieron y que sólo fue un cuento muy bien fraguado, para que todos se durmieran temprano y ella entonces pudiese tener el momento idóneo de escribir sin interrupciones ni gritos.
Cualquier tema inventado, incluso sobre un par de escarabajos, eran inmejorables para por lo menos, -un sólo día en su vida-, no tener que quedarse limpiando hasta las 12 de la noche.
Aquellos escarabajos virtuales que ella se inventó y que convirtió en los protagonistas estelares de su próximo blog, además de divertirla -mientras leía el relato-, la hicieron descansar antes de la hora acostumbrada y eso sí era un logro merecido.
Con respeto a las hormigas, esas sí existieron, así como el bicho aquel, que aunque fallecido, le dio la bienvenida cuando abrió la puerta del baño.
Aún la pobre delira con el hecho de no entender, de donde habrían salido todos ellos, aunque ahora que lo piensa, siempre es bueno que hasta los insectos más desagradables, hagan acto de presencia.
Por lo menos aportan ideas para inventar nuevas historias.
Es por eso que dedico este blog a los menos afortunados, ellos también merecen unas palabras de cariño, (obvio, después de exterminarlos).

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