domingo, 19 de enero de 2014

MITO O REALIDAD?

Ella no sabía de qué forma lograr ser parte del grupito de las V.I.P (Vacías e Insoportables Personitas)
La muy ridícula creía, que si integraba las muchas organizaciones de mujeres pro-activas, que participaban como delegadas del salón de los hijos, del equipo de fútbol, de la sociedad de padres, -entre otras agrupaciones comunitarias-, iba a recobrar la admiración de las demás mujeres.
Últimamente se había involucrado en más de una actividad pugilística con otras mamás, por lo que necesitaba tratar de limpiar su nombre y su reputación.
Decidió pues, que lo mejor sería formar parte de aquellos grupos que trabajaban desinteresadamente por el bienestar de los demás, demostrando así cuán altruista era.
Si tenía o no, una verdadera vocación de ayudar al prójimo, le importaba cero, lo que quería era que los demás hablaran bien de ella y la colmaran de los mejores calificativos.
Tenía un carácter irreverente e implacable, por lo que ya se había enfrentado a más de una, casi siempre por problemas suscitados por los niños.
Le encantaba convertir una pelea insignificante, en un mounstro de mil cabezas.
Si la otra madre, trataba de aplacarla, (haciéndola entender que cuando los niños se pelean, lo mejor es no meterse), ella por poco se la "digería", diciéndole que claro que se metía, porque a sus hijos, "ni con el pétalo de una rosa".
Aquella madre trataba de negociar con ella, pero al rato desistía, cuando caía en cuenta que "esta intensa", perdía los estribos, por querer proceder correctamente.
La gente le temía, las profesoras, el director del colegio y hasta un par de teachers que le había contratado a sus hijos, huyeron por la derecha, después de varias diferencias irreconciliables.
Siempre alardeaba de que conseguía lo que quería en cualquier ambiente y circunstancia, así que a la primera se disfrazaba de "fiera enardecida" ante el menor conato de violencia.
La última trifulca, (que sostuvo con la mamá de un compañero de su hijo), quedó inconclusa. Nunca quiso darle la cara a esos padres ofuscados y tampoco acudió a la cita que el director le dio, porque "justo" se iba de viaje.
Un buen día, que le avisaron sobre acudir a una reunión de las tantas organizaciones a la que pertenecía (más por hacer nuevas amigas, que por ayudar y ser útil), llegó y se instaló, sin apenas levantar la cara para saludar.
Discutían sobre el déficit que estaba atravesando la organización y que por más que se le inyectaran dosis importantes de dinero, lamentablemente las cuentas estaban en rojo.
Aunque muchas no la tragaban, -no sólo por camorrera-, sino por alardear de que se la pasaba viajando y comprando, pues poco caso le hacían y menos le daban pie para que ella se regodeara.
Sus tópicos favoritos eran hablar de las 700 carteras que se había comprado en su último viaje a Italia y de los 300 pares de zapatos marca "Pregúntame Si Me Importa" adquiridos en París.
En una de esas, que una de ellas comentó que necesitaban volver a llamar a los padres más pudientes que quisieran colaborar, (para solventar los problemas), ella brincó de su asiento, sacó su chequera, (obvio que de su portentosa billetera Cartier) y ante las miradas atónitas del resto de la comitiva, pronunció sin pudor: "díganme cuánto es, que yo pongo el dinero".
Las otras intercambiaron miradas de sorpresa ante aquel comentario tan arrogante.
Cuchichearon tres segundos, hasta que una de ellas le dijo:
-No mi amor, aunque sea un problema de dinero, no hace falta que nos restriegues que te sobra y que gracias a ti, solventaremos los inconvenientes".
-Ósea, tampoco me tienes que hablar así. Qué tiene de malo que quiera ayudar? Acaso lo que están buscando, no es un aporte desinteresado? Si yo se los puedo dar, cuál es el problema?
-Sabes qué mi vida? Primero, si quieres ayudar "desinteresadamente", que nadie se entere, haz el aporte bien discretita. Segundo, no tienes ni idea, ni cuánto necesitamos, ni a quién va dirigido, y lo tercero es, que hay una situación que ignoras, que te quiero comentar.
Resulta que hay un niño en el mismo grado que tu hijo, que desde segundo grado sufre cada día por el acoso y el bullying que le hacen algunos compañeros, motivados especialmente por uno en particular. Tratamos de hablar con la madre, pero ella se niega a reconocer que su hijo pueda ser el causante de tanto dolor y sufrimiento. El colegio incluso, trató de arreglarle una cita con la madre del otro niño, pero ella siempre está viajando y cuando está aquí, asegura que no puede reunirse.
Tengo entendido, que cuando casualmente se encontró a aquella mamá, le habló muy duro, asegurándole que su hijo nada tenía que ver con las acusaciones que lo involucraban. Cuando la otra quiso explicarle que su hijo siempre acusaba al de ella, ésta le saltó encima diciéndole que el hijo de ella, algo habría dicho o hecho para que su hijo reaccionara así.
Estos padres, llevan a su hijo desde 2do grado a terapias, sicólogos, y orientadores que le ayudan a recuperar su autoestima.
El niño era un alumno excelente, que lamentablemente bajó su rendimiento, después de estos incidentes.
Los padres, que tampoco cuentan con una situación muy holgada, nos pidieron ayuda y se la dimos, porque para eso somos una organización sin fines de lucro.
Ella no habló más. Por fin supo que debía callar. Guardó su chequera, adivinó contra quien dirigían la acusación, y se levantó para salir.
Seguramente habló con su hijo, porque la mamá del otro, llamó al colegio para decir que uno de los especialistas había visto un cambio muy favorable y aunque no fue fácil, era increíble que alguien la enfrentara.
Pero quien le habló, lo tenía todo muy bien planeado.
Quería dejarla en ridículo y descubrirla delante de todas, después de la vez que ella misma la oyó decirle a su hijo mayor (en una cola), "que no podía invitar a ese amigo a la casa, porque los padres eran unos equis que nadie conocía y a ella "esa gente" no le gustaba".