viernes, 28 de febrero de 2014

BRAVO FER

Estuve pensando estos días, si ustedes se imaginan que el nombre o apellido de cada quien, tuviese injerencia con su manera de actuar.
Y si nuestra actitud en la vida, estuviese íntimamente ligada con nuestro apelativo?
Como esto suena ridículo, quiero darle algo de validez a mi aseveración, refiriéndome a un periodista a quien admiro -y estoy segura que ustedes también-, por ser un profesional valiente, directo, categórico y que no tiene miramientos al momento de enfrentar a quienes entrevista.
Sabe muy bien como "Arrinconar" a sus entrevistados, dejando en claro su posición objetiva ante la problemática que se está suscitando en Venezuela, -sin por eso llegar a parcializarse-, por una u otra tendencia.
Está al tanto de lo que estamos padeciendo los venezolanos, cuando pone en tela de juicio, las declaraciones de los seguidores del régimen, por más fieros que parezcan.
Jamás lo he visto amilanarse ni mucho menos acobardarse.
Su manera de adentrarse -en las situaciones que de cerca nos toca-, ha provocado en mi, una admiración y un profundo respeto hacia su trabajo.
A estas alturas, ya sabrán que sólo puedo referirme a Fernando del Rincón.
Íntegro y capaz, directo, diáfano, pero sobretodo inamovible en su espacio de todas las noches "Conclusiones".
Es por eso que quiero reiterar, que los nombres de las personas, puede -que en contadas ocasiones-, sí guarden relación con la personalidad de su portador.
Jamás lo he visto doblegarse y esa seguridad que emana -al momento de atajar a los más irreverentes-, es justamente lo que le aplaudo.
Se estarán preguntando, si todos deberíamos obtener algún significado etimológico de nuestros nombres o apellidos?
No sé ustedes, -pero yo por ejemplo- amo el Chocronlate..., también están los "Inmaduros", y como bien dijo un buen amigo mío, los que nos siembran las Dudamel, ni hablar del más despreciable de todos "Des-piodado", de Descon-Cilia, y uno a quien me gustaría ver "Arrodrigado" pidiendo perdón por infame.
En fin, saquen sus "conclusiones", -mientras una vez más dirijo mi ovación-, a todo el equipo que labora en CNN en español, empezando por Patricia Janiot, Ismael Cala y en mi caso particular, muy especialmente a Fernando del Rincón.

