sábado, 8 de febrero de 2014

"SI TU ERES AJO, YO SOY PIEDRA QUE TE MAJO"

Así comienza mi blog de esta semana.
Un título bastante sugestivo, con el que quiero hacer referencia a un refrán muy común entre los judíos sefardíes que inmigraron de Marruecos, -y que entre otros dichos populares-, enarbolan los mejores y más sonados de aquella época en el norte de África.
Es una expresión burda, que muchos siguen repitiendo y que significa que si alguien es testarudo y obcecado -y quiere siempre salirse con la suya-, se topará con quien lo rete y le haga saber que no será así, por más que lo intente.
Es por ello que quiero relatarles una "breve" historia, (ya saben que de breve nada) en la que dos amigas se disputan el título nobiliario de ser "la piedra que maje... las majaderías de la otra"...
Según The Free Dictionary, majar es: deshacer o aplastar una cosa -dándole golpes-. Machacar.
--------------------
Como dije, eran muy amigas.
De hecho entrañables desde hacía unos 20 años.
Cada vez que se juntaban, llevaban a cabo el ritual típico de saludarse súper efusivas, para después escanearse de arriba a abajo, deseando que algo estuviese fuera de lugar.
Siempre había una de ellas que era más castigadora.
Por más que la otra tratara de ser   "nice", esta siempre le arruinaba el momento con algún comentario fatídico y mortífero.
Sin embargo, un buen día, por fin le llegó la iluminación divina -a esta sonsa-, en donde supo que ya no podía seguir siendo tan cándida, por lo que decidió parar en seco su listado de cumplidos con su Cuaimaneitor. "Ni uno más, a la que jamás me ha dicho nada bueno", se decía ofuscada.
Y así fue, como una vez que
finalizaban -ambas- aquel chequeo psico-somático, -aunque pensaran que la otra se veía súper-, ninguna era capaz de confesarlo.
Pero la que recibía (sin nunca dar a cambio), comenzó a extrañarse.
Veía que su amiga, había dejado de ser su proveedora de cumplidos y eso era inadmisible.
Y es que estaba tan mal acostumbrada, -a que ésta siempre le regalara los oídos-, que después de unos minutos y sin ningún pudor, le preguntaba, qué cómo se veía. Necesitaba desesperadamente -oír a vox populi-  que su pelo, su cara y sus trapitos, estaban a la altura de las divas de Hollywood.
La otra le decía que bien, sin entrar en detalles, después de varios episodios en donde Cruella de Vil, no sólo jamás fue recíproca con ella, sino que además la hizo sentir terriblemente mal, humillándola un par de veces.
Cruella sentía que se refreía en aceite de Oliva (Extra Virgen) y que toda su osamenta se prendía en llamas, -cuando su amiga actuaba así-.
Qué maldad! -pensaba esta egoísta-, "se nota que se muere de la envidia de verme bella y regia, pero la muy "bitch" no es capaz de decírmelo. Si ella no me dice nada, obvio que yo tampoco".
Por lo que seguían siendo cercanas, pero a la vez lejanas, siendo amigas, pero con un toque de enemistad, diciéndose las verdades, pero sólo las que dolían.
Aunque parecía increíble, comenzaron a piropear a otras -que no eran tan íntimas-, pero entre ellas, ni la "O" por lo redondo.
Eran tan comedidas, que aquella acción llamaba la atención, considerando el grado de amistad que pregonaban.
Por qué si se "apreciaban" no podían darse un gusto y con ello solidificar su amistad? Esa respuesta quedaba vacante.
Finalmente llegó el día, en que ambas fueron invitadas al cumpleaños de una fulana.
Mientras las invitadas entraban y se acomodaban, la insoportable -de mi historia-, no se resistió y con una zalamería repugnante, comenzó a llenar de halagos a una equis que acababa de llegar. Claro, tenía un motivo oculto para actuar así.
Lo primero fue, felicitarla por su ropa, después por su cartera, por lo bella de su melena y lo fabuloso de su maquillaje.
La amiga, -boquiabierta-, esperó en silencio que ambas se quedaran a solas para reclamarle por ser tan poco digna. Tan arrastrada pues.
- Por qué la halagas tanto, cuando ella ni te habla? No te da pena?
- Y a ti qué te importa? Ahora tengo que pedirte permiso cuando quiera piropear a alguien? Además me cae bien.
- Pero si la última vez me dijiste que era una ridícula, y que llegó a la merienda de no sé quién y ni te saludó. Por qué ese afán tuyo en agradarle. Me has dicho que no entiendes cómo la soporto y que te molesta que seamos amigas.
- Bueno, yo soy así. Cuál es tu molestia? Además me gusta su estilo.
- Te cuento que de nada te sirve "tu repentino amor por ella", porque si le estás jalando por la mega rumba que le va hacer al marido y quieres que te invite, lamento informarte, que me enseñó la lista de invitados y no apareces. Sabes por qué? Porque ella misma me comentó, que no soportaba a la gente convenida que sólo la saludaban cuando había un motivo. Que de hecho las detestaba.
- Que de lo peor eres. Nunca pensé que ibas a ser tan maluca.
- Si, he cambiado.
Por cierto, no hace falta que me preguntes a cada momento, que cómo te ves. Deja que yo sola te lo diga sin tanto mendigar.
- Te prefería como eras antes. No sé que te pasó...
- Es verdad, antes era una imbécil y la carnada ideal para que me hicieras trizas cada vez que podías. Agradezco que me hayas "despertado de mi letargo".

Y aunque esto, -que van a leer-, la ex-tontarrona no se lo dijo; sí lo pensó y se recreó mientras lo pensaba...
"Si tu eres ajo,
yo soy piedra que te majo"...
y como no soy escarabajo,
te digo con desparpajo,
que este blog es un agasajo,
para mandarte pal ca..jo.

Dedicado a todas las amigas Cuaimaneitor -que lamentablemente tenemos-, o que en algún momento tuvimos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario