sábado, 29 de junio de 2013

NARNIA NO ES SÓLO UNA PELÍCULA…


 

 

El hecho de soportar horas de pie, para pagar tickets de estacionamientos, para sacarnos la cédula, las cejas, renovar el pasaporte y el certificado médico (mentira, ese siempre está vencido), parecieran actividades de nuestro día a día, que disfrutamos al máximo.


Perder una mañana enterísima, (o una tarde) en una tienda, en la carnicería, en la farmacia, en el banco, abajo de tu edificio para abrirle a la mujer de servicio, en la peluquería o en el supermercado, me da la impresión, que no nos hace ni coquito.



Y es que aunque resoplemos, miremos el reloj miles de veces, pongamos caras de aburridas y hagamos comentarios con nuestros compañeros de cola, nada se compara con la apatía que nos envuelve en su halo, cuando esa misma actividad, nos toca desarrollarla frente a nuestro closet, con el único fin de remover ganchos de derecha a izquierda y viceversa, a ver "qué rayos me voy a poner".



Pareciera que todo ese traperío que tenemos, entre camisitas, suéteres, bluejeans, pantalones y faldas, nos estuviesen contando el mejor chisme del mundo, porque pasan los minutos y seguimos atornilladas en el mismo lugar, hasta conseguir la pinta del día.


Recorremos un total de 4 pasitos a la derecha y 4 a la izquierda, pero siempre en el mismo perímetro, con tal de pescar el atuendo ganador.


Es una actividad, extenuante e insoportable. Si estamos solas, eureka, nadie nos presionará, salvo el tic-tac del reloj, que con cada minuto que pasa, nos recuerda lo tarde que estamos. De resto, tú y tu batiburrillo de telas, texturas y hechuras.



Sin embargo, cuando algún personaje de nuestro entorno, entiéndase, novio, marido, amigo con derecho (o izquierdo), madre, hermana, amiga, hijos o presidente de la editorial que va a editar tu libro, es quien nos espera, supones que la "tertulia que tienes con Narnia" tendrá que culminar enseguida, porque ninguno de ell@s va a esperar que mademoiselle escoja algo trendy, para ponerle fin a su largo lapso de acicalamiento.


Lo más impresionante es, que hace nada llegaste de la meca del shopping, (Miami, New York, Spain o Italy, helloooo) y te trajiste 4 maletas repletas de trapitos mortales, que van desde bermudas, hasta pestañas postizas.

Podrías vestirte durante un año, repitiendo 0,03% de las veces, pero eres tan poca vergüenza, que todavía tienes la carota de decir "osea, no tengo nada que ponerme, siempre estoy con lo mismo".


Y es que si tu marido no te ha saltado encima, para asfixiarte con tu pashmina preferida, es porque estás casada con la sucursal de la Madre Teresa de Calcuta y sus instintos asesinos están bajo control.



Te confieso, que aunque soy una fiel copia tuya (querida amiga virtual) y como nosotras, todas las féminas del planeta, me voy a tomar el atrevimiento de decirte, que por más abatida que te sientas, por creer que ninguna de las prendas cumplirán su cometido, no disertes más la pérfida frase de "Ay gordo, no tengo nada que ponerme. Busco y busco y no veo. Creo que necesito ropa".



Si tales palabras mortíferas, llegaran a ser pronunciadas, te cuento que acabas de firmar tu sentencia de muerte, con el diablo de testigo, lo que seguramente te traerá como consecuencia, una patética verborrea absurda y descontrolada, sobre lo abusadora que eres.


Decirle eso a un hombre, que se gastó hasta la tinta del bolígrafo, firmando vouchers a diestra y siniestra, es como cuando la muchacha de servicio te dice, justo después de la quincena: "señora, tengo que hablar con usted".

Es una frase devastadora, que trae consigo sus secuelas y que tiene la particularidad de caer como las bombas que cayeron en Hiroshima o Nagasaki, provocando un alto nivel de desolación.

Cerciórate, una vez que la pronuncies, de que tu marido no tenga algo contundente a la mano, porque esa podría ser la primera vez, que saliera a relucir el asesino a sueldo, que todos los hombres llevan por dentro, dejando al propio Ilich Ramírez, como el Topo Gigio.

Estemos conscientes, que aunque eso de permanecer minutos delante de nuestro vestier es un rito y por ende es un tema que merece de toda nuestra atención, también deberíamos considerar, que aquel trance, no puede durar más de 10 minutos. Un minuto más sería letal y motivo de sobra, para desencadenar peleas, riñas y trifulcas conyugales.


Si atraviesas ese lapso de tiempo, estarás como en un limbo y te dará lo mismo que tus hijos estén trepándose por las paredes, la mujer de servicio esté insufrible, la conserje toque el timbre para que le des su regalo de diciembre o el estruendo del intercomunicador te avise, que por fin llegó el plomero.


Nada de lo mencionado te hará regresar a tu estado normal, mientras te dejes atrapar por los fenómenos sobrenaturales de tú armario.

Recuerda que Narnia, no es sólo una película…es tu día a día, te guste o no.






 

NARNIA PARTE II...SEGUNDAS PARTES NUNCA FUERON BUENAS

 

 Una queridísima amiga, Karina, me hizo el comentario de que mi penúltimo blog, (Narnia no es sólo una película), estaba algo inconcluso y por ende, no abarcaba todos los subtemas que aquel tópico extensísimo, albergaba en su interior.


Me exhortó a ampliarlo, aludiendo que ojalá el simple hecho de movilizar ganchos de un lado a otro, fuera lo verdaderamente catastrófico.

Que la parte más nauseabunda era, cuando al cabo de 15 minutos de búsqueda frenética, la cama se había convertido en un depósito, en forma piramidal, en el que convergían los mil y un trapos, que era lo que al marido le descalabraba la existencia, a la hora de que ella lograra dar con el atuendo ideal.

 

Sin embargo, cuando ella se encontraba sola, de igual forma perdía los estribos, pues los malabares que tenía que hacer para combinar todo tipo de estilos y colores, ya no solo era algo propio de los trapos que aventaba de un lado a otro, resultaba que los accesorios, también jugaban un papel importante y eran parte de aquel show en vivo, que tenía como única meta, dar con "la pinta ganadora".

 

Si aquella bisutería (que parecía dar gritos por querer salir de su guarida), se combinaba concienzudamente, ¡en buena hora! su pinta era imbatible y el espejo se lo diría a gritos.

 

Si por el contrario ese collage de cadenas y collarejos, se los encaramaba sin ton ni son, lo más probable, es que la confundieran con Marilyn Manson, el roquero larguirucho y famélico, famoso por usar lentes de contacto terroríficos. ¡Un desastre total!

 

La pregunta del millón era, ¿cómo lograr tener la intuición, de que lo que se pusiera, la hicieran lucir bien y no como las de la lista de "Las Peor Vestidas" de Joan Rivers en su programa Fashion Police?

Ella tenía un código, compuesto de 4 cláusulas, que le indicaba, inequívocamente, si lo que había escogido, era ponible o censurado. El mismo se basaba en las siguientes reglas de oro:

A) Los trapos que le medio gustaban, se le veían fataaaaal. Cambio y fuera.
B) Los que le quedaban mejorcito, no eran apropiados para la ocasión. A otra cosa mariposa.

C) El que le encantaba, estaba en la tintorería, y no estaría listo para el evento. Todo lo hacía a última hora, así que Lástima.
D) La otra pinta que le gustaba y le quedaba bien, además de ser la apropiada para la ocasión, se la había puesto tantas veces, que hasta el mismo Steve Wonder, estaría harto de verla...si pudiese ver.

¿Qué le quedaba entonces?

 

Armarse una improvisada, a base del pantaloncito negro recto, infalible, con la camisita de lentejuelas cute, que mal o bien, siempre era blanco de miraditas y los mega zarcillos, tipo chandelier, que enriquecían el conjunto.

Esto lo amenizaría con los zapatos y la cartera, que por lo general se llevaban los créditos y el maquillaje y el secado que darían la estocada final.

Supo pues, que aquella acción de zarandear los ganchos de su vestier, era apenas el comienzo, pues el verdadero Vía Crucis comenzaba, cuando después de vaciar por completo el closet y lanzarlo encima de la cama, tenía que hacer un recorrido exhaustivo, para clasificar las posibles pintas y quedarse con la más cool.

La escogida, con mucho atino, sería la que ella llevaría con garbo al evento social, aun cuando el esfuerzo invertido en aquella labor descomunal, le hubiese robado preciosas horas de sueño la noche anterior y fuese el culpable de dejarle el cuarto, peor que los probadores de Zara, un 29 de diciembre.

 

Ese era justo el momento, donde empezaba su calvario.

 

Después que se ponía y quitaba unas 15 veces las mudas y a todas les dejaba una estampa blanca de desodorante, supo por fin, cuál sería la ganadora.


Salió feliz de haber encontrado el conjunto que llevaría altiva y orgullosa.

Sin embargo, algo inesperado, ocurrió justo antes de salir de su casa.

 

Cuando se dirigía a la salida, se percató de haber olvidado las llaves del carro, se devolvió para buscarlas, pero con las prisas que llevaba, no se percató de que su hijo mediano estaba detrás de ella.

 

El niño tenía un mega tobo de Taco de chocolate que acababa de prepararse, el que con el impacto, se desbordó del vaso, salpicándole por completo toda su ornamenta cubierta de tela.

 

Según las lenguas de doble filo, ella pidió la eutanasia, pero no se la concedieron…

 

Por eso Narnia parte II… seguro fue muy buena en el cine, pero MÍ Narnia II, tuvo que terminar así de mal…porque segundas partes, nunca fueron buenas.

 

HAY 3 COSAS QUE DICEN LA VERDAD:

LOS NIÑOS, LOS BORRACHOS Y LA ROPA APRETADA

 

La otra vez mi mamá me dijo algo, que además de flecharme, me hizo entender una realidad irrefutable.

Las 3 cosas que no mienten son: los niños, los borrachos y la ropa apretada.

El primero, lo sabíamos de antemano. Los niños tienen esa capacidad de no disimular ni un ápice, lo que se les atragante en el cogote.

Aquello que se les cruce por su inocente mente, lo arrojarán, sin vergüenzas, ni pudores, ni ediciones ficticias. Son transparentes por naturaleza y esa “cualidad” sólo se verá amenazada por una importante tanda de pellizcos, propinados por su madre, (si sabe cómo darle un parado) o por la boquiabierta víctima.

Estos chiquitos, si tienen que decirte FEA a todo pulmón y sin cortes comerciales, lo harán en un tris, y además lo repetirán, dando saltos de canguro. Tan así que desearás tener a mano un mazo para partírselo en la cara, pero tragarás en seco y le dirás a la mamá, “guao, qué directo ¿no?”

La orgullosa madre, (carente de tacto hasta el infinito), le dirá como al descuido, “ya mi amor, no le digas fea a mi amiga. Ay Marina, es que son tan sinceros, que no miden sus palabras. Lo que sienten, lo dicen sin tapujos…”  

Tú te quedarás, un, dos, tres, pollito inglés… paralizada de indignación.  No lograrás digerir, cómo esta amiga, en vez de propinarle un tate quieto, con ojos “puyúos”, optará por reirse a todo pulmón, a punto de aplaudirle por tan osado comentario.

El niño endemoniado, te hará preguntas incoherentes, pero tan reales como tus ganas de cortarte las venas. “hola, ¿por qué eres gorda? ¿comes mucho chocolate?, ¿por qué tienes esas rayas en la frente?, ¿por qué tus dientes son amarillos?, ¿no te los lavas?

Fingirás una sonrisa más falsa que “saludo en alcabala” y mientras tu amiga, se divierte horrores, oyendo encantada al pequeño Chucky, tú sólo querrás salir corriendo a la farmacia, a comprarte una caja de Prozac, mientras te ves en el retrovisor del carro para comprobar si todo lo que Demian te dijo, se parece a tu cruenta realidad.

Si supiera el bichín aquel, que te acomplejó hasta los tuétanos…

Después que caes en cuenta que es un niño y que es inocente de toda falta, pues más te chinchas, porque los infantes dicen la verdad y todo lo que te dijo, fue como una vorágine de cuchillos afilados, que se te clavaron en las entrañas.

Pero qué hacer para superar tu mal rato?, no mucho; ahogar tus penas (y tu dedo anular), en un pote gigante de Nutella, mientras oyes I will survive de Gloria Gaynor.

El tema de los borrachos, también se parece al de los niños, pero con ellos no deberíamos tener gran contacto. Uno los esquiva y no le damos chance de que nos digan “helaaaa”, (eso fue Hola en modo borracho).

Sin embargo, la tercera circunstancia, vocifera a todo gañote, aquello que no puede encubrir una realidad inamovible, la ropa apretada.

La pregunta que me corroe y me da comezón en todo el cuerpo es, por qué hay ciertas damas, que se exponen desvergonzadamente, a pavonearse forradas, como los cuadernos de los niños de primaria, sin pizca de vergüenza?

Todo lo que se ponen, les queda tan ajustado, que uno aguanta la respiración, de tan sólo verlas.

No se dan cuenta, que vestirse así, es igual que leer un texto corregido con un marcador rojo Sharper, que recalca todos los errores ortográficos.

Los rollos de la espalda, los de la barriga, los mega cauchos de gandolero y pare de contar, son los protagonistas que harán su debut, con mucho resuello, ante los atónitos ojos de quienes se queden de una pieza, viendo aquella masa, danzando de un lado a otro.

Y es que estas mujeres, están como envasadas al vacío. Como mortadela que uno compra en la carnicería.

Y no es que esté criticando los kilos de más, eso jamás.

Sólo creo, que en mi opinión (cero humilde), no hay nada más terriblemente revelador, que una ropa que esté como tatuada encima del cuerpo de la feliz ingenua, que se cree más divina que Beyoncé; no importa si los demás la ven, como Anna Nicole Smith

 

DÍGANLE “NO” A LAS COBRAS


 
Cada vez me sorprende más, la cantidad de gente nociva que hay desparramada en el mundo y el dolor que provocan con sus palabras y acciones, lo que al parecer, las llena de un placer desmesurado.

De verdad me impresiona, lo maléficas que pueden llegar a ser algunas personas y las ganas atropelladas que tienen de ir por la vida, aplastando, hiriendo y lastimando a quienes se topen en su camino, no importa, la condición social, raza o credo de sus víctimas.

Sin embargo, lo que más me asombra es, lo sutiles que son en sus formas de actuar, que hasta que el agraviado cae en cuenta de que fue apuñaleado verbalmente, pasa un importante lapso de tiempo.

No logro entender, qué célula malévola les revuelve, primero los intestinos y luego el colón, (hasta apoderarse del resto de las vísceras), que todo lo que expulsan por la boca, es del más puro veneno refinado proveniente de lugares insospechados.

Incluso he llegado a creer que existen cosechas “veneniles” de fama internacional, de las cuales se extrae y se refina el veneno (de Cobra), que estas personas utilizan como combustible para poder ir por la vida, derrumbando cual pelota de bowling, a los pines humanos que se encuentran a su paso.

Las más archi famosas villanas de las películas que son y fueron éxito de taquilla mundial, pedirían la eutanasia, de imaginar que se pueden ver como Hello Kitty, al lado de estas víboras, que con sonrisa angelical, siempre tienen a pedir de boca, la frasecita indigesta de "sabes que te lo digo porque eres mi amiga y te quiero".

La pregunta que nos ronda cual zancudo molesto y nos roba el sueño es, por qué hay personas que tienen la particularidad de aplastar en un dos por tres a quienes inocentemente le ofrecen su amistad y al parecer aquello las hace más felices, que comer Nutella con el dedo?

Como bien sabemos, este universo de gánsteres, representado en su mayoría por el género femenino, sólo sabe hacer algo de manera intachable y es proscribir comentarios hirientes capaces de derrumbar en un santiamén, a quienes se crucen en el camino de este veneno curvilíneo, y una vez emitida la frase demoledora, la víctima adoptará una actitud retraída el resto de la velada, mientras que la verduga que fue capaz de clavar su aguijón punzo penetrante, sabrá que logró su cometido y se regodeará muy sonriente de lo que hizo, en tan sólo un chasquido de dedos.

Ahora bien, hay algo que debe quedar claro y es que la intención de molestar, de irritar y de exasperar al objetivo, no es completa, si quien recibe el guamazo hace de tripas corazón, (hígado y riñones), y se disfraza de “pregúntame si me importa” y no se inmuta ante los cañonazos de su “amiga”.

Cuando es así, y la agraviada consigue tener el temple del protagonista de la serie Remington Steele (interpretada por Pierce Brosnan y su inolvidable slogan “con temple de acero”), es momento de hacer un paréntesis y darle un merecido reconocimiento a esta figura femenina, que además de ser admirada por su intachable forma de actuar, deberá ser ejemplo, para que otras mujeres más débiles, (que aún no hayan desarrollado su coraza anti cuaimas), aprendan de ella y logren emularla, actuando con la misma cautela y sangre fría, que nuestra heroína.

Sin embargo el problema surge, cuando la víctima de nuestra novela es frágil y de un solo plumazo se derrumba y queda noqueada ante la verborrea perversa de Cruella, logrando con su actitud inyectarle una importante dosis de poder al enemigo, obteniendo con ello, que éste prospere, haciéndose cada vez más nocivo y perjudicial, que 3 cajetillas seguidas, de cigarrillos Astor Rojo.

Acontecimientos tan dolorosos como enterarte de que la Fulana hizo una merienda y no te invitó, disque porque “estás gorda y quiso evitarte todo tipo de tentaciones para que no sucumbieras”, dejándote por fuera como la guayabera, son la excusa perfecta para contratar a un sicario que la descuartice, aunque ese sea un sueño, que difícilmente podrás materializar.

Cuando te le enfrentas y le exiges una explicación lógica, ella solo tiene una frase tan insensible, que lo único que logra, es terminar de aniquilarte las esperanzas: “Amigui, no sabes lo rica que quedó la merienda por mi cumple. No te invité porque me dijiste que te engordaste full y la verdad que con tantas exquisiteces no ibas a poder resistirte. Sabes que todo lo que hago, es porque te quiero y eres mi amigui del alma”.

Estás consciente que no es la primera vez que te ignora, pero eres tan...ehh, ¿cómo decirlo?, tan, pero tan…, (lo lamento pero no encontré el adjetivo apropiado), que siempre la perdonas, dejándote envolver por su pegajosa maraña, lo que te hace olvidar en un tris, todo el daño que te ha hecho (y te seguirá haciendo) y es así como de nuevo, vuelves a ser nice con ella, amable y buena gente, por no decir imbécil.

Otro ejemplo de demonia infalible, (que no edita palabra al momento de derramar todo su veneno en tí), es la vez que te dijo: “ay Lolita, que horror cómo te faltó gente en la cena que diste por tu aniversario. Aunque a decir verdad, menos mal que no vino todo ese gentío. Apenas alcanzó la comida para los pocos que estábamos, imagínate que hubiesen venido todos. Un desastre. Pero tranquila amigui así son los festejos, unos tracaleros”.

Y entonces la cara que pones, acompañada de síntomas como manos sudorosas, palpitaciones a destiempo, tics nerviosos y unas retorcidas ganas de convertirte en Jack El Destripador, es lo que a ella la llena de una dicha infinita que la colma de poder, a cambio de succionarte cual vampiresa.

Así es, como los miles de ejemplos que puedo dar, uno más absurdo y perverso  que el otro, es con lo que quiero advertirles, en letras de neón chirriantes, grandes y titilantes, que si hay mujeres que destilan veneno de serpiente y son malucas hasta los tuétanos, también las hay, quienes les den la pelea y se armen de valor y entereza para trancarles el paso a estas cuaimas, ante cualquier comentario non grato, y de paso hagan una labor altruista, dando el ejemplo a las menos fuertes.

Estas débiles que deberán aprender de éstas duras y masticar muy bien cada reacción, cada palabra emitida, cada gesto y mueca actuada, serán clave para que las Cobras que invaden el planeta, sean cada vez menos y se extingan para siempre.

Y es que si de algo estoy segura, es que estas brujas infinitas, son como son, porque la infelicidad que las embarga, no les permite, ver felices a las demás. Su lema es "si yo no puedo ser feliz, tú tampoco lo serás".

Por eso mi campaña: “DÍGANLE NO A LAS COBRAS”.

 

 

 

CUAL BELLA DURMIENTE

Levantarse un día bien tarde,
sin remordimientos ni dolor,
es casi como encontrarse,
a George Clooney en el ascensor.
Es como taponearse,
de bombones de La Praline
viendo acostada en la tele,
la serie de King of the Queen.
Es uno de los pecadillos
que más me gusta infringir,
aunque después las pase canutas,
dando excusas sin balbucir.
"Que si hubo una mega cola,
además la muchacha no vino
los baños los hice yo sola,
al parecer ese es mi destino".
Mientras tanto y aunque lamentes,
no haber hecho tus diligencias,
te repones muy felizmente
porque actuaste con inteligencia.
No todos los días se puede,
levantar una a las 5.30,
la que lo haga es una quimera,
y si no que hablen "sus ojeras".
El malhumor y el estrés implacable,
además de los gritos de loca,
te hacen ver insoportable,
provoca lanzarte una roca.
Aunque pretendas ser muy amable,
por falta de sueño te ves,
enervada y encolerizada
porque aparentas de 93.
El cansancio no perdona,
y se te infiltra por las venas,
ni poniéndote pepitonas,
lucirás como Selena.
Pues dormir hasta las 10,
por no decir hasta la una,
aunque después te mate el estrés,
lo disfrutas como ninguna.
Una vez obtén la gloria,
de pasarla bomba en tu vida,
aunque si crees que esta historia,
se te hace conocida,
haz entonces caso omiso,
e ignora a tus contendientes,
manda a todos pal' Carrizo
y duerme cual Bella Durmiente...

CHOCOLATEANDO

Esta no es una amiga,
es más bien una desconocida.
Coincidimos un día en el pasillo,
del Súper que está en el Hatillo.
Estábamos entre los Pirulines
y la caja de los Boleros.
Ella decía que en el cine
se comía los paquetes enteros.
Me daban ataques de risa,
pensando que yo hacía lo mismo.
Salía del cine vomitando
por el exorbitante "consumismo"
Terminamos las dos con una taza,
de caliente y espumoso café
y por supuesto con una gran dona,
rellena de choco y glazé.
La cuestión es que nos divertimos,
hablando de lo bien que se pasa,
comiendo como unos simios,
chocolates, dulces y masa.
Ella era bien rellena,
pues comía como una ballena,
a mí lo que me salvaba,
era que me saltaba la cena.
Pero sin lugar a dudas sabíamos,
que el chocolate recorría nuestras venas,
y las 2 en común concidíamos
que la verdad es que te quita las penas.
Te puedes resistir ante todo,
pero jamás a un buen chocolate,
podrás hablar por los codos,
de que estás en dieta y Pilates,
pero ante un crujiente bocao,
de un rico bombón "empringao"
no pondrás resistencia "chalao"
y que viva por siempre el cacao.

¿A QUIÉN LE IMPORTA LAS PARTES DE LA FLOR?