viernes, 14 de febrero de 2014

UNA ODA AL CARLTON

Nunca pensé que podría dedicar todo un blog a una golosina. Pero cómo no hacerlo, cuando esta chuchería -que estuvo en extinción por algunas décadas-, además de hacernos salivar, también nos remonta a los mejores años de nuestra infancia y adolescencia, en un viaje fascinante de gustos y recuerdos.
Es que de tan sólo acordarme de la lata rosada, en donde aquellos rectángulos alargados bañados de chocolate, estaban todos tan bien alineados, me invade una  melancolía indescriptible. Introducir los dedos dentro de esa lata redonda y comérselos de dos en dos, era algo indescriptible,  que no sé cómo explicar.
Así pues, que quería recrearlos con una historia que me pasó en días pasados, cuando paseando por un centro comercial, me detuve en un kiosko (de esos high tech con una súper infraestructura), y me paré en seco, cuando visualicé la galleta envuelta en el clásico papel rosado.
Fue tal la emoción, que se me tambalearon las piernas.
Le pedí a la mujer la caja completa, sin detenerme a pensar, que seguro la cara de esquizofrenia que comenzaba a poner, probablemente la estaría asustando.
Le pregunté, que por qué habían eliminado el Carlton de la lista de chucherías venezolanas más exquisitas y -sin dejarla hablar- también le pregunté que por qué se tardaron tanto en sacarlo de nuevo? Incluso el Pirulín, que para mí es el top ten de los munchis a nivel nacional, por un instante lo comparé con el Carlton, y temí que pudiese verse amenazado, o peor aún, desplazado.
Ahora que lo pienso, sería terrible si tuviese que escoger entre estos 2 boicoteadores de dieta.
Sería como si me preguntaran quien es más "charming" George Clooney o Matthew McConaughey?
Así pues, que la mujer me miró y creyó que le estaba tomando el pelo, por lo que muy seria le dije, que efectivamente quería la totalidad de la caja. Necesitaba curarme en salud, (llevándomelos todos), porque ustedes se imaginan que esa salida repentina del Carlton, fuese por alguna edición especial -o cualquier cosa de marketing que se estuviese inventando la gente de Savoy- y más nunca volvía a verlo???
Comenzaron a llegar personas al kiosko y al ver que la mujer que me atendía, contaba las unidades -para sacarme la cuenta-, se animaron también ellos a pedir.
Era tan obvia mi emoción, que los muy ridículos también se antojaron de Carlton.
La gente, cuando ve que otros comienzan a llevarse montones de unidades de un mismo producto, ni siquiera preguntan qué tal es, simplemente hacen lo mismo para después averiguar si estuvo bien o no, haber hecho esa compra nerviosa.
No podía disimular mi excitación y aquello seguramente les había llamado la atención.
Sin embargo, caí en cuenta, que estas personas eran mucho más jóvenes que yo, por lo que concluí que para ellos el Carlton jamás y nunca representaría el nivel de felicidad, que implica "retornar al pasado" a la tierna edad de 8, 10 y 12 años donde comerse uno, después del colegio -en el kiosko abajo de tu edificio-, era una cosa memorable, que sólo quienes lo vivimos en carne propia, podemos entender.
Ella les dijo que tenían que esperar hasta terminar conmigo y que lamentablemente esa era la única caja que le quedaba. Comenzaron a discutir con ella y yo les dije que era un encargo y que los necesitaba todos. Que tampoco eran nada del otro mundo, (a ver si se desanimaban) y que sólo -a los que teníamos de 35 años en adelante-, nos gustaba, porque era la "chuche" de nuestra gloriosa época dorada de la adolescencia.
Por ahí me fui; los mareé con mi discurso lastimoso donde les hacía creer que cuando uno come algo -después de tantos años-, lo hace más que nada por traspolarse al pasado. Que cuando ellos tuviesen mi edad, seguro lo entenderían, porque probablemente  algún perfume o canción, (o en este caso una galleta equis), serían su boleto de vuelta a aquella época de su vida, que uno siempre recuerda con nostalgia.
Seguía vendiéndoles la idea, de que para mi el Carlton, (con 40 y pico en el lomo), era un aliciente, un elixir y mi pasaje en primera clase, -de vuelta- a mis años mozos.
Una de las muchachas me interrumpió y me dijo: "Ay señora, ni que usted estuviese tan vieja para hablar así", le dije "yo sé, -gracias-, pero fíjate como me hablas de "usted" y encima me dices "señora". Sabes cómo se me quita ese malestar, -que me acabas de inocular en el cuerpo-? Exacto, con los Carlton que me voy a llevar."
Para hacerles la historia corta, sólo fui capaz de sacrificar 3 de los casi 17 que estaba por llevarme y aunque sentía que se me iba el alma con cada uno que entregaba, tenía que hacer mi buena acción del día.
Qué puedo decirles que ustedes no sepan de esta galleta memorable? Carlton es Carlton y lo demás es cuento, por eso -no en vano-, esta oda en su nombre.
Sólo les prometo que si después de leer esto, les provoca uno, les diré donde conseguirlo...
si me ponen like 😜😜😜





sábado, 8 de febrero de 2014

ETIMOLOGÍA DE C.A.N.A.S

C uando
A sumimos
N uestra
A ngustiosa
S ituación

Como bien dice el título de este blog, si hay algo, que deliberadamente pone de manifiesto nuestro adentramiento a la temida vejez, sin lugar a dudas, son las canas.
Esos pelitos que comienzan a asomarse de la noche a la mañana (y sin previo aviso), son la alarma infalible que nos avisa, que los años no pasan en vano y por más que queramos disimular nuestra agoniosa realidad, no habrá manera de evadirla. Para allá vamos todos nos guste o no.
Blanquecinas y aunque indefensas, son como púas pinchantes que irrumpen en nuestro cuero cabelludo.
Es por ello que quiero narrarles una simpática historia, donde mi  "virtual" amiga Blanca fungirá como la protagonista estelar de la misma.
Efectivamente esta amiga, se levanta un buen día en la mañana, y cuando se dirige al baño, observa en el espejo unos cuantos mechones grisáceos que delatan su cuarentena de años.
Así es, como después de una mirada desdeñosa, asume que los años no perdonan, y mucho menos, los genes implacables que la escogieron desde el vientre materno para inocularle a temprana edad, una cabellera (que aunque frondosa), bastante salpicada de mechones albinos.
Cree que es una broma macabra del destino y decide pues, tomar las llaves de su carro y cual ráfaga huracanada salir a la peluquería que en este momento vislumbra como un oasis en medio del desierto.
Mientras va en el carro, siente que una sensación indescriptible le invade el sistema nervioso -dejándola muy vulnerable-.
No sabe como mitigar ese sentimiento obcecado de creer que aquello le puede pasar a los demás, pero no a ella que apenas está saliendo del cascarón... (Con 40 y pico saliendo del cascarón, será del cascarón de un Tiranosaurio).
Una vez que llega, pide hablar con Maryolys, (su peluquera de confianza), pero la cajera la ataja diciendo que tiene el día libre, pero que la puede atender Marioxi.
Ella está en modo "me va a dar algo", pero acepta a la nueva ilusionista que le asignan y que en un periquete le tapará esos reveladores pelillos.
Está deseosa por verse la pelambrera color "juventud" y no "bisabuela que teje escarpines".
La tal Marioxi le pregunta, qué desea hacerse y mi protagonista extrañadísima le contesta que si no es obvio que cubrirse las canas.
Le comenta que está por irse de viaje a Punta Cana y que quiere ir radiante y fabulosa.
La peluquera no entiende mucho y mi amiga sigue parloteando sobre su incapacidad de aceptar esos mechones violáceos que le arruinan su imagen aniñada.
Se queda hablando de lo rápido que le han pasado los años y aunque ya la peluquera no está con ella, (porque se fue a buscar el tinte y un café que la enmudezca), mi amiga no calla.
Después que le trae el café, Marioxi procede a trabajar.
Así es como comienza a escarbar entre las capas de cabello y después de unos minutos, exclama que las pocas canas que tiene no se le notan, que en todo caso lo que necesita es una larga lista de tratamientos tales como mechas, corte de puntas, brillo de seda, hidratación, secado, manicura y hasta un masaje facial.
Mi amiga le responde que eso no está contemplado, ya que su prioridad es erradicar las canas (porque aquello la trae "de los pelos").
Marioxi insiste en que si está tan preocupada, empiece entonces por hacerse una mega hidratación, un buen corte de pelo y hasta un blanqueamiento de dientes.
Mi amiga cree que "le está tomando el pelo", por lo que molesta le dice que sólo fue a taparse las canas y que lo demás lo irá viendo.
La mujer enmudece y comienza a mezclar el tinte con el que le cubrirá las "delatadoras de edad".
Sin embargo una fuerza extraña se apodera de Blanca, y le dice que tiene razón. Que ahora que lo piensa, sí necesita de otros tratamientos más asertivos y que está dispuesta a dejarse aconsejar por ella, que es más entendida en la materia.
La peluquera esboza una sonrisa y después de guiñarle el ojo, le dice "prepárate al cambio, te voy a dejar tan bella, que de las canas ni te vas a acordar" y después de un corte, de mechas y un poco de desriz, se da cuenta que la mujer no se equivocó.
El tema de las canas era exasperante, pero gracias a esos 5 pelos blancos, ella supo que un cambio trascendental era inminente para verse aceptable. Ahora las canas ya no se le ven.
Así que cuando termina y se dirige a la caja para pagar, ya no son "canas" lo que tiene, sino "ganas" de morirse y de salir corriendo.
Blanca se queda como la nieve y así es como la peliaguda cuenta, la deja tarareando -con la mirada perdida-, aquella canción infantil que de pronto le da por cantar... "aguda, peluda, pelempenpuda" y se va de la pelu, "CANAlizando la situación y detestando todo lo que tiene que ver con canas... menos Punta Cana.

"SI TU ERES AJO, YO SOY PIEDRA QUE TE MAJO"

Así comienza mi blog de esta semana.
Un título bastante sugestivo, con el que quiero hacer referencia a un refrán muy común entre los judíos sefardíes que inmigraron de Marruecos, -y que entre otros dichos populares-, enarbolan los mejores y más sonados de aquella época en el norte de África.
Es una expresión burda, que muchos siguen repitiendo y que significa que si alguien es testarudo y obcecado -y quiere siempre salirse con la suya-, se topará con quien lo rete y le haga saber que no será así, por más que lo intente.
Es por ello que quiero relatarles una "breve" historia, (ya saben que de breve nada) en la que dos amigas se disputan el título nobiliario de ser "la piedra que maje... las majaderías de la otra"...
Según The Free Dictionary, majar es: deshacer o aplastar una cosa -dándole golpes-. Machacar.
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Como dije, eran muy amigas.
De hecho entrañables desde hacía unos 20 años.
Cada vez que se juntaban, llevaban a cabo el ritual típico de saludarse súper efusivas, para después escanearse de arriba a abajo, deseando que algo estuviese fuera de lugar.
Siempre había una de ellas que era más castigadora.
Por más que la otra tratara de ser   "nice", esta siempre le arruinaba el momento con algún comentario fatídico y mortífero.
Sin embargo, un buen día, por fin le llegó la iluminación divina -a esta sonsa-, en donde supo que ya no podía seguir siendo tan cándida, por lo que decidió parar en seco su listado de cumplidos con su Cuaimaneitor. "Ni uno más, a la que jamás me ha dicho nada bueno", se decía ofuscada.
Y así fue, como una vez que
finalizaban -ambas- aquel chequeo psico-somático, -aunque pensaran que la otra se veía súper-, ninguna era capaz de confesarlo.
Pero la que recibía (sin nunca dar a cambio), comenzó a extrañarse.
Veía que su amiga, había dejado de ser su proveedora de cumplidos y eso era inadmisible.
Y es que estaba tan mal acostumbrada, -a que ésta siempre le regalara los oídos-, que después de unos minutos y sin ningún pudor, le preguntaba, qué cómo se veía. Necesitaba desesperadamente -oír a vox populi-  que su pelo, su cara y sus trapitos, estaban a la altura de las divas de Hollywood.
La otra le decía que bien, sin entrar en detalles, después de varios episodios en donde Cruella de Vil, no sólo jamás fue recíproca con ella, sino que además la hizo sentir terriblemente mal, humillándola un par de veces.
Cruella sentía que se refreía en aceite de Oliva (Extra Virgen) y que toda su osamenta se prendía en llamas, -cuando su amiga actuaba así-.
Qué maldad! -pensaba esta egoísta-, "se nota que se muere de la envidia de verme bella y regia, pero la muy "bitch" no es capaz de decírmelo. Si ella no me dice nada, obvio que yo tampoco".
Por lo que seguían siendo cercanas, pero a la vez lejanas, siendo amigas, pero con un toque de enemistad, diciéndose las verdades, pero sólo las que dolían.
Aunque parecía increíble, comenzaron a piropear a otras -que no eran tan íntimas-, pero entre ellas, ni la "O" por lo redondo.
Eran tan comedidas, que aquella acción llamaba la atención, considerando el grado de amistad que pregonaban.
Por qué si se "apreciaban" no podían darse un gusto y con ello solidificar su amistad? Esa respuesta quedaba vacante.
Finalmente llegó el día, en que ambas fueron invitadas al cumpleaños de una fulana.
Mientras las invitadas entraban y se acomodaban, la insoportable -de mi historia-, no se resistió y con una zalamería repugnante, comenzó a llenar de halagos a una equis que acababa de llegar. Claro, tenía un motivo oculto para actuar así.
Lo primero fue, felicitarla por su ropa, después por su cartera, por lo bella de su melena y lo fabuloso de su maquillaje.
La amiga, -boquiabierta-, esperó en silencio que ambas se quedaran a solas para reclamarle por ser tan poco digna. Tan arrastrada pues.
- Por qué la halagas tanto, cuando ella ni te habla? No te da pena?
- Y a ti qué te importa? Ahora tengo que pedirte permiso cuando quiera piropear a alguien? Además me cae bien.
- Pero si la última vez me dijiste que era una ridícula, y que llegó a la merienda de no sé quién y ni te saludó. Por qué ese afán tuyo en agradarle. Me has dicho que no entiendes cómo la soporto y que te molesta que seamos amigas.
- Bueno, yo soy así. Cuál es tu molestia? Además me gusta su estilo.
- Te cuento que de nada te sirve "tu repentino amor por ella", porque si le estás jalando por la mega rumba que le va hacer al marido y quieres que te invite, lamento informarte, que me enseñó la lista de invitados y no apareces. Sabes por qué? Porque ella misma me comentó, que no soportaba a la gente convenida que sólo la saludaban cuando había un motivo. Que de hecho las detestaba.
- Que de lo peor eres. Nunca pensé que ibas a ser tan maluca.
- Si, he cambiado.
Por cierto, no hace falta que me preguntes a cada momento, que cómo te ves. Deja que yo sola te lo diga sin tanto mendigar.
- Te prefería como eras antes. No sé que te pasó...
- Es verdad, antes era una imbécil y la carnada ideal para que me hicieras trizas cada vez que podías. Agradezco que me hayas "despertado de mi letargo".

Y aunque esto, -que van a leer-, la ex-tontarrona no se lo dijo; sí lo pensó y se recreó mientras lo pensaba...
"Si tu eres ajo,
yo soy piedra que te majo"...
y como no soy escarabajo,
te digo con desparpajo,
que este blog es un agasajo,
para mandarte pal ca..jo.

Dedicado a todas las amigas Cuaimaneitor -que lamentablemente tenemos-, o que en algún momento tuvimos.