Ella languidecía cada vez que su hijo de 9 años, llegaba del colegio con una cara larga y con una tarea, aún más larga que su cara. Sabía que tendría que abortar cualquier actividad en la que estuviese metida de cabeza, para sentarse en la mesa del comedor, armarse de paciencia y buen humor y tener la disposición de querer ayudar a su hijo de 4to grado en Lengua, Matemáticas, Sociales, Inglés, Ciencias y hasta en cómo responderle los pines en clases, sin que la maestra se diese cuenta. Una vez que el niño se tomaba su tiempo para comer, bañarse y "manguarear descaradamente" por toda la casa, ella entonces, debía disfrazarse de La Sirenita y pedirle con voz dulce y ademanes amables, que se interesara en las tareas que debía culminar, así como también en los temas que tendría que estudiar para su evaluación del siguiente día. Lo llamaba al principio, en un tono amistoso, a sabiendas de que el niño apenas le respondería, las siguientes llamadas se iban tornando un poco más altivas, hasta que después de ordenarle con un escalofriante alarido que dejaría temblando al mismo King Kong, lo instaba a dejar de jugar, de ver tele o de chatear con los amigos y era cuando finalmente él se apersonaba en el comedor, murmurando que estaba harto de sus gritos y de que ella se la pasara regañándolo y fastidiándolo. De nuevo ella, tratando de recuperar la calma y sacando paciencia, de lugares tan recónditos como los tuétanos de sus huesos, (si es que ahí pudiese encontrar un poco de aquella virtud), conseguía actuar como si fuese una persona calmada y de nuevo le explicaba, muy taimada, que si tenía tareas, exámenes y actividades para ser evaluadas, debía, (tenía, mejor dicho), que ser responsable y comenzar a realizarlas de una vez, le gustara o no. Después que ese gran paso, finalmente era comprendido y digerido por el niño, entonces éste, se encaminaba cabizbajo para extraer de su bulto los implementos con los que llevaría a cabo aquello que le era encomendado y que con la ayuda de su progenitora, lograría culminar exitosamente. Perfecto, la primera etapa estaba siendo acatada. Era momento de pasar a la segunda fase, que consistía en que la madre debía empaparse de la materia que su hijo había visto en clases, de la misma manera que se empapa un filete de merluza en harina y huevo antes de lanzarlo al sartén, embadurnado previamente en aceite hirviendo. Una vez que ésta captaba el contenido impartido por la maestra, era el momento de transmitirle con sumo cuidado a su hijo, los conocimientos adquiridos, para que éste los entendiese y ella pudiese culminar el día, con la satisfacción de saber, que el esfuerzo bien valió la pena. Pero resulta, que en esta segunda etapa, las cosas no siempre se daban como ella esperaba. Que ella tuviese la disposición, el tiempo, la paciencia y la concentración para explicarle a su hijo con el alma, el corazón y las entrañas, la materia que el niño tenía que administrar en el cerebro, no era suficiente en lo absoluto. Suministrarle ejemplos, gráficas, diapositivas, dibujos, explicaciones explícitas e información enriquecida y extraída de Internet y por poco de la NASA, podría en algunos casos no ser suficiente, y no porque el niño no entendiese. El tema era más engorroso de lo que ella se imaginaba. El hecho de que el niño lograra manejar aquella información aún mejor que la maestra, se había convertido en una manía patológica que a ella se le despertaba cada vez que estudiaban juntos. Volverse cada vez más y más exigente con su hijo, era como la obsesión que sienten las anoréxico-bulímicas, ante un plato de comida. Que el niño le jurara con lágrimas en los ojos, que entendía perfectamente todo lo que ella le iba enseñando, al parecer no era suficiente para una madre, que después de haber pasado por un episodio, en el que se desangró explicándole hasta la saciedad el tema que iría para el exámen, el disgusto que se llevó fue infinito, cuando el niño le enseño la prueba en la que había sacado un 3, en vez de un 5, como ella se esperaba. Sin embargo, superada esta segunda etapa, en que la madre gritó, se calmó, se volvió a irritar, se tranquilizó, se comió una lata entera de Pirulín y de nuevo volvió a encontrar la serenidad, se le hizo imperdonable esa primicia, en que su hijo solo fue capaz de traerle un 3, cuando lo que ella se esperaba era, que la felicitaran y le hicieran una estatua en El Paseo de Los Ilustres por el coeficiente intelectual de su hijo, "jamás visto en la historia" Pero se desanimó de tal forma, que aceptó que así se daban las cosas e irremediablemente pasó a la tercera etapa, que no era más que la aceptación de que su hijo no era el hijo perdido de Einstein ni de Newton, por lo que tuvo que asumir, que si le seguía explicando, dejando todas las tardes el corazón (con sus respectivas venas y arterias) encima de la mesa del comedor y seguía recibiendo al resto de los integrantes de la familia, convertida en una fiera enardecida, mejor sería entonces, dejar las cosas como estaban y evitar con ello una tirantez con su hijo, una exigencia consigo misma que la tenía nerviosa y consumida, una locura desatada que la estaba enfermando más de la cuenta, para lo que concluyó que lo más idóneo sería aceptar que aun cuando el niño le dijera que lo entendía todo, ella debía dividir ese "todo" entre 2 y quedarse con el resultado final. Lo más importante era hacer feliz a su hijo y a ella misma, aun cuando tuviese que encerrarse en su cuarto para darse 6 cabezazos contra la pared, porque el niño nunca lograría aprenderse que el estigma, el estilo y el ovario son las partes que conforman el pistilo de la flor y que éstas tienen reproducción sexual y asexual...cosa que ella, tampoco sabía